Mostrando entradas con la etiqueta Novela policiaca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Novela policiaca. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de abril de 2021

La novela negra y el matrimonio homosexual

Familia Kichwa (Amazonas)
Estos días estoy leyendo Muerte en primera clase, una novela de la serie de la jueza Mariana de Marco, de José María Guelbenzu. La novedad esta vez es que parte de la trama gira en torno al triángulo lésbico formado por Carmen, Ada y Dolores. No voy a revelar más de este lío, solo quiero comentar que asuntos como esto y la ninfomanía de la jueza, que aquí es presentada como tan atractiva para los homos y para lo heteros, pueden estar comprometiendo la esencia de la novela negra. 

Mi punto aquí es que estoy empezando a pensar que lo políticamente correcto estaría debilitando ese género en el sentido de que pasa a proponer una moral específica como algo viable y redentor, cuando lo suyo es, precisamente, señalar la disfuncionalidad de todo tipo de sistema. Y no sólo eso. Salvando las distancias, lo que hace aquí Guelbenzu me recuerda a aquellos pasajes de 1984 de Orwell en los que se reescribía la historia en función del ganador, sin que el funcionario-escriba tuviera ningún tipo de vida personal en ese trabajo. Y no deja de ser doloroso que a Guelbenzu se le pueda comparar con uno de los subordinados del GH. 

Por otro lado, si lo comparamos con Serpientes en el paraíso, de Giménez Barlett, donde la intriga se da entre tres parejas hetero, la verdad es que literariamente me parece mucho más rentable la combinación hetero, suele ser más compleja, producir situaciones con mucha más carga emocional y que llegan mucho más naturalmente a un público también mucho más amplio. ¿Quizá porque ese público es también más abundante? En cualquier caso, lo que sí parece quedar claro es que son literariamente más rentables. 

Además, con eso del rollo del matrimonio homosexual, se me vino otra idea a la cabeza. Me imaginé que en una tribu primitiva solo el matrimonio heterosexual garantiza la supervivencia de la tribu frente a los peligros naturales o frente a la rivalidad de otras tribus. Por eso, sigo imaginando, el matrimonio (hetero) se celebra tan a lo grande en todas las culturas. Por el contrario, sigo imaginando, un matrimonio homo no tendría ninguna funcionalidad tribal, o incluso sería antitribal, por no cooperar a la continuidad de la tribu. En fin, un rollete que no viene mucho a cuento, pero que también nos puede ayudar a ser un poco más críticos con las connivencias de la literatura con lo políticamente correcto. De nuevo, una pena que sea Guelbenzu el que nos haya llevado hasta aquí. 


lunes, 9 de noviembre de 2020

Alicia Giménez Barlett: 'Muertos de papel'


Image result for alicia gimenez bartlett muertos de papelNo es mucho lo nuevo que tengo que decir de esta novela de la serie de Petra Delicado, pues prácticamente todo lo referido a lenguaje y estilo, a organización de la trama, al feminismo de la inspectora, y a la carga de crítica social de la novela, coincide casi punto por punto con las demás de la serie que he reseñado aquí (Ritos de muerte, Día de perros). Quizá esto es una señal de que es una novela de género  y nada más. 
       En este caso le toca el turno al mundo de la prensa rosa y en parte también al periodismo serio que a veces amarillea demasiado; por ahí aparecen las chicas de la farándula, los nobles venidos a menos, las bajezas de los reality shows, los periodistas con complejo de Dios, etc., etc. Y algunas cosas originales, como lo del salón de belleza, lo del puente aéreo, etc. Vamos a decir que todo esto está más o menos bien retratado, o más o menos bien investigado, así como el ambiente de infidelidades y continuas cornamentas que se intercambian los y las personajes, los y las policías,  y que todo esto encaja bien con la serie de muertos y asesinatos, y con la doble pareja de inspectores que anda detrás de toda la troupe, y que quizá a algún lector le pueda parecer demasiado rocambolesca o rebuscada (como a mí por momentos). Al final un mundo completamente disfuncional,  redimido sólo por algunas gotas de humor de unos personajes que, al final, a pesar de todo, no pueden ser de carne y hueso.

Y también aquí, como en Ritos de muerte he descubierto a uno de los asesinos antes que los inspectores. La verdad es que no era difícil imaginarlo, dados los datos del análisis forense y cómo se iba reduciendo casi ingenuamente la lista de sospechosos... Pues sí, lo voy a revelar, como hice con El premio de Vázquez Montalbán, porque creo que no voy a perjudicar mucho al lector que  haya llegado a ese punto de la novela; si ese lector o lectora no es muy corto lo habrá adivinado igual que yo. En otras palabras, la asesina de Marta Merchán es Pepita Lizarrán, y no por líos de faldas sino del cochino dinero... Dejo al lector la identidad de los otros dos asesinos (porque hay dos más, como para formar un ejército de mercenarios...) (Alicia Giménez Bartlett: Muertos de papel. Barcelona: Plaza y Janés, 2000, 280 pp.).




lunes, 26 de octubre de 2020

Alicia Giménez Bartlett: 'Serpientes en el paraíso'


No sé si es porque ya me he leído unas cuantas novelas de Petra Delicado -que compré en un paquete electrónico de descuento- o porque ya voy conociendo el modus scribiendi de la autora, el caso es que cada vez parece que acabo descubriendo antes el desenlace de este tipo de historias. En este caso, apenas me costó adivinar cuál era el papel de Lali y sus adláteres, y lo mismo con el de Malena. Con esto no quiero quitarle méritos a la novela, pues también ha tenido otras sorpresas, eso, inesperadas, como la historietas paralelas de los gitanos, las hermanas  Enárquez y el cardenal, historietas que al principio daban la impresión de quedar desconectadas pero que al final, con mejor o peor fortuna, han acabando encjándose en la historia principal.


Si en otras novelas de la serie, se desmontaban o investigaban mundos como el de la prensa rosa o las clandestinas luchas de perros, aquí le toca el turno a la vida burguesa de las urbanizaciones, que por fuera puede parece un paraíso pero que por dentro -exigencias del género negro- debe forzosamente estar corrompido. Y así lo muestran las tres parejas envueltas en el crimen, en las que no hay nadie sano o sin problemas de personalidad más o menos serios, con cornamentas por todos los lados y bastantes más trapicheos de los que en un principio pueden notarse. Por esto me parece que al final no puedo decir que la identificación del/a culpable haya sido la más fácil, pero tampoco una gran sorpresa.

Algunas cosas nuevas que he notado aquí ha sido el deseo de complicar o profundizar en la personalidad de Petra, con ese enternecimiento maternal ante la hija de Malena, y que chocaría un poco con el feminismo barato de la inspectora, o ese tratamiento topicón aunque tampoco muy cargado de algunos eclesiásticos. Más me han cansado las veleidades sexuales de la inspectora -¡qué obsesión, cielos!- o esos deseos de la novelista-guionista de hacerse la graciosa, que quedan bien cuando acierta pero que resultan un poco cargantes cuando son menos afortunados. 

En fin, una novelita para pasar el rato, cuya trama quizá resulte  previsible para los conocedores de la serie y que quizá cuente como mayor mérito ese deseo de complicar y llenar de humanidad a Petra; lo demás no deja de sonar a mero acompañamiento de una gran comedia. 



martes, 28 de mayo de 2019

Domingo Villar: Ojos de agua


Esta es la primera novela de Domingo Villar, autor de La playa de los ahogados, que ya he reseñado aquí, y que se publicó en 2006, tres años después de Ojos de agua. La verdad es que frente a La playa de los ahogados, ésta se queda muy pequeña y muy por debajo; el argumento es demasiado lineal, salvo el giro final –tampoco muy sorprendente- todo ocurre muy rápido y sin complicaciones realmente originales. Tampoco cuenta la novela con ese color local tan personal de La playa de los ahogados…

Los méritos de esa segunda novela están aquí en germen: la oposición de caracteres entre Leo Caldas y Rafael Estévez, o el “shock cultural” de Estévez en el mundo gallego; esos aspectos laterales de la vida de Caldas que en La playa... van a dar bastante más juego, como son la figura de su padre, o su situación sentimental… Un poco mejor más conseguidos están elementos puntuales como las derivaciones  de la popularidad radiofónica de Caldas o la hilarante entrevista-interrogatorio de Estévez a la criada de la víctima.

En una comparación audaz con El Quijote daría la impresión de que esta novela sería un poco así como la primera salida del hidalgo, donde Cervantes se da cuenta de las posibilidades que le proporciona todo ese material que acaba de poner en marcha y que va a hacer  brillar en la segunda y tercera salidas. Si Cervantes hubiera  abandonado  a Don Quijote en la primera salida, esa historia no habría pasado de ser una novela ejemplar más. Así, Ojos de agua, me parece una novela que por sí sola no da para mucho más. Pero la segunda salida del Quijote, y análogamente, la segunda novela de Villar protagonizada por Leo Caldas fueron, cada una en su nivel, unos aciertos innegables. Ahora sólo queda que Domingo Villar consiga más novelas como La playa de los ahogados, de la misma forma que Cervantes consiguió la tercera salida de don Quijote. (Domingo Villar: Ojos de Agua. Madrid: Siruela, 2006, 187 pp.)



viernes, 30 de diciembre de 2016

Alicia Giménez Bartlett: 'Un barco cargado de arroz'

Otra entrega mediana de la serie Delicado.
La trama es de esas que el narrador
va llevando adonde quiere y como quiere.
Y Petra se va desmelenando, pasando más tiempo
acompañada en la cama que resolviendo misterios.
¡Ay mi queridos Poirot, Holmes, Plinio...!

domingo, 20 de marzo de 2016

José Maria Guelbenzu: 'Muerte en primera clase'

Después de haber leído un buen número de novelas policiacas, no parece que sea mucho lo nuevo que pueda decir del estilo y el lenguaje de esta de Guelbenzu, aunque también es cierto que visto en su generalidad resulta más elaborado que otros autores del género. Lo que sí puede añadirse aquí, es que hay momentos emocionales y algunos recursos narrativos bastante logrados, como puede ser los momentos en que Mariana se siente derrotada, la labor de amistad de Julia y ese combinar el viaje por el Nilo -un homenaje a Muerte en el Nilo, de Agatha Christie, me imagino- con la carrera a contrarreloj para encontrar al asesino.

El problema con la lectura abundante de este género -al menos para mí- es que al final el lector se convierte en detective y se enfada cuando el narrador le oculta datos más o menos obvios que quizá debería haber revelado antes y no habérselos guardado para él solo. Un caso así lo recuerdo con una novela de la Christie, donde la narradora sabía pero no contaba que uno de los sospechosos había trabajado con venenos. Eso es lo que me ha pasado al leer esta novela. El detalle de la escalera me parece uno de esos ases en la manga que se guardan para el final pero que podían o debían haberse contado antes, a no ser que sea de esas cosas de las que uno se da cuenta solo en un momento concreto, el aha moment que dicen los yankies...

Otras cosas también pueden verse por los dos lados, como trucos o como trampas. Es el caso de esas conversaciones escuchadas por casualidad, no imposibles en un barco, pero quizá un poco forzadas, o esos escondites en camarotes visitados por sospechosos..., que recuerdan los momentos similares -y más débiles.- de novelas como Riña de gatos, de Mendoza, o El tiempo entre costuras, de María Dueñas...

En fin, una novela para pasar el rato, bien escrita, pero también con algunas debilidades que pueden explicarse por las exigencias del género, y -lo que menos me ha gustado- con unas tramas amorosas que sólo parecen justificarse como una concesión a lo políticamente correcto. (José M. Guelbenzu: Muerte en primera clase: Barcelona, Destino, 2012, 333 pp.)





martes, 16 de febrero de 2016

Alicia Giménez Bartlett: 'Día de perros'

Una novela policiaca cuyo tono
de farsa le impide ser una
novela seria
Después de haber leído Ritos de muerte tenía cierta curiosidad por ver cómo iban desarrollándose o enriqueciéndose los personajes de Petra Delicado y Fermín Garzón, y por ello esperaba ver en esta segunda novela de la serie un poco más de profundidad o seriedad de la que he visto. La verdad es que no aparece en esta historia nada o casi nada que no haya podido intuirse en la primera de la serie, a no ser la seriedad con la que la autora ha procurado documentarse acerca del submundo clandestino de la compraventa y robos de perros de presa, un poco más trabajado que el de las elucubraciones psicoanalíticas de Ritos de muerte.

    Así Petra quedaba libre de sus dos maridos para dedicarse –muy mujer independiente y todo ese rollo–  a cazar y encamarse con los varones que se cruzaran en sus casos, que en esta ocasión aparecen como figuras de usar y tirar para esa caracterización de la ninfómana inspectora. ¿Por qué será que las inspectoras o las jueces-detectives de la novela española les da por ser ninfómanas? ¿Algún complejo en sus creadores/as? ¿Falta de originalidad? (Otro ejemplo en Un asesinato piadoso, de Guelbenzu). ¿La mejor muestra de que esa 'liberación' sexual es tan disfuncional como el resto del mundo recogido en el género negro, lleno de alcohólicos, deprimidos, etc., etc.?

     Al respecto, la anticipada cita final con el doctor Castillo –un verdadero comparsa durante la novela– no deja de ser bastante ridículo. Y lo mismo decir del pobre Fermín, aquí liado con dos de las mujeres que se han cruzado en el caso y que al final acaban también descartadas como material desechable. Si a esto añadimos alguna seria inverosimilitud más, como la de la autoría del asalto a la casa de la inspectora, la verdad es que al final la novela queda solo como una historia entretenida pero nada más.

   Más que una novela negra y a pesar de la atemorizadora portada, Día de perros es más bien una mezcla de vaudeville y novela policiaca ligera, con frecuentes dosis de un erotismo simplón y que afortunadamente no es muy explícito, pues esto habría sido como la puntilla de la historia. Hay que reconocer que hay momentos divertidos y que la autora sabe enredar y desenredar bien su madeja, y que hay también cierto esmero en cuidado en el uso del lenguaje. Pero también hay que notar que muchas de las consideraciones y los momentos son más propias de una novela de género –en el mal sentido de la palabra– que de una novela seria, y que muchas de las consideraciones sobre el amor y las relaciones sentimentales encajan más bien en el género rosa que en el negro, a no ser que la autora esté pensando en llegar principalmente a un lectorado femenino y de “consumo” y hacer de su novela otra novela perecedera más.

    Y es que al final esa mezcla de vaudeville y novela de detectives no creo que acabe resultando; de tanto frecuentar la risa, la novela acaba dejando de ser una novela seria, en el buen sentido de la palabra.  A ver si tengo más suerte con la siguiente. (Alicia Giménez Bartlett: Día de perros. Barcelona. Grijalbo-Mondadori, 1997, 284 pgs.).



martes, 8 de diciembre de 2015

Eduardo Mendoza: Una comedia ligera

 Una comedia ligera
es también
una novela ligera,
sin peso suficiente.
Éste es el cuarto libro de Eduardo Mendoza que comento en el blog y sólo puedo decir que sigue sin convencerme. Me  imagino que tendré que acabar leyendo las que me han dicho que son sus dos mejores novelas (La verdad sobre el caso Savolta y La ciudad de los prodigios), para al final tener una visión más justa de toda su obra.

    Como comentaba a propósito de Riña de gatos y de Tres historias de santos, me siguen pareciendo frustrados esos relatos de Mendoza en los que se trata de combinar el tono realista con otro más bien sainetero o de farsa, porque al final se queda a medio camino de los dos, sin conseguir una simbiosis más o menos de calidad. Tampoco creo que sea tarea fácil, porque es tratar de juntar en una misma novela  el realismo de Pérez Galdós y el esperpento de Valle Inclán, algo que me parece reservado a auténticos genios literarios. Ésta es también la razón por la que me parece también que Sin noticias de Gurb es la novela de Mendoza más lograda o más consistente de todas las comentadas en el blog, ya que de principio a fin se mueve en un solo nivel, y, aunque de tono menor, también la única que sigo recomendando.

    No quiero tampoco quitarle lo que sí tiene. Por ejemplo, se sigue agradeciendo la facilidad y riqueza del vocabulario, la fluidez de la lectura, la rica galería de personajes, la habilidad para lograr el calor local de la ciudad de Barcelona en sus diferentes niveles o ambientes sociales. En este caso también pueden gustar el "contrapunteo" que hace Mendoza entre su historia, los diálogos de la obra de teatro que estaría escribiendo el protagonista principal y las noticias sobre el juicio de Nuremberg o el haber sabido enmarcar toda la historia en un espacio temporal –las vacaciones de verano– que por simbolismo o por otras implicaciones ayudan un poco a que la historia tenga un poco más de consistencia. Y quizá también el juego metaliterario del teatro dentro del teatro. Aunque no llega a  los logros de Un drama nuevo, la obra de Manuel Tamayo y Baus, el título de la novela es también apropiado tanto para la comedia que está escribiendo Carlos Prullàs, el protagonista, como para la que le está tocando vivir. La simbiosis, en este caso, resulta convincente.

    Pero me parece que la novela falla como narración. La acción tarda bastante en arrancar, pues realmente no empieza a pasar nada hasta la página 172 (de las 383 que tiene el libro), en la que llega la noticia del asesinato de uno de los personajes. Esas ciento setenta páginas pueden entenderse obviamente como la preparación para todo lo demás, o como un alejamiento de los modelos típicos de la novela policíaca, pero al final acaban lastrando el resto del argumento, sobre  todo porque no dejan claro adónde se dirige el autor y acaban siendo unas páginas que el lector leer como arrastrado, sin ninguna ruptura argumental seria que haya despertado el natural deseo de la ulterior catarsis. 

      De la misma forma, la intriga en torno al autor del asesinato se acaba resolviendo de forma un poco decepcionante. Después de haber creado una buena serie de personajes y situaciones sospechosos,  y de habernos hecho seguir las dobles pesquisas del “jerarca” y del propio Prullàs, acabar solucionando el problema a través de un “deus ex machina”, y acabar endilgando a uno de los ayudantes la culpabilidad del delito secundario, resultan bastante decepcionantes. Igualmente, la decisión final de Lilí, parece bastante inconsecuente con todo lo que se nos ha contado de ella durante la novela. Mejor cerradas están la vida profesional de Prullàs y su relación con Marichuli, pero siguen quedando sueltos otros cabos como Martita, que parece más un adorno que otra cosa, y otros de los personajes que Prullàs ha dejado en Barcelona.

    En fin, Una comedia ligera es también una novela ligera, sin peso suficiente, y que creo que sólo puede interesar a los incondicionales de Mendoza. Yo seguiré esperando. 



martes, 24 de noviembre de 2015

Arturo Pérez Reverte: 'La reina del sur'

En la entrada anterior mencionaba que para algunos críticos ésta puede ser la mejor novela de Arturo Pérez Reverte. Coincido con ellos en parte y digo que  también me ha parecido mejor que El club Dumas y, por supuesto, que las infumables historias de Alatriste. A La reina del sur no se le pueden quitar méritos, entre ellos la abundancia y propiedad del léxico coloquial mexicano y el del hampa narco en particular; igualmente, aunque la historia no se cuenta de forma líneal y hay varios saltos en el tiempo, éstos no son tan complicados como para perder al lector o distraerle con asuntos secundarios; en varios momentos la acción es realmente trepidante y entretenida; las líneas o cabos de la acción se atan y desatan con soltura y los momentos de tensión están bien organizados, para dar un constante crescendo a la historia. Y algunas cosas más, como algún momento de lirismo bastante conseguido y que no suele ser frecuente en el estilo de Reverte.

      El mayor mérito, sin embargo, me parece el derivado de la experiencia periodística de Pérez Reverte. Al contrario de lo que le pasa en Alatriste, donde esa  recreación de la vida y el lenguaje de la España de los Austrias suena a erudición muerta y acartonada (comparado con La gloria de Don Ramiro, de Enrique Larreta, por ejemplo), el mundo de La reina del sur es un mundo cercano, que se nota experimentado o visitado en carne propia  y en primera persona, y todos los datos sobre las maniobras de los narcos, las corrupciones políticas, las investigaciones policiales se perciben al alcance de la mano. También, si se quiere, uno puede entender como mérito de la deuda-homenaje y la cargada intertextualidad que Pérez Reverte sigue mostrando aquí con Alejandro Dumas, pues la novela en cierta parte es la historia de una venganza similar en trabazón a la de El conde de Montecristo, que además es también la lectura de cabecera de Teresa Mendoza, la protagonista.


      Pero las limitaciones no me parecen de escasa importancia tampoco, y coinciden en general con los tópicos del bestseller que enumeraba David Viñas en su libro  sobre este tipo de literatura,  aunque también hay que decir que en algunos de esos tópicos La reina del sur se contiene de forma meritoria: personajes estereotipados, el itinerario del personaje principal  como Bildungsroman, componentes didácticos innecesarios, sexo a tiempo y a destiempo (y aquí Reverte no consigue medirse), sentimentalismo facilón, frases o sentencias que quieren ser literarias o filosóficas y se quedan solo a medio camino, protagonista 'larger than life', exotismo, etc. 


       Mis mayores reparos vienen de esos personajes que no alcanzan a tener vida propia, pues siempre acaban estando cortados por la peculiar personalidad del autor, que hace que sus caracteres y acciones se parezcan demasiado a los de un spaguetti-western o a una novela de Marcial Lafuente Estefanía, con una acartonada mezcla de rudeza, hastío y, como dirían los mexicanos, de valemadrismo. No es que esto esté mal, pero sí me lo parece el hecho de que Reverte, al contrario de otros escritores, no sepa crear personajes diferentes. Aunque aquí no se cae en el fácil maniqueísmo de otros bestsellers  (todos los personajes parece moverse o al margen de la ley o al margen de una moral general), lo cierto es que sin personajes redondos y únicos es muy difícil hacer una novela digna, y menos que la historia que contar sea a la vez buena y profunda. 


       Por eso tampoco me gusta el final, todo lo electrizante que se quiera, pero demasiado peliculero y en nada semejante al de una novela bien redondeada. Es lo que los americanos llaman 'flat final', es decir, un final sin relieve, demasiado obvio y esperable. La conclusión recuerda irremediablemente a esas películas 'basadas en un hecho real' que se cierran contándote la vida que siguieron sus personajes.  Y que el autor te haga esto después de haber repetido por activa y por pasiva que la lectura es mejor que  la televisión el cine y que la literatura es quizá la única redención posible, no deja de ser seriamente contradictorio. 

     Y aparte dejo  el mundo sombrío o pesimista de la novela. Quizá no quepa otra posibilidad en un mundo de novela negra como el que se nos quiere pintar aquí, donde sí aparecen algunos personajes más o menos heroicos o idealistas, pero al final el cinismo y el sarcasmo son los que acaban dominando el cotarro. Por todo ello me parece que La reina del sur no es una mala novela, pero tampoco una narración de primer orden. Y sigo con la duda de que su autor sea capaz de escribir algún día esa gran novela que lo instale entre los grandes.  (Arturo Pérez Reverte: La reina del sur. Madrid: Punto de lectura, 2010, 522 pp.) 





miércoles, 20 de mayo de 2015

Alicia Giménez Bartlett: 'Ritos de muerte'

Una novela entretenida pero
un poco sórdida. 

Y también con méritos literarios
pero con unos sospechosos
más acartonados que en otras
novelas semejantes
Después de la decepción de Donde nadie te encuentre, me lancé a leer Ritos de muerte, la primera de las novelas de la serie de Petra Delicado y, la verdad, me ha dejado mejor gusto de boca que la más seria dedicada al maquis. No sé si esto quiere decir que Giménez Bartlett es de esos escritores que parecen moverse muy a gusto en ciertos géneros  y cuando intentan cultivar otros  las cosas no les van tan bien. Lo cual puede ser una limitación, pero también puede entenderse como algo simplemente humano. Al propio Cervantes le quedó mejor Don Quijote que el Persiles, la novela que él quiso que fuera la mejor de su producción.

   Y Ritos de muerte no es una novela que, en su nivel, me haya decepcionado, o mejor dicho, me ha decepcionado en un solo momento o en un solo punto, y es que, sin pretensiones, conseguí adivinar la identidad del culpable bastantes páginas antes que los detectives. No sé si esto es un fallo del narrador, pero me temo que sí, pues en general las mejores novelas policiacas suelen estar lo bastante bien construidas como para que este dato no se revele tan fácilmente.

     Tampoco esperaba mucho de su lenguaje, y es que ya se sabe que escribir dentro de un género concreto siempre limita tanto el estilo como el argumento, el estilo y la estructura de la narración. Aquí lo que se puede decir es que la autora normalmente sí se preocupa de mantener cierto nivel. No hay brillos, y quizá demasiado lenguaje barriobajero, pero me parece que al final se salva de la quema que merecen otras novelas comerciales. Tampoco el feminismo que he visto que resaltan otros blogs me ha parecido maniqueo o simplista. Es un poco tópico y facilón en algunos  momentos, pero también es cierto que la gama de  mujeres que desfila en la novela hace que ésta no sea una historia de hombres malos-mujeres buenas. Aunque ya que la autora dedica unas breves digresiones a comentar las maldades del patriarcado, no hubiera estado de más que hubiera hecho lo mismo con las del matriarcado.

     Los personajes y, un poco menos, la trama, me han parecido, en general, bien construidos. Parece notarse que la autora ha estado planeando la historia con cuidado, y por ello ha prestado bastante atención a la figura de Petra y a la de Fermín, que me parece que son los que realmente sostienen todo el armazón. No es que los demás son meras comparsas, pero caen más dentro de lo tópico,  y aunque no he leído más novelas de la serie, creo adivinar que los dos ex–maridos de Petra van a seguir sirviendo a la autora para complementar a los personajes y a las historias con relativa frecuencia. En cuanto a la trama, a veces está bien llevada, sobre todo en esas llegadas a ninguna parte de las investigaciones, pero también es cierto que los sospechosos no me han parecido tan sospechosos como en otras novelas.

     El asunto del delito de esta novela  es un poco sórdido, aunque desgraciadamente muy real, y la verdad, me ha parecido lo más inverosímil de todo, incluidas las explicaciones psicológicas a las que se recurren al final. Es donde todo aparece más acartonado y estereotipado. La parte positiva es que permite que las típicas digresiones crítico-sociales de la novela negra afloren con bastante frecuencia, aunque no estoy seguro de que no pasen de lo tópico. Lo que sí queda claro al final es que el mundo en el que se mueve Petra es completamente disfuncional, como suele corresponder a este tipo de novelas, pero, afortunadamente, no es el único real.

    En resumen, una novela que ayuda a pasar el rato, que no defrauda en términos generales y si la consideramos dentro del género en que se mueve, pero que por ello tiene algunas limitaciones que los lectores más exigentes o literarios no van a  pasar por alto. (Alicia Giménez Bartlett: Ritos de muerte. Barcelona: Grijalbo, 1996, 261 pgs.)

sábado, 20 de septiembre de 2014

Rosa Montero: La hija del Caníbal

Esta novela la componen lo que podríamos llamar tres bloques argumentales. Por un lado la historia de Lucía y Ramón, éste último misteriosamente desaparecido en los aseos de un aeropuerto y cuya búsqueda por parte de Lucía y dos singulares y espontáneos compañeros serán el hilo de esa primera trama. El desarrollo de la misma se convierte al final en un medio de denuncia contra la corrupción política y social que, desgraciadamente, no es muy distinta a la que podemos encontrar en otro montón de novelas de estos años. Hay algunos giros inesperados ciertamente logrados, pero, la verdad, la historia en sí, considerada dentro del género policiaco, no pasa de ser un tópico más.

    El segundo bloque es la biografía de uno de esos personajes, el ex-anarquista y ex-torero Félix-Fortuna. Su historia se va intercalando entre los capítulos dedicados a la primera aventura, pero la verdad, salvo algunos nudos o cruces interesantes, para el conjunto del libro sobran como las tres cuartas partes de esa biografía. Da la impresión de que Rosa Montero ha querido rendir un homenaje al anarquismo más idealista español, uniendo la vida de Fortuna a la de Durruti. Sin embargo, al final, esta parte me recuerda demasiado a esas novelas en que lo histórico está de relleno y es simplemente un refrito de varios libros de historia, como creo que ocurre en Donde nadie te encuentre, de Alicia Giménez Bartlett, o en Soldadosde Salamina, de Javier Cercas, cuyo segundo capítulo me suena inevitablemente a refrito de tesis doctoral. Lo mismo puede decirse del excursus que Montero dedica al desastre de El Annual.

     La tercera parte, sin duda alguna la más interesante y conseguida, la componen las reflexiones de la narradora acerca de varios temas vitales, como el paso del tiempo, la madurez, el matrimonio, la identidad, el amor, etc. Sin duda alguna creo que es lo que más vida da a la novela, quizá por ser lo más autobiográfico, aunque también es cierto que en ellas abundan algunas observaciones más o menos originales con obvias perogrualldas. El truco del narrador mentiroso o del narrador que menciona al autor (Lucía Romero a Rosa Romero) tiene a ratos su interés y produce alguna que otra sorpresa interesante, pero, por lo repetitivo del recurso en esta misma modalidad o en otras análogas, uno no puede dejar de leerlo con cierto desencanto. (Como ejemplos próximos pueden citarse a Pérez Reverte en El Club Dumas, Javier Marías en Los enamoramientos, Javier Cercas en La velocidad de la luz, y sobre todo, Cervantes en El Quijote). Y mirado por la verosimilitud, no me encaja aquí tampoco que Lucía, en pleno secuestro de su marido, se dedique a flirtear y a erotizar con Adrián, el más joven del trío. Aunque también es cierto que con la trayectoria de amantes y cornamentas que ella lleva a sus espaldas no resulta del todo ilógico.

     El principal problema de la novela es que esos tres componentes encajan si se quiere por el tono personal  de las reflexiones que se intercalan en cada uno de ellos, pero no tanto como historia en sí. La debilidad de la anécdota detectivesca y el refrito historicista de la vida de Félix se quedan técnicamente muy a la zaga de la vida personal de la narradora, que sin duda alguna es lo más original de todo el libro. De todos modos, tampoco esto me parece que sea como para tirar cohetes, sobre todo por la cosmovisión que deja ver Montero y que simplemente no comparto. Me refiero, al punto de llegada de la historia, donde Lucía se muestra feliz en su soledad, después de haber mandado a paseo a su esposo, de haberse desvinculado de Adrián y  de forma un poco distinta de Félix y sus padres. 

    Esa propuesta de la soledad, junto a su visión tan negativa del matrimonio y la maternidad, no me parecen ser la mejor conclusión para una novela que ha procurado ir en dirección contraria, con la biografía redentora de Félix, la solución y denuncia del delito de corrupción, etc. Así presentada, Lucía resulta una figura aislada y asocial, aislada en un mundo que al menos en parte se ha recompuesto y que ha mostrado que está abierto a las mejoras. Que Lucía ahora renuncie a eso no me parece el final más lógico. Cierto es también que el título apunta a otro de los méritos de la novela, es decir, a la idea de que nuestra identidad depende de nuestra filiación, de los vínculos con nuestros padres. Una pena que Montero no haya presentado el matrimonio y la maternidad en consonancia con esta conclusión. Porque creo que a causa de esto, todo el andamiaje ideológico o existencial de la novela se acaba viniendo abajo. (Rosa Montero: La hija del Caníbal. Madrid: Punto de Lectura, 2009, 440 pp.).






  

viernes, 18 de julio de 2014

Lorenzo Silva: 'Los cuerpos extraños'

Ésta es la tercera novela  que leo de Silva, también, como las otras, de la serie de Vila y Chamorro.  Me ha parecido un poco mejor que La estrategia del agua, pero no tan lograda como El alquimista impaciente.

     En  Los cuerpos extraños, a Silva se le ven ganas e intentos de abrir caminos nuevos a esta serie, bien sean los 'amoress' de Vila con Carolina o dramas secundarios como el que aquí le toca padecer a Chamorro. Sin embargo me parece que estos y otros semejantes, como el caso de la relación de Vila con su hijo, se me quedan al final en meras anécdotas de relleno, que añaden un poco de variedad o incluso humanidad a la novela, pero que realmente no llegan a convertirse en historias con entidad propia. Como justificación puede aducirse que todo ello sea quizá una exigencia literaria del género policiaco, y que contra ello poco hay que hacer; sin embargo, el saber llegar a esos puntos es lo que acaba distinguiendo a esos escritores que son superiores al género que cultivan

       También en lo positivo podría incluirse la buena integración en el argumento de toda la parafernalia tecnológica usada por Vila y su equipo para resolver el caso. Ahí proliferan el uso por buenos y malos de cuentas de correo electrónico, vídeos, sms, wahtsapps, etc, etc. sin las cuales ni la trama en general ni la solución del asesinato en particular hubieran sido posibles.

     Sin embargo, esa omnipresencia tecnológica tiene la contrapartida de reducir el componente  humano o intelectual del argumento. Porque es obvio que cuando a todos los sospechosos se les pueden pinchar los teléfonos, intervenir las cuentas de correo electrónico, de Facebook, etc, al final lo único que tiene que hacer la policía es juntar todas esas piezas y poner el nombre del culpable al final de la ecuación. Algo para lo que quizá no haga falta ser policía. Es cierto que aquí este método no es tan voraz como en La estrategia del agua, donde el pinchazo telefónico solucionaba más de la mitad del caso, pero también es cierto que comparado con El alquimista impaciente (o con otros clásicos de la era prectecnológica: Simenon, Agatha Christie, Conan Doyle), el esfuerzo intelectual de Vila y Chamorro me parece mucho más desvaído y la solución del problema mucho más facilón.

    También creo que perjudican a la novela algunas cortinas de humo demasiado forzadas (como la referida a la suegra de la víctima) o la sensación de que al final, la elaboración de una galería de personajes tan amplia no ha podido evitar que quedar demasiados cabos sueltos o que estos han sido soltados con demasiada ligereza (Antúnez, Carolina, etc.).

     Otros méritos sueltos de Silva me han parecido el personaje de Sandra Valls, el no haberse dejado llevar por el morbo de algunas situaciones  muy propicias a ello y las buenas intenciones de denuncia de la corrupción general que persigue. En este sentido el título, que queda explicado de manera similar a La estrategia del agua y que hace referencia tanto a la víctima de la corrupción como a quienes luchan contra ella, le hace a uno pensar si los incorruptos están/estamos pasando a ser la excepción y nos encontramos en una imparable cuesta abajo. Yo no soy tan pesimista, como comenté al reseñar Crematorio,la novela de Rafael Chirbes, pero tampoco tan ingenuo como para creer que España necesita un rearme moral serio y que los políticos son los más obligados a dar ejemplo. No estaría de más que esos políticos convirtieran esta novela en una lectura obligatoria para todos ellos.

     Tampoco creo que Karen Ortí, la alcaldesa asesinada que aquí se nos quiere poner como ejemplo moral llegue a dar la talla.  No creo, por ejemplo, que poner los cuernos al marido casi una vez a la semana, sea una referencia de lealtad a la palabra dada. Tengo mis teorías  para explicar esta perspectiva de Silva, pero creo que lo comentaré en una entrada independiente. 

     Finalmente, añado que esta vez Silva parece que se ha esforzado más por conseguir un lenguaje más trabajados, una gama de personajes más consistentes y unos diálogos más enteros. Todo esto tiene sus excepciones pero, como tónica general, hacen que
Los cuerpos extraños sea una novela aceptable, aunque no excepcional. Tampoco creo que pueda esperarse más de una novela que se ha escrito, según se dice en las páginas finales, en poco menos de seis meses. (Lorenzo Silva: Los cuerpos extraños. Barcelona: Destino, 2014, 352 pp.).



Lorenzo Silva: Los cuerpos extraños Lorenzo Silva: Los cuerpos extraños Lorenzo Silva: Los cuerpos extraños Lorenzo Silva: Los cuerpos extraños Lorenzo Silva: Los cuerpos extraños Lorenzo Silva: Los cuerpos extraños Lorenzo Silva: Los cuerpos extraños Lorenzo Silva: Los cuerpos extraños Lorenzo Silva: Los cuerpos 







Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...