domingo, 2 de octubre de 2011

El animal piadoso (Luis Mateo Díez)

Hasta donde conozco El animal piadoso es la primera incursión de Mateo Díez en el subgénero de la novela policiaca.  Y a mi juicio sale victorioso sobre todo por haber conseguido una novela que, respetando las exigencias del género, es a la vez muy personal y de un cuidado estilístico ejemplar.
     Lo que queda claro desde el principio es que estamos de nuevo ante un escritor con un estilo muy propio y con un dominio del lenguaje y sus recursos literarios que debe ponerse a la cabeza de lo que hoy se escribe en España.  Puede que su estilo no complazca a  los lectores que vayan buscando rapidez y velocidad en la narración, pero, como ya se sabe, Mateo Diez es ante todo y magistralmente un escritor y “descritor” de atmósferas y ambientes, y para eso nos ofrece un lenguaje lleno de imágenes y comparaciones felices y siempre nuevas, resultando en una muestra de lo que puede hacerse con ese material y lo que parece que se les niega a otros. No es una lectura fácil (tampoco muy difícil) pero es una lectura enriquecedora y necesaria para compensar los malos ratos que nos hacen pasar otros y otras que se acompañan de mucho más ruido mediático. 

       Como digo, el argumento es de tipo policiaco y se ambienta en el mundo de Celama que Mateo Diez ha ido creando y enriqueciendo en otras narraciones previas. De hecho esta conexión con Celama será una de las diferencias principales entre los  lectores de la novela. A quienes la conozcan ya, se les hará fácil habitar los lugares y la mitología propia de Mateo Díez y seguirán disfrutando de la capacidad del narrador para ensanchar ese mundo. Quienes se inicien con Celama a través de este libro, se encontrarán en terreno ajeno al comienzo pero no creo que les cueste mucho adentrarse en él, contagiados por la familiaridad y facilidad con que se mueve por él el autor. Quizá por eso me parece que los personajes de El animal piadoso están más vivos que en El expediente del náufrago, pues en El expediente el lugar de la anécdota no llegaba del todo a abandondar del todo el terreno de lo brumoso, y los nombres de los personajes aparecían anclados en la verosimilitud  mucho menos que en esta novela.
     La anécdota principal (el retirado comisario de policía Samuel Mol que por coincidencia acaba recuperando un viejo caso irresuelto) sirve al narrador para orientar las principales inquisiciones de la novela acerca de ese pasado que regresa al presente a pesar nuestro y de forma incontenible, y se cuela a través de los sucesos de la vida diaria, de esos personajes que siguen conviviendo con nosotros, del remordimiento y  de la culpa,  y de los errores, los pecados y la posible necesidad del perdón… Quizá es aquí donde yo le pondría más pegas a El animal... Como ocurría en El expediente, aunque ahora se da en un tono más mitigado, el pesimismo sigue siendo la actitud dominante. Tampoco aquí  se ve prácticamente ningún personaje feliz, lo que quizá se justifique por la exigencia del género; la esperanza que asoma por los labios de Samuel y alguno de sus interlocutores al final da la impresión de estar llamando a una puerta que nunca acaba de abrirse.
     Samuel y Elicio, el  principal sospechoso, aparecen bastante bien individualizados, y en general también todos los protagonistas de la anécdota, que por alojarse en Celama y en una atmósfera concreta no se convierten en estereotipos ni personajes de cartón piedra. Y conseguir esto en un género tan manido como el policiaco no deja de tener su mérito.  Como consecuencia lógica, el desarrollo del argumento es más lento –también más profundo– que en las policiacas más comerciales. Tampoco coincide con estas en su presentación de un  amplio número de posibles sospechosos, o también de muchas pistas que despistan, o de las muchas posibilidades hipotéticas que habrían explicado la mecánica del asesinato. Por contraste, hay otros momentos o personajes, como el encuentro de Samuel con su hija y su conversación con ella que son de antología. En cualquier caso, a pesar de esa lentitud argumental y de algunos momentos o planteamientos cuya verosimilitud o pertinencia podría cuestionarse (el itinerario del asesino la noche de autos, el episodio del maletín), en su conjunto la anécdota está bien encadenada y además de no dejar cabos sueltos, esa densidad hace que al final El animal piadoso resulte mucho más gratificante y meritoria que los relatos más tópicos del género.
     A pesar  quizá de algún descuido en los detalles de logística de ejecución, todo esto convierte a El animal piadoso en una novela renovadora del género, y a su autor en un escritor que muestra que puede navegar con soltura y profundidad por más de un modelo narrativo. Lo cual, y con otras excepciones notables como Jiménez Lozano y su Agua de noria, sigue sin ser tan frecuente como debería. Así los lectores ideales de la novela serían, aparte de los fans de Mateo Díez y de la buena literatura, aquellos aficionados al género policiaco a quienes les interese alejarse de los modelos más facilones y tópicos de la misma y estén interesados en explorar los matices y posibilidades que la misma puede producir en manos de narradores que prefieren la riqueza del arte a los ruidos de la popularidad (Luis Mateo Díez: El animal piadoso. Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2009, 349 pp.).
    EnlacesEl expediente del náufrago (Luis Mateo Dìez)Agua de noria (José Jiménez Lozano) 




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