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lunes, 9 de noviembre de 2020

Alicia Giménez Barlett: 'Muertos de papel'


Image result for alicia gimenez bartlett muertos de papelNo es mucho lo nuevo que tengo que decir de esta novela de la serie de Petra Delicado, pues prácticamente todo lo referido a lenguaje y estilo, a organización de la trama, al feminismo de la inspectora, y a la carga de crítica social de la novela, coincide casi punto por punto con las demás de la serie que he reseñado aquí (Ritos de muerteDía de perros). Quizá esto es una señal de que es una novela de género  y nada más. 
       En este caso le toca el turno al mundo de la prensa rosa y en parte también al periodismo serio que a veces amarillea demasiado; por ahí aparecen las chicas de la farándula, los nobles venidos a menos, las bajezas de los reality shows, los periodistas con complejo de Dios, etc., etc. Y algunas cosas originales, como lo del salón de belleza, lo del puente aéreo, etc. Vamos a decir que todo esto está más o menos bien retratado, o más o menos bien investigado, así como el ambiente de infidelidades y continuas cornamentas que se intercambian los y las personajes, los y las policías,  y que todo esto encaja bien con la serie de muertos y asesinatos, y con la doble pareja de inspectores que anda detrás de toda la troupe, y que quizá a algún lector le pueda parecer demasiado rocambolesca o rebuscada (como a mí por momentos). Al final un mundo completamente disfuncional,  redimido sólo por algunas gotas de humor de unos personajes que, al final, a pesar de todo, no pueden ser de carne y hueso.

Y también aquí, como en Ritos de muerte he descubierto a uno de los asesinos antes que los inspectores. La verdad es que no era difícil imaginarlo, dados los datos del análisis forense y cómo se iba reduciendo casi ingenuamente la lista de sospechosos... Pues sí, lo voy a revelar, como hice con El premio de Vázquez Montalbán, porque creo que no voy a perjudicar mucho al lector que  haya llegado a ese punto de la novela; si ese lector o lectora no es muy corto lo habrá adivinado igual que yo. En otras palabras, la asesina de Marta Merchán es Pepita Lizarrán, y no por líos de faldas sino del cochino dinero... Dejo al lector la identidad de los otros dos asesinos (porque hay dos más, como para formar un ejército de mercenarios...) (Alicia Giménez Bartlett: Muertos de papel. Barcelona: Plaza y Janés, 2000, 280 pp.).




lunes, 26 de octubre de 2020

Alicia Giménez Bartlett: 'Serpientes en el paraíso'


No sé si es porque ya me he leído unas cuantas novelas de Petra Delicado -que compré en un paquete electrónico de descuento- o porque ya voy conociendo el modus scribiendi de la autora, el caso es que cada vez parece que acabo descubriendo antes el desenlace de este tipo de historias. En este caso, apenas me costó adivinar cuál era el papel de Lali y sus adláteres, y lo mismo con el de Malena. Con esto no quiero quitarle méritos a la novela, pues también ha tenido otras sorpresas, eso, inesperadas, como la historietas paralelas de los gitanos, las hermanas  Enárquez y el cardenal, historietas que al principio daban la impresión de quedar desconectadas pero que al final, con mejor o peor fortuna, han acabando encjándose en la historia principal.


Si en otras novelas de la serie, se desmontaban o investigaban mundos como el de la prensa rosa o las clandestinas luchas de perros, aquí le toca el turno a la vida burguesa de las urbanizaciones, que por fuera puede parece un paraíso pero que por dentro -exigencias del género negro- debe forzosamente estar corrompido. Y así lo muestran las tres parejas envueltas en el crimen, en las que no hay nadie sano o sin problemas de personalidad más o menos serios, con cornamentas por todos los lados y bastantes más trapicheos de los que en un principio pueden notarse. Por esto me parece que al final no puedo decir que la identificación del/a culpable haya sido la más fácil, pero tampoco una gran sorpresa.

Algunas cosas nuevas que he notado aquí ha sido el deseo de complicar o profundizar en la personalidad de Petra, con ese enternecimiento maternal ante la hija de Malena, y que chocaría un poco con el feminismo barato de la inspectora, o ese tratamiento topicón aunque tampoco muy cargado de algunos eclesiásticos. Más me han cansado las veleidades sexuales de la inspectora -¡qué obsesión, cielos!- o esos deseos de la novelista-guionista de hacerse la graciosa, que quedan bien cuando acierta pero que resultan un poco cargantes cuando son menos afortunados. 

En fin, una novelita para pasar el rato, cuya trama quizá resulte  previsible para los conocedores de la serie y que quizá cuente como mayor mérito ese deseo de complicar y llenar de humanidad a Petra; lo demás no deja de sonar a mero acompañamiento de una gran comedia. 



viernes, 30 de diciembre de 2016

Alicia Giménez Bartlett: 'Un barco cargado de arroz'

Otra entrega mediana de la serie Delicado.
La trama es de esas que el narrador
va llevando adonde quiere y como quiere.
Y Petra se va desmelenando, pasando más tiempo
acompañada en la cama que resolviendo misterios.
¡Ay mi queridos Poirot, Holmes, Plinio...!

martes, 16 de febrero de 2016

Alicia Giménez Bartlett: 'Día de perros'

Una novela policiaca cuyo tono
de farsa le impide ser una
novela seria
Después de haber leído Ritos de muerte tenía cierta curiosidad por ver cómo iban desarrollándose o enriqueciéndose los personajes de Petra Delicado y Fermín Garzón, y por ello esperaba ver en esta segunda novela de la serie un poco más de profundidad o seriedad de la que he visto. La verdad es que no aparece en esta historia nada o casi nada que no haya podido intuirse en la primera de la serie, a no ser la seriedad con la que la autora ha procurado documentarse acerca del submundo clandestino de la compraventa y robos de perros de presa, un poco más trabajado que el de las elucubraciones psicoanalíticas de Ritos de muerte.

    Así Petra quedaba libre de sus dos maridos para dedicarse –muy mujer independiente y todo ese rollo–  a cazar y encamarse con los varones que se cruzaran en sus casos, que en esta ocasión aparecen como figuras de usar y tirar para esa caracterización de la ninfómana inspectora. ¿Por qué será que las inspectoras o las jueces-detectives de la novela española les da por ser ninfómanas? ¿Algún complejo en sus creadores/as? ¿Falta de originalidad? (Otro ejemplo en Un asesinato piadoso, de Guelbenzu). ¿La mejor muestra de que esa 'liberación' sexual es tan disfuncional como el resto del mundo recogido en el género negro, lleno de alcohólicos, deprimidos, etc., etc.?

     Al respecto, la anticipada cita final con el doctor Castillo –un verdadero comparsa durante la novela– no deja de ser bastante ridículo. Y lo mismo decir del pobre Fermín, aquí liado con dos de las mujeres que se han cruzado en el caso y que al final acaban también descartadas como material desechable. Si a esto añadimos alguna seria inverosimilitud más, como la de la autoría del asalto a la casa de la inspectora, la verdad es que al final la novela queda solo como una historia entretenida pero nada más.

   Más que una novela negra y a pesar de la atemorizadora portada, Día de perros es más bien una mezcla de vaudeville y novela policiaca ligera, con frecuentes dosis de un erotismo simplón y que afortunadamente no es muy explícito, pues esto habría sido como la puntilla de la historia. Hay que reconocer que hay momentos divertidos y que la autora sabe enredar y desenredar bien su madeja, y que hay también cierto esmero en cuidado en el uso del lenguaje. Pero también hay que notar que muchas de las consideraciones y los momentos son más propias de una novela de género –en el mal sentido de la palabra– que de una novela seria, y que muchas de las consideraciones sobre el amor y las relaciones sentimentales encajan más bien en el género rosa que en el negro, a no ser que la autora esté pensando en llegar principalmente a un lectorado femenino y de “consumo” y hacer de su novela otra novela perecedera más.

    Y es que al final esa mezcla de vaudeville y novela de detectives no creo que acabe resultando; de tanto frecuentar la risa, la novela acaba dejando de ser una novela seria, en el buen sentido de la palabra.  A ver si tengo más suerte con la siguiente. (Alicia Giménez Bartlett: Día de perros. Barcelona. Grijalbo-Mondadori, 1997, 284 pgs.).



miércoles, 20 de mayo de 2015

Alicia Giménez Bartlett: 'Ritos de muerte'

Una novela entretenida pero
un poco sórdida. 

Y también con méritos literarios
pero con unos sospechosos
más acartonados que en otras
novelas semejantes
Después de la decepción de Donde nadie te encuentre, me lancé a leer Ritos de muerte, la primera de las novelas de la serie de Petra Delicado y, la verdad, me ha dejado mejor gusto de boca que la más seria dedicada al maquis. No sé si esto quiere decir que Giménez Bartlett es de esos escritores que parecen moverse muy a gusto en ciertos géneros  y cuando intentan cultivar otros  las cosas no les van tan bien. Lo cual puede ser una limitación, pero también puede entenderse como algo simplemente humano. Al propio Cervantes le quedó mejor Don Quijote que el Persiles, la novela que él quiso que fuera la mejor de su producción.

   Y Ritos de muerte no es una novela que, en su nivel, me haya decepcionado, o mejor dicho, me ha decepcionado en un solo momento o en un solo punto, y es que, sin pretensiones, conseguí adivinar la identidad del culpable bastantes páginas antes que los detectives. No sé si esto es un fallo del narrador, pero me temo que sí, pues en general las mejores novelas policiacas suelen estar lo bastante bien construidas como para que este dato no se revele tan fácilmente.

     Tampoco esperaba mucho de su lenguaje, y es que ya se sabe que escribir dentro de un género concreto siempre limita tanto el estilo como el argumento, el estilo y la estructura de la narración. Aquí lo que se puede decir es que la autora normalmente sí se preocupa de mantener cierto nivel. No hay brillos, y quizá demasiado lenguaje barriobajero, pero me parece que al final se salva de la quema que merecen otras novelas comerciales. Tampoco el feminismo que he visto que resaltan otros blogs me ha parecido maniqueo o simplista. Es un poco tópico y facilón en algunos  momentos, pero también es cierto que la gama de  mujeres que desfila en la novela hace que ésta no sea una historia de hombres malos-mujeres buenas. Aunque ya que la autora dedica unas breves digresiones a comentar las maldades del patriarcado, no hubiera estado de más que hubiera hecho lo mismo con las del matriarcado.

     Los personajes y, un poco menos, la trama, me han parecido, en general, bien construidos. Parece notarse que la autora ha estado planeando la historia con cuidado, y por ello ha prestado bastante atención a la figura de Petra y a la de Fermín, que me parece que son los que realmente sostienen todo el armazón. No es que los demás son meras comparsas, pero caen más dentro de lo tópico,  y aunque no he leído más novelas de la serie, creo adivinar que los dos ex–maridos de Petra van a seguir sirviendo a la autora para complementar a los personajes y a las historias con relativa frecuencia. En cuanto a la trama, a veces está bien llevada, sobre todo en esas llegadas a ninguna parte de las investigaciones, pero también es cierto que los sospechosos no me han parecido tan sospechosos como en otras novelas.

     El asunto del delito de esta novela  es un poco sórdido, aunque desgraciadamente muy real, y la verdad, me ha parecido lo más inverosímil de todo, incluidas las explicaciones psicológicas a las que se recurren al final. Es donde todo aparece más acartonado y estereotipado. La parte positiva es que permite que las típicas digresiones crítico-sociales de la novela negra afloren con bastante frecuencia, aunque no estoy seguro de que no pasen de lo tópico. Lo que sí queda claro al final es que el mundo en el que se mueve Petra es completamente disfuncional, como suele corresponder a este tipo de novelas, pero, afortunadamente, no es el único real.

    En resumen, una novela que ayuda a pasar el rato, que no defrauda en términos generales y si la consideramos dentro del género en que se mueve, pero que por ello tiene algunas limitaciones que los lectores más exigentes o literarios no van a  pasar por alto. (Alicia Giménez Bartlett: Ritos de muerte. Barcelona: Grijalbo, 1996, 261 pgs.)

domingo, 30 de marzo de 2014

Alicia Giménez Bartlett: ‘Donde nadie te encuentre’


Con esta novela,
 el Nadal se sigue
aPlanetando
(o aplatanando)
Tenía cierta inquietud por leer algo de Giménez Bartlett, después de haber escuchado algunos elogios acerca de sus novelas protagonizadas por la inspectora Petra Delicado.  Como mis últimas experiencias con el género policiaco han sido más bien negativas, al final elegí esta novela, que no es propiamente detectivesca, aunque sí tiene muchos rasgos análogos. También la seleccioné por haber recibido el Nadal de 2011 y confiar, por ello, que sería de cierta calidad. Pero al final su lectura no me resultado muy convincente. 

     Para matizar, digamos que esa lectura empezó siendo casi depresiva, pues tanto a nivel argumental como a nivel estilístico no acababa de encontrarle méritos por ninguna parte. El lenguaje era de lo más tópico y a la autora no se le veían por ningún lado ningún deseo o posibilidad de salir de frases desgastadas y sin ninguna marca personal. Igualmente el argumento tampoco acababa de arrancar y de crear un ambiente de intriga o incertidumbre con la suficiente tensión como para conseguir un interés mínimo por la historia. La relación personal entre los dos  investigadores (Carlos Infante y  Lucien Nourissier) parecía también un tanteo que la autora no sabía adónde llevar y que parece haber sido una mera transferencia de la pareja Delicado-Garzón de sus otras novelas.

      Con el pasar de las páginas la cosa cambió para bien, aunque de forma sólo parcial, pues esa mejora me parece que sólo afecta al nivel argumental o anecdótico del libro. El lenguaje sigue siendo tan prosaico y mediano como al comienzo, y la oralidad con la que se quiere infundir a los  parlamentos de la Pastora me parece muy lejana de lo que han conseguido maestros como Juan Rulfo o José Jiménez Lozano. Lo que sí creo que mejora la novela es el progresivo crecimiento de la figura de la Pastora, su relieve y protagonismo, y cuya historia se van intercalanado –con otro tipo de letra en la historia de las pesquisas de Infante y Nourissier.  Y aunque esto esté bien conseguido, me quedan las dudas de cuánto debe esa encarnación del personaje a la biografía histórica en la que se basa la autora (José Calvo: La Pastora: del monte al mito: Antinea: 2009, 652 pp.). Me temo que demasiado. 

      A favor de Bartlett hay que mencionar, sin embargo, que ésta no ha caído en la tentación del simplón maniqueísmo que se veía en Inés o la alegría, de Almudena Grandes. Aquí tanto la Guardia Civil como el maquis y la Pastora cometen atropellos y errores a diestro y siniestro, no se idealiza a nadie, aunque la Guardia Civil suele ser ser siempre el malo de la película (y los tontos también).  Las víctimas de ambos grupos suelen ser los masoveros, aunque entre ellos tampoco figuran muchos héroes ni idealistas, pues se incluyen delatores, arribistas, vergonzosas prostituciones, traiciones, etc.  En este sentido la novela es bastante deprimente y simplificada también, y creo que lo único que se salva sea la corporeidad histórica de la Pastora-Florencio, un poco más verosímil que el resto de los personajes, con los que creo que la autora quiere simbolizar a España. 

       Por ello la figura del francés Lucien, que también tiene sus debilidades, opina más de una vez sobre nuestro país  con unas frases que recuerdan mucho al Sans-Delai de “Vuelva Ud. mañana" de Mariano José de Larra. En este sentido,  aunque los tonos sean más trágicos aquí, la sensación de una España caótica es la misma en los dos relatos. Por eso, y a pesar de alguna figura redentora aislada, como Mariano Vinuesa, que aparece al final de la novela, no creo que sea un libro para leer en momentos de depresión. Esta parte argumental se complementa relativamente bien con algunos recursos propios de lo que me imagino es la novela detectivesca de Bartlett: dobles juegos de muchos de los personajes, giros de identidad inesperados y a última hora, etc.  Al mismo tiempo, es un buen ejemplo de cómo una sociedad apoyada en la mentira simplemente no puede funcionar. ¿Suena actual?


Como se ve en esta foto y en las siguientes,
la novela podría haber
sacado mucho  más jugo literario al
paisaje natural del Maestrazgo



       De todas formas, los méritos que pueda haber en todo esto, no llegan a compensar lo que me parece una de las limitaciones más graves de la novela, y es la ausencia de color local y de lirismo propio de este tipo de narraciones. No sé muy bien cuál es el conocimiento directo del Maestrazgo que tiene la autora pero en la novela se echan mucho de menos descripciones que hagan revivir el campo y el tipismo de la región; apenas hay uno o dos párrafos donde aparezcan con autonomía propia nombres de plantas, comidas, aperos de labranza, elementos climáticos que se noten experimentados en primera persona; todo eso, aquí, no pasa de sonar a libresco o a aprendido de los mapas o libros al respecto. Y esto, en una novela ambientada en el campo, y a la que se quiere dar un color local, con una heroína igualmente local, no deja de parecerme una seria limitación.

      Otro punto y aparte lo merece la personalidad de la Pastora-Florencio. Por supuesto no tengo nada contra los gays, pero mis teorías de la conspiración no me dejan tranquilo al pensar que ese niño al que hacen niña y luego de mayor vuelve a  ser niño, anda muy cercano de lo que ahora nos ha dado por llamar políticamente correcto. Y si no deja de ser una historia en parte real y una figura que merezca recuperación  histórica, como novela, y debido a esas limitaciones estilísticas, no entiendo muy bien  por qué ha podido ganar el premio Nadal; a no ser que, como dicen las chicas de la Patrulla de Salvación, este caso responda también a los intereses  del lobby gay. Y aquí también la reseña de Ricardo Senabre en El Cultural, que coincide en demasiados puntos con la mía.

      Al fin, no creo que merezca la pena meterse quininentas páginas entre pecho y espalda para leer un ladrillote más bien deprimente, medianamente escrito y con aciertos aislados que se pueden encontrarse en cualquier novela detectivesca.  Me temo que al lector interesado en el tema le va a resultar más útil leerse la biografía histórica de La Pastora. (Alicia Giménez Bartlett: Donde nadie te encuentre. Barcelona: Destino, 2011, 509 pp.). 

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jueves, 20 de marzo de 2014

Alicia Giménez Bartlett: maquis, comunistas y masoveros

Estoy leyendo Donde nadie te encuentre, la novela de Alicia Giménez Bartlett sobre el maquis del Maestrazgo. La novela ganó el Premio Nadal de 2011 y creo que será la que ocupe la próxima reseña del blog. Por ahora puedo decir que frente a Inés o la alegría, de Almudena Grandes, tiene en su contra la simpleza estilística, pero también, a su favor, un maniqueísmo un poco más diluido y una recreación de los posible desmanes y abusos del maquis que no creo que fueran inverosímiles. Ya se sabe que, en las guerras, no suele haber ni buenos ni malos. 

    Recojo algunas citas al respecto, que no creo que cupieran en el estrecho mundo de la Grandes. La primera la tomo como muestra del idealismo ingenuo de algunos de estos combatientes, luego desmentido por sus propias acciones, las citas que siguen, y la propia historia del comunismo. La segunda porque ese idealismo del maquis no encajaría con el 'amor libre' de aquel 'libro rojo del cole' de los años 70-80; para algunos ojos actuales sería una frase propia de la Legión de la Decencia o algo así.  Y la tercera procede de uno de los masoveros de la novela, pillado entre los abusos de la Guardia Civil y los el maquis; el masovero está siendo cuestionado por Francisco, el guerrillero compañero de Florencio-La Pastora. 

1) "En el partido comunista (sic) te enseñan que las personas, sean como sean, tienen una dignidad y se merecen un respeto, y eso se aprende leyendo lo que hay que leer y teniendo libertad. (p. 248)."

2) "¿Has visto, Pastora? ¿Has visto lo que se ha hecho con el pueblo? Son gente sin moral, sin dignidad, que por un poco  de dinero venden [prostituyen] a la  [su] mujer y a la [su] madre también. Delante de los maridos, de los hijos que han tenido con hombres diferentes. Para eso luchamos ¿comprendes?, para que los  humanos no vivamos como animales que igual les da una cosa que otra." (p. 305)

3) "Ayudo a los guardias (civiles) justo lo que me mandan en el pueblo, ¿o es que quiere que me pelen? ¡Y poca gracia que me hace, no vaya a pensar (...) Pero no se crea que es a mí solo, eso obligan a todos los masoveros (...) Así que no me venga que soy un fascista, que entre los unos y los otros lo que están haciendo  es amargarnos la vida a la gente del campo que sólo queremos trabajar" (pp. 341-342).

Algunas fotos al respecto:

Maquis capturados por la Guardia Civil

Maquis con un 'trofeo'
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