(Después de haber escrito esta entrada y haberla leído, me parece que me ha quedado un poco melosa y moralizante, pero como también creo que tiene alguna idea útil y sobre todo un divertido vídeo al final, la dejo así).
Supongo que los que visitáis las secciones de comentarios de los blogs y la misma sección de comentarios en periódicos electrónicos nacionales como El País, ABC, El Mundo, etc., habréis notado una diferencia importante. Me refiero al tono de esos comentarios que, en general, suele ser bastante agresivo y ultra en los periódicos y, por el contrario, mucho más comedido y dialogante en los blogs.
Mi teoría es que los periódicos representan una postura ideológica o política con muchos más prejuicios e intereses partidistas que los blogs personales. Esto hace que quienes participan en esas secciones lo hagan desde las mismas posiciones que los periódicos o desde las frontalmente opuestas pero igualmente radicales o preconcebidas. Las consecuencias son claras: los participantes se crean un alias, se refugian en el anonimato y empiezan lanzar diatribas o insultos a diestro y siniestro, sin intención de buscar el diálogo ni tampoco de trabar amistades con nadie; se trata simplemente de mostrar que “soy yo quien tiene razón y más o menos unos estúpidos quienes no piensen igual”. De hecho, cada vez son más frecuentes las noticias en las que viene deshabilitada la sección de comentarios.
Supongo que los que visitáis las secciones de comentarios de los blogs y la misma sección de comentarios en periódicos electrónicos nacionales como El País, ABC, El Mundo, etc., habréis notado una diferencia importante. Me refiero al tono de esos comentarios que, en general, suele ser bastante agresivo y ultra en los periódicos y, por el contrario, mucho más comedido y dialogante en los blogs.
Mi teoría es que los periódicos representan una postura ideológica o política con muchos más prejuicios e intereses partidistas que los blogs personales. Esto hace que quienes participan en esas secciones lo hagan desde las mismas posiciones que los periódicos o desde las frontalmente opuestas pero igualmente radicales o preconcebidas. Las consecuencias son claras: los participantes se crean un alias, se refugian en el anonimato y empiezan lanzar diatribas o insultos a diestro y siniestro, sin intención de buscar el diálogo ni tampoco de trabar amistades con nadie; se trata simplemente de mostrar que “soy yo quien tiene razón y más o menos unos estúpidos quienes no piensen igual”. De hecho, cada vez son más frecuentes las noticias en las que viene deshabilitada la sección de comentarios.