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martes, 20 de octubre de 2015

Luis Mateo Díez: "La cabeza en llamas"



Image result for luis mateo diez la cabeza en llamasEn este blog hay escritores que he leído porque, por diversas razones, no quedaba otro remedio, y otros que he ido buscando porque esperaba aprender algo nuevo o porque después de una de una primera o segunda lectura me han parecido realmente serios. 

Luis Mateo Díez pertenece al segundo grupo. En El expediente del náufrago no acabó de convencerme, quizá por la extrañeza del mundo de Celama. pero El animal piadoso fue una especie de pequeña revelación. Algo así esperaba de La cabeza en llamas, una serie de cuatro relatos beves (no estoy seguro de que sean cuentos o novelas cortas, sobre todo el último de ellos), y no me ha decepcionado, bueno, casi. Ya se ve que Luis Mateo es un escritor ambicioso con él mismo y  que no se rige por los gustos del mercado; ni su lenguaje ni sus historias son para el gran público ni para las grandes superficies. 

Evaluando este libro, se ve una variedad de tonos y registros que se agradece bastante, aunque también he de decir que el título está tomado del primer relato, y que, la verdad, no estoy seguro de que sea el más apropiado para todo el volumen. Lo que sí  es cierto es que me ha parecido el mejor de los cuatro y que de hecho estaba esperando que los otros tres fueran una especie de variación de él, al modo de Perros verdes, de Agustín Cerezales.  También el de la pareja de primos de Amberes me ha parecido interesante, sobre todo por la habilidad para crear ambiente. Menos me ha gustado el tercero, por ser casi un emblema del pesimismo existencial y depresivo (bien escrito, eso sí). Del cuarto -el menos interesante- hablo más abajo. El volumen se cierra con unas breves e interesantes reflexiones del autor sobre el oficio de escribir, que recomiendo de veras. 

Lo que no recomiendo tanto es que Mateo Díez se mueva también por esos caminos de lo sexual-genital (1er y 4 relato) tan trillados por algún tipo de novela actual, o por algunas notas de anticlericalismo igualmente tópico (4o relato) . Visto lo visto ya no estoy tan seguro de que ese mundo sea pertinentemente narrativo, o que se puedan decir cosas interesantes sin caer en el tono de El Jueves. Y lo mismo para lo segundo. Es una pena que nuestros mejores escritores no sepan salir de ahí, o se muevan por ahí con tópicos y trillados  y que al final la novela española dé la impresión de que no tenga vuelos un poco más altos. Quizá ese cuarto relato quede redimido por el tono de parábola de los insectos, o eso de que la vida es una oruga, pero no estoy muy seguro. O, también, es una pena que haya que pensar que un libro de Mateo Díez necesite redenciones de este tipo. (Luis Mateo Díez: La cabeza en llamas. Barcelona: Galaxia Gütenberg. 2012, 245 pp.).


domingo, 2 de octubre de 2011

El animal piadoso (Luis Mateo Díez)

Hasta donde conozco El animal piadoso es la primera incursión de Mateo Díez en el subgénero de la novela policiaca.  Y a mi juicio sale victorioso sobre todo por haber conseguido una novela que, respetando las exigencias del género, es a la vez muy personal y de un cuidado estilístico ejemplar.
     Lo que queda claro desde el principio es que estamos de nuevo ante un escritor con un estilo muy propio y con un dominio del lenguaje y sus recursos literarios que debe ponerse a la cabeza de lo que hoy se escribe en España.  Puede que su estilo no complazca a  los lectores que vayan buscando rapidez y velocidad en la narración, pero, como ya se sabe, Mateo Diez es ante todo y magistralmente un escritor y “descritor” de atmósferas y ambientes, y para eso nos ofrece un lenguaje lleno de imágenes y comparaciones felices y siempre nuevas, resultando en una muestra de lo que puede hacerse con ese material y lo que parece que se les niega a otros. No es una lectura fácil (tampoco muy difícil) pero es una lectura enriquecedora y necesaria para compensar los malos ratos que nos hacen pasar otros y otras que se acompañan de mucho más ruido mediático. 

       Como digo, el argumento es de tipo policiaco y se ambienta en el mundo de Celama que Mateo Diez ha ido creando y enriqueciendo en otras narraciones previas. De hecho esta conexión con Celama será una de las diferencias principales entre los  lectores de la novela. A quienes la conozcan ya, se les hará fácil habitar los lugares y la mitología propia de Mateo Díez y seguirán disfrutando de la capacidad del narrador para ensanchar ese mundo. Quienes se inicien con Celama a través de este libro, se encontrarán en terreno ajeno al comienzo pero no creo que les cueste mucho adentrarse en él, contagiados por la familiaridad y facilidad con que se mueve por él el autor. Quizá por eso me parece que los personajes de El animal piadoso están más vivos que en El expediente del náufrago, pues en El expediente el lugar de la anécdota no llegaba del todo a abandondar del todo el terreno de lo brumoso, y los nombres de los personajes aparecían anclados en la verosimilitud  mucho menos que en esta novela.
     La anécdota principal (el retirado comisario de policía Samuel Mol que por coincidencia acaba recuperando un viejo caso irresuelto) sirve al narrador para orientar las principales inquisiciones de la novela acerca de ese pasado que regresa al presente a pesar nuestro y de forma incontenible, y se cuela a través de los sucesos de la vida diaria, de esos personajes que siguen conviviendo con nosotros, del remordimiento y  de la culpa,  y de los errores, los pecados y la posible necesidad del perdón… Quizá es aquí donde yo le pondría más pegas a El animal... Como ocurría en El expediente, aunque ahora se da en un tono más mitigado, el pesimismo sigue siendo la actitud dominante. Tampoco aquí  se ve prácticamente ningún personaje feliz, lo que quizá se justifique por la exigencia del género; la esperanza que asoma por los labios de Samuel y alguno de sus interlocutores al final da la impresión de estar llamando a una puerta que nunca acaba de abrirse.
     Samuel y Elicio, el  principal sospechoso, aparecen bastante bien individualizados, y en general también todos los protagonistas de la anécdota, que por alojarse en Celama y en una atmósfera concreta no se convierten en estereotipos ni personajes de cartón piedra. Y conseguir esto en un género tan manido como el policiaco no deja de tener su mérito.  Como consecuencia lógica, el desarrollo del argumento es más lento –también más profundo– que en las policiacas más comerciales. Tampoco coincide con estas en su presentación de un  amplio número de posibles sospechosos, o también de muchas pistas que despistan, o de las muchas posibilidades hipotéticas que habrían explicado la mecánica del asesinato. Por contraste, hay otros momentos o personajes, como el encuentro de Samuel con su hija y su conversación con ella que son de antología. En cualquier caso, a pesar de esa lentitud argumental y de algunos momentos o planteamientos cuya verosimilitud o pertinencia podría cuestionarse (el itinerario del asesino la noche de autos, el episodio del maletín), en su conjunto la anécdota está bien encadenada y además de no dejar cabos sueltos, esa densidad hace que al final El animal piadoso resulte mucho más gratificante y meritoria que los relatos más tópicos del género.
     A pesar  quizá de algún descuido en los detalles de logística de ejecución, todo esto convierte a El animal piadoso en una novela renovadora del género, y a su autor en un escritor que muestra que puede navegar con soltura y profundidad por más de un modelo narrativo. Lo cual, y con otras excepciones notables como Jiménez Lozano y su Agua de noria, sigue sin ser tan frecuente como debería. Así los lectores ideales de la novela serían, aparte de los fans de Mateo Díez y de la buena literatura, aquellos aficionados al género policiaco a quienes les interese alejarse de los modelos más facilones y tópicos de la misma y estén interesados en explorar los matices y posibilidades que la misma puede producir en manos de narradores que prefieren la riqueza del arte a los ruidos de la popularidad (Luis Mateo Díez: El animal piadoso. Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2009, 349 pp.).
    EnlacesEl expediente del náufrago (Luis Mateo Dìez)Agua de noria (José Jiménez Lozano) 




lunes, 20 de septiembre de 2010

El expediente del náufrago (Luis Mateo Díez)

En una entrada anterior de este blog reproducía unas palabras de Luis Mateo Díez en las que hablaba de que sus novelas estaba escritas en 'un tiempo sin tiempo (porque) los espacios urbanos vienen del pasado y están en la eternidad". En la misma entrevista el autor aseguraba que se consideraba sobre todo un escritor de ambientes y atmósferas más que de anécdotas o historietas. Y esta novela da buena muestra de todo ello.

En primer lugar la atmósfera agobiante y densa se consigue muy bien a través de esa sucesión de espacios cerrados u oscuros donde transcurren las acciones, los encuentros y los diálogos de los protagonistas, especialmente ese archivo municipal y esos cines y bares donde se dan cita unos personajes que parecen salidos más de una novela de Kafka que de la vida real. También la ciudad donde ocurre toda la 'aventura' nunca llega a tener contornos reales precisos, aunque no sea difícil sacarle parecidos con algún lugar del norte de España. Igualmente interesante es el hilo conductor de la anécdota (el descubrimiento de la identidad e historia de un poeta olvidado, algo que recuerda a 'Las esquinas del viento', de J. M. de Prada), y todos los componentes metaliterarios derivados de esa búsqueda.

Al final, la anécdota y los personajes tienen consistencia en sí mismos, es decir, en ese mundo quimérico y nebuloso o fantasmal que Mateo Díez ha creado para ellos. Pero no la tienen, a mi juicio, si queremos hacer de ellos personajes 'realistas', de carne y hueso. Por lo mismo, a veces me ha parecido que el progreso de la anécdota es demasiado lento y que se difumina excesivamente el sentido de la intriga. 


Por ello, esta novela hay que leerla bajo unos parámetros especiales, sin buscar verosimilitud,  lógica o puro entretenimiento. Si no, no va a ser fácil su lectura. Son numerosos los momentos en que la historia roza o entra de lleno en lo grotesco o lo esperpéntico, con situaciones límite o imposibles en el mundo histórico, y con unos personajes cuyos nombres y apellidos parecen haber sido sacados de un diccionario onomástico perdido en el tiempo o almacenado en los archivos del buen gusto. Son esos nombres los que contribuyen también a que la historia permanezca en esos ámbitos del delirio de los que habla el autor en una de las
 presentaciones del libro

El lenguaje es el lenguaje tan cuidado a que nos tiene acostumbrados Mateo Díez, procurando huir siempre y con éxito de la frase tópica, aunque algunas veces -pocas- caiga en lo innecesario y en el alargamiento de frases, conceptos y sensaciones. Quizá porque ésta es la única manera de dar a la atmósfera ese protagonismo que él busca en sus libros. Creo que hoy día hay pocos escritores que sean tan conscientes del trabajo que necesitan palabras y frases para ser verdaderamente personales y únicas. Al mismo tiempo no cae en rebuscamientos léxicos o sintácticos barroquizantes y, desde este punto de vista, la novela es también de una lectura enriquecedora.


En resumen, una buena novela bajo todos esos parámetros, pero que quizá no guste a los lectores  más dados al realismo verosímil que Mateo Díez supo recrear tan bien en "Brasas de agosto", a quienes crean que el narrador podría haber ahorrado muchas escenas, personajes y vericuetos para llegar al desenlace, o a quienes, como yo, no comulguen del todo con el pesimismo de la lapidaria frase final
, frase que, por otra parte, resume muy bien el tono global de la novela ("El mundo es una isla triste"). (Luis Mateo Díez: El expediente del náufrago. Madrid: Alfaguara, 1992, 331 pp.).



lunes, 6 de septiembre de 2010

El animal piadoso (Luis Mateo Díez)

Sigo leyendo La saga de los Marx, de Juan Goytisolo, que me está decepcionando un poco. En la lista de espera tengo El expediente del náufrago de Luis Mateo Díez, que en una entrevista publicada en Leer (octubre 2009) daba la siguiente respuesta a una pregunta sobre el tiempo narrativo de El animal piadoso, su última novela: "Está escrita -como todas las mías- en un tiempo sin tiempo. Los espacios urbanos vienen del pasado y están en la eternidad. Es un intento de decir que no necesito, para describir una novela actual sonre los sentimientos del hombre, incurrir en datos temporales. Esta novela puede  transcurrir en cualquier momento porque transcurre en un espacio literario". Es otra de mis próximas lecturas; por ahora sirva la reseña que le dedicó El Cultural. (Luis Mateo Díez: El animal piadoso. Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2009, 349 pp.).
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