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sábado, 20 de abril de 2013

Personajes de papel: ‘Dublinesca’, de Enrique Vila-Matas

Aunque París no se acaba nunca, mi previa lectura de Vila-Matas, me dejó al final un buen sabor de boca, quizá por ser hasta entonces prácticamente mi única lectura suya, Dublinesca ha sido, al final, una decepción. Y no es porque no me guste lo metaliterario o porque no reconozca en el libro algunos momentos logrados, sobre todo en el nivel de estilo, sino porque todo suena a ya visto, a ya repetido.

     A Vila-Matas le honra la intención de abrir y buscar caminos literarios nuevos, que huyan del realismo y de la prioridad de la anécdota, pero aquí el resultado ha sido bastante mediocre. No veo en Dublinesca nada que no haya visto en la novela anterior y lo que creo que pretende pasar por aportaciones  nuevas, como esa disposición de algunos capítulos en formato teatral o telegráfico, puede sonar a innovador si lo contrastamos con la novela más comercial, pero no va a decir nada nuevo a los escritores más sofisticados del campo, y, mucho menos todavía, a  la novela experimental en su conjunto.

       Los recursos que pudieron ser nuevos en su momento pero que aquí suenan a manidos son, por ejemplo, esa alusión continua al mundo del cine y la literatura, a sus productores, protagonistas y consumidores; esa aparición de los medios de comunicación o generadores de información más recientes, como Google y otros; esa selección de alguien del mundo del libro –en este caso el editor Riba- como protagonista de una acción y de unas digresiones que se mueven principalmente  en torno a esos ámbitos y que van sucediéndose unas a otras a veces con lógica causal pero otras veces dando la impresión de simple relleno o acción verborreica. Y reconozco que algunas de esas digresiones son temática y estilísticamente brillantes, pero al final son las menos y acaban dando una impresión de laberinto inacabable.



A pesar de sus méritos,  Dublinesca es
sobre todo y ante todo un mundo de  papel
       La anécdota principal no deja de tener su consistencia e interés humano y creo que en manos de otro novelista o del mismo Vila-Matas pero liberada de gran parte de ese lastre libresco habría ganado mucho más y habría dado lugar a una novela que fuera también el homenaje a James Joyce que persigue aquí el autor. Y eso sin necesidad además de haber cambiado esa serie de personajes tanto reales como pertenecientes al mundo de la cultura. Aunque, lamentablemente, me temo que habría seguido siendo tan pesimista y desesperanzada como ésta. (Enrique Vila-Matas: Dublinesca. Barcelona: Debolsillo, 2011, 284 pp.).



PD. Por medio de un comentario anónimo y un poco insultante en mi entrada anterior (por eso no lo he publicado), he sabido de que esta novela ha sido elegida por The Guardian como una de las seis finalistas del Independent Foreign Fiction Price. Después de leer la noticia y la reseña de Alberto Manguel enlazada a la misma, mi opinión acerca de la novela sigue siendo la misma. En cuanto a su selección por The Guardian  queda claro que lo que han elegido es la traducción, no el original, lo cual no es exactamente lo mismo, como también digo en los comentarios a la entrada anterior. Además, todos sabemos que eso de los premios es demasiado relativo. Sólo hay que pensar en Echegaray, uno de nuestros Nobel..., a quien muy pocos hoy recuerdan y a quien creo que casi nadie lee.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Madera de boj (Camilo José Cela)

Quizá por mi debilidad por la literatura fantástica y la metaficción, las dos cosas que me han gustado de esta novela han sido su recuperación del folklore gallego y esas apariciones del propio autor en medio de unas evocaciones un tanto repetitivas y a la vez desordenadas sobre la Galicia profunda y la Costa de la Muerte, que parece ser el protagonista o referente que da unidad a todo el libro.

Lo primero me ha recordado al mundo de Jardín umbrio, de Valle Inclán, con su simbiosis de lo humano, lo divino, lo cristiano y lo pagano en esos parajes en los que las sirenas conviven con los lobisones, las meigas o las serpientes marinas.  En cuanto a lo segundo, tanto Cela como su familia  y su recepción del Nobel son algunos de los referentes reales en ese mundo de sueños y leyendas, pero afortunadmente lo hacen sin llegar a tener una presencia excesiva ni a hacer de ésta una novela pesadamente metaliteraria.

Sin embargo, creo que el resto de la novela no aporta nada nuevo ni al mundo de Cela ni a la novelística actual. La narración (por llamarla de alguna manera) está construida sobre todo por monólogos interiores que vuelven una y otra vez sobre los mismos temas,  motivos y personajes, sin que realmente haya información nueva o progreso de la historia después del primero de los cuatro capitulos. Al final resulta una lectura monótona y cansina de casi trescientas páginas escuchando prácticamente lo mismo de comienzo a final. Lectura que uno está tentado a abandonar más de una vez, a no ser le interese particularmente alguno de esos motivos o que intente descifrar el ritmo u orden de la novela, algo que yo no he conseguido (si es que no se trata de la repetición misma de algunos leitmotivs: los naufragios, la madera de boj, esos diálogos mínimos que interrumpen los monólogos, etc.).


Pero el resto es prácticamente la historia que uno lee siempre en los libros de Cela: unos personajes casi siempre grotescos y anormales, un mundo más bien cruel y sin resquicios para el optimismo, una sexualidad confundida con los genitales, la frecuencia de lo escatológico... Como siempre también su vocabulario es fluido y rico -lo que obviamente es bueno- pero aquí se da mezclado con el gallego de forma a mi parecer ilógica o desproporcionada (lo más normal en un caso como éste aquí habría sido redactar esos monólogos  todo en gallego, o todo en castellano, o crear un narrador en castellano y luego dejar a los personajes en su idioma, etc. En cualquier caso es un biligüismo que no convence por no parecer verosímil.


En fin, una novela para amantes de lo fantástico, lo folkórico o el experimentalismo,  pero que tendrán que sufrir una lectura laboriosa, luchar por identificar la procedencia de la voz narrativa y también echar mano del glosario castellano-gallego  que se incluye al final del libro (Camilo José Cela:
Madera de boj. Madrid: Espasa: Calpe, 1999, 288 pp.).



martes, 7 de septiembre de 2010

La saga de los Marx (Juan Goytisolo)

Ésta es la segunda novela que leo de Juan Goytisolo. La primera, de la que no recuerdo el título, la leí durante la carrera y tampoco acabó de convencerme. Creo que estábamos estudiando la narrativa experimental de los 60-70 en  España y Goytisolo era una de  las referencias principales. Pero varios compañeros de clase nos hacíamos una pregunta que nadie podía responder, ni tampoco los profesores. Todos coincidíamos en que después de las Vanguardias la experimentación ya había tocado fondo (habían llegado a la destrucción de la palabra), y en general todo lo que se hiciera después no serían más que ganas de marear la perdiz.

Algo así pienso de esta novela, en la que el autor usa los recursos habituales de su narrativa (tipografía y puntuación atípicas, continuo cruce de discursos, tiempos y voces narrativas, intertextualidades extraliterarias, etc...), para contarnos una anécdota en la que Carlos Marx aparece resucitado en un mundo actual, en el que contempla el fracaso de su visión 'científica' de la historia y la inutilidad de sus soluciones para las injusticias sociales. No se pueden negar algunos méritos y aciertos obvios de la narración, como ese lenguaje perfectamente fluido y completamente dócil a la pluma del autor, o esas escenas entre divertidas y cáusticas con las que se inicia la narración o en la que ésta llega a uno de sus momentos más hilarantes (la aparición en 'La Clave' de Marx y toda la galería de personajes históricos, ficticios y metaliterarios que han ido apareciendo en la novela).


Pero, en general, no acabo de ver muy bien la necesidad de mantener este tipo de escritura a estas alturas, en que más que a técnica vanguardista suena a rancias aventuras estilísticas. Como también ese tono que creo adivinar de añoranza o nostalgia por el marxismo, que técnicamente está bien conseguido a través de las emotivas evocaciones de la vida familiar de los Marx, pero que ideológicamente no me convence en absoluto. Para defender que el marxismo fue un sistema promotor de la solidaridad y la justicia (¿Gulags? ¿Tiananmen? ¿Cuba?, ¿Corea del Norte?) me parece que hay que tener unas tragaderas más bien insaciables. La puesta en práctica del marxismo fue un sueño (bueno, una pesadilla), porque  era completamente imposible y alienante. Otra cosa es que el neoliberalismo salvaje lo que nos ha venido después sea la solución ideal, algo en lo que Goytisolo, Marx y el humilde autor de este blog parecerían estar de acuerdo. El tono de cínica autosuficiencia con el que el autor viste a su voz narrativa y las estereotipadas críticas a la jet y la alta burguesía tampoco han sido algo que me hayan llegado al alma.


En fin, una novela para los que gusten de textos experimentales y para los nostálgicos del marxismo; una novela que tiene algunos momentos logrados y originales pero que en su conjunto no creo que aporte nada significativo ni a la obra de Goytisolo ni a la novela contemporánea. (Juan Goytisolo: La saga de los Marx. Barcelona: Mondadori, 1993).




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