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martes, 26 de enero de 2016

Horóscopos literarios: si eres Leo... (Vila-Matas)

Si eres Leo estás de buena suerte (o mala, según se vea). Y es que a Enrique Vila-Matas le dará por convertirte en un personaje de sus novelas, junto a otros personajes famosos pero puramente literarios y sin existencia real. Esto tendrá la ventaja de hacerte tan famoso como ellos, pero también te creará dudas sobre tu propia existencia, y al final de la novela no estarás seguro de si eres alguien de carne y hueso que además tiene que pagar impuestos o una figura que vive sólo en su mundo de papel. Este dilema te acabará llevando al psicólogo  que te pondrá en un tratamiento de seis semanas, forrándose a tu costa para al final darte la recomendación de que te dediques a leer los libros clásicos de aventuras y tus antiguos tebeos del Jabato o de la Srta. Pepis. Por su parte, la novela se convertirá en un bestseller y tú en una 'celebrity' que aparecerás a la vez en las revistas del corazón y en suplementos culturales como Babelia o El Cultural, que para esas fechas habrán culminado su actual trayectoria y no harán ninguna diferencia entre un libro escrito por Mercedes Milá y uno escrito por Julio Cortázar. 

martes, 10 de diciembre de 2013

Greenpace y su Nihil Obstat

Seguramente todos recordamos algún libro más o menos antiguo, o de contenido más o menos filosófico o religioso que en una de sus páginas incluía el nihil obstat del obispo correspondiente, que garantizaba que ese libro estaba libre de errores doctrinales, etc. Pues nada, ya se ve que a las viejas ortodoxias les sustituyen otras nuevas. Lo he comprobado al leer dos libros de la editorial Debolsillo  (Todos mis cuentos, de Ana M. Matute, y Dublinesca de Vila-Matas). Y si antes eran los obispos quienes nos decían que un libro podía o no salir al mercado, ahora es Greenpace. Leed lo que sigue:

"El papel utilizado para la impresión de este libro ha sido fabricado a partir de madera procedente de bosques y plantaciones gestionados con los más altos estándares ambientales, garantizando  una explotación de los recursos sostenible con el medio ambiente y beneficio para las personas. Por este motivo Greenpace acredita que este libro cumple los requisitos ambientales y sociales necesarios para ser considerado un amigo 'amigo de los bosques'. El proyecto 'Libros amigos de los bosques' promueve la conservación y el uso sostenible de los bosques, en especial de los Bosques Primarios, los últimos bosques vírgenes del planeta"


     Por supuesto, soy de los primeros en defender lo ecológico de la solución; lo que me preocupa es sobre todo que a esto no lo llamemos censura de algún tipo, que ahora Greenpace se conviera en el árbitro de la literatura. Y creo que viendo las cosas con un poco más de profundidad, prefiero el nihil obstat de los obispos al de Greenpace; por lo menos aquel evaluaba el valor acomodaticio o subversivo de tus ideas; ahora parece que lo importante no es el contenido de tu libro sino el soporte en que lo publicas. Algo así como si hubiéramos sustituido la primacía de las ideas por una dictadura del sentimiento o nos hubiéramos plegado al monopolio del Kindle o el iPad.   

martes, 30 de abril de 2013

El lector inteligente de 'Dublinesca' (Vila-Matas)

Y ahora, para compensar un poco lo que he dicho en las dos entradas anteriores acerca de 'Dublinesca', recupero una de las citas más interesantes de  todo el libro, por reivindicar la figura del lector activo e inteligente.   

      El protagonista, Riba,  "se considera tan lector como editor. Le retiró de la edición básicamente la salud, pero le parece que en parte también el becerro de oro de la novela gótica, que forjó la estúpida leyenda del lector pasivo. Sueña con un día en el que la caída del hechizo del betseller dé paso a la reaparición del lector con talento y se replanteen los términos del contrato moreal entre autor y público. Sueña con un día en el que puedan respirar de nuevo los editores literarios, aquellos que se desviven por un lector activo, por un lector lo suficientemente abierto como para comprar un libro y permitir  en su mente el dibujo de una conciencia  radicalmente diferente a la suya propia. Cree que si se exige talento a un editor literario o a un escritor, debe exigírsele también al lector. Porque no hay que engañarse: el viaje de la lectura pasa mucha veces por terrenos difíciles que exigen capacidad de emoción inteligente, deseos de comprender al otro y de acercarse a un lenguaje distinto al de nuestras tiranías cotidianas" (pp. 62-63).

    Y aquí la foto de un precoz lector activo e inteligente. Aviso que no es una foto ególatra, a pesar de que sea la misma que misma que suelo emplear como avatar. Es sencillamente la foto que más me ha gustado de todas las proporcionadas por Google al buscar la imagen 'reading' (por cierto, cuando uno busca imágenes en inglés en Google, los resultados suelen ser más precisos y de mejor calidad).


sábado, 20 de abril de 2013

Personajes de papel: ‘Dublinesca’, de Enrique Vila-Matas

Aunque París no se acaba nunca, mi previa lectura de Vila-Matas, me dejó al final un buen sabor de boca, quizá por ser hasta entonces prácticamente mi única lectura suya, Dublinesca ha sido, al final, una decepción. Y no es porque no me guste lo metaliterario o porque no reconozca en el libro algunos momentos logrados, sobre todo en el nivel de estilo, sino porque todo suena a ya visto, a ya repetido.

     A Vila-Matas le honra la intención de abrir y buscar caminos literarios nuevos, que huyan del realismo y de la prioridad de la anécdota, pero aquí el resultado ha sido bastante mediocre. No veo en Dublinesca nada que no haya visto en la novela anterior y lo que creo que pretende pasar por aportaciones  nuevas, como esa disposición de algunos capítulos en formato teatral o telegráfico, puede sonar a innovador si lo contrastamos con la novela más comercial, pero no va a decir nada nuevo a los escritores más sofisticados del campo, y, mucho menos todavía, a  la novela experimental en su conjunto.

       Los recursos que pudieron ser nuevos en su momento pero que aquí suenan a manidos son, por ejemplo, esa alusión continua al mundo del cine y la literatura, a sus productores, protagonistas y consumidores; esa aparición de los medios de comunicación o generadores de información más recientes, como Google y otros; esa selección de alguien del mundo del libro –en este caso el editor Riba- como protagonista de una acción y de unas digresiones que se mueven principalmente  en torno a esos ámbitos y que van sucediéndose unas a otras a veces con lógica causal pero otras veces dando la impresión de simple relleno o acción verborreica. Y reconozco que algunas de esas digresiones son temática y estilísticamente brillantes, pero al final son las menos y acaban dando una impresión de laberinto inacabable.



A pesar de sus méritos,  Dublinesca es
sobre todo y ante todo un mundo de  papel
       La anécdota principal no deja de tener su consistencia e interés humano y creo que en manos de otro novelista o del mismo Vila-Matas pero liberada de gran parte de ese lastre libresco habría ganado mucho más y habría dado lugar a una novela que fuera también el homenaje a James Joyce que persigue aquí el autor. Y eso sin necesidad además de haber cambiado esa serie de personajes tanto reales como pertenecientes al mundo de la cultura. Aunque, lamentablemente, me temo que habría seguido siendo tan pesimista y desesperanzada como ésta. (Enrique Vila-Matas: Dublinesca. Barcelona: Debolsillo, 2011, 284 pp.).



PD. Por medio de un comentario anónimo y un poco insultante en mi entrada anterior (por eso no lo he publicado), he sabido de que esta novela ha sido elegida por The Guardian como una de las seis finalistas del Independent Foreign Fiction Price. Después de leer la noticia y la reseña de Alberto Manguel enlazada a la misma, mi opinión acerca de la novela sigue siendo la misma. En cuanto a su selección por The Guardian  queda claro que lo que han elegido es la traducción, no el original, lo cual no es exactamente lo mismo, como también digo en los comentarios a la entrada anterior. Además, todos sabemos que eso de los premios es demasiado relativo. Sólo hay que pensar en Echegaray, uno de nuestros Nobel..., a quien muy pocos hoy recuerdan y a quien creo que casi nadie lee.

miércoles, 10 de abril de 2013

Los ripios de Eduardo Mendoza, Enrique Vila-Matas y Ramón de Campoamor

Ramón de Campoamor (1817-1901),
el poeta ripioso por excelencia
Todo lector de poesía sabe que los ripios son algo que rechina, puede estropear un buen poema y produce una sensación de limitación de recursos técnicos en el escritor. En prosa este tipo de cacofonías tampoco conviene, e incluso puede decirse que su efecto es mucho más dañino porque al fin y al cabo en poesía la rima es a veces algo inevitable y el ripio puede hasta disculparse. Hace unas entradas reproducía una cita de Riña de gatos donde esa cacofonía era claramente perceptible y me parecía perniciosa para la novela. Ahora cito otro ejemplo de Dublinesca de Enrique Vila-Matas, que estoy empezando a leer y que seguramente será la próxima reseña del blog. Como complemento añado un ripioso poema de Ramón de Campoamor, uno de los poetas españoles más populares del XIX pero también actualmente uno de los más desacreditados, precisamente por su prosaísmo, por sus rimas fáciles y por la poca altura de sus pensamientos. No es como para llevar a la cárcel a nadie, pero  está claro que si nuestros escritores no cuidan un poco mejor su material de trabajo, no deben extrañarse que sigamos echando de menos a los grandes clásicos, o que el paso del tiempo les acabe dejando a la misma altura de Campoamor.

Dublinesca: "donde Monica Vitti interpretaba a un personaje de perfil errante  (...) una mujer perdida en un paisaje industrial hermético  en el que la calma de las apariencias no neutralizaba su incapacidad  de establecer una comuncación adecuada con lo que la rodeaba. Ese naufragio permanente  (...) la abocaba a convertirse en un ser temeroso que, incapaz de afrontar una realidad que escapaba totalmente  a su comprensión, avanzaba por espacios vacíos, por un desierto metafísico" (p. 39)


Riña de gatos: “Anthony Whitelands se sorprendió al encontrarse en un lugar conocido (…) apenas si se enteraba. Sabía que se enfrentaba a un dilema moral, pero estaba tan aturdido que no atinaba siquiera a discernir cuál era. Mientras se abría paso entre la multitud se preguntaba por la razón de que le hubieran detenido de un modo tan caprichoso” (p. 131). 


Ramón de Campoamor: "El busto de nieve":


De amor tentado un penitente un día
con nieve un busto de mujer formaba,
y el cuerpo al busto con furor juntaba,
templando el fuego que en su pecho ardía.

Cuanto más con el busto el cuerpo unía,

más la nieve con fuego se mezclaba,
y de aquel santo el corazón se helaba,
y el busto de mujer se deshacía.

En tus luchas ¡oh amor de quien reniego!

siempre se une el invierno y el estío,
y si uno ama sin fe, quiere otro ciego.

Así te pasa a ti, corazón mío,

que uniendo ella su nieve con tu fuego,
por matar de calor, mueres de frío.

Al leer todos estos ejemplos, me han recordado a estos otros dos, reales o virtuales como la vida misma, el primero sacado de  una página de internet y el segundo de una castiza tienda de barrio:




miércoles, 16 de junio de 2010

París no se acaba nunca (Enrique Vila-Matas)

Como decía en la entrada pasada, con esta novela he tenido mis más y mis menos. Mis más por su originalidad metaliteraria, pues siempre me han atraído los juegos de este tipo, especialmente en casos como El Quijote de Cervantes o Un drama nuevo de Tamayo y Baus. Pero en principio El Quijote y Un drama nuevo me parecen más atractivos que la metaliteratura más reciente, por estar al servicio del argumento interno de la novela y no tanto enfocada en una especie de egoncentrismo de autor que a veces no se sabe si es pura egolatría o un empleo lúdico e instrumental de lo literario. En el caso de París no se acaba..., su densidad libresca no llega a ahogar la vida del protagonista de la narración, pero hace que éste se mueva al final en un mundo ajeno al común de los mortales, que pocas veces pueden verse identificados o atraídos por sus andanzas. Pero también es cierto que el tono humorístico e irónico que Vila-Matas ha buscado para su novela se mantiene con éxito llegando a momentos de verdadera maestría que disimulan un poco el desencanto y el mundo un poco vacío en que al final se mueven todos los personajes.

       Tengo que reconocer que en su conjunto se trata de una obra de referencia obligada, por la habilidad con que  Vila-Matas mueve ese mundo y el empleo de recursos como esas repeticiones de frases claves, o algunos golpes de humor periódicamente recurrentes, que van muy bien con el título. Como ellos en la  novela, París, la literatura, Hemingway, Duras, no se acaban nunca, son ya parte del imaginario literario universal. Logrado es también el juego acerca del formato o subgénero de la narración: ¿novela? ¿autobiografía? ¿biografía ficticia? ¿conferencia? El estilo es suelto y fluido, pero un léxico un poco más amplio y una ordenación narrativa más lineal y con menos vueltas y revueltas creo que enriquecerían y facilitarían un poco más su lectura.  Para lectores y alumnos que gusten y estén familiarizados con la metaliteratura. A quienes busquen una ficción realista o historias entretenidas les parecerá demasiado libresca, aunque algunas de las anécdotas narradas en ella merecerían ser antologadas en cualquier volumen sobre el género. (Enrique Vila-Matas: París no se acaba nunca. Barcelona: Anagrama, 2003, 233 pp.).




lunes, 14 de junio de 2010

La musas soplan cuando quieren

Actualmente estoy leyendo París no se acaba nunca, de Enrique Vila-Matas, novela con la que estoy teniendo mis más y mis menos. Entre los más, esta cita acerca de las sorpresas del propio escritor durante el proceso de escritura: "Cuando me preguntan si los textos los tengo organizados en la cabeza antes de escribirlos o bien se desarrollan sorprendiéndome a mí mismo  a medida que avanzan, siempre contesto que en la redacción se producen sorpresas infinitas. Y que por suerte es así, porque la sorpresa, el sesgo repentino, la frase que se presenta en el momento preciso sin que se sepa de dónde viene, son el dividendo inesperado, el fantástico empujoncito que mantiene activo a un escritor." (Enrique Vila-Matás: París no se acaba nunca. Barcelona: Anagrama, 2003, pp. 160-161).

martes, 4 de mayo de 2010

Dublinesca (Enrique Vila-Matas)

Todavía no he leído ninguna novela de Vila- Matas, aunque sí alguno de sus cuentos, y tengo que confesar que en principio es uno de los autores que más me atrae por su habitual recurso a lo metaliterario, lo cual, a su vez, no deja de tener sus riesgos. En Aceprensa (21 de abril, 2010) Adolfo Torrecilla resume todo esto en su reseña del libro, cuyo título es una obvia referencia al Ulises de Joyce: "Vila-Matas domina a la perfección el arte de convertir la literatura en protagonista de sus tramas, las citas, los autores, las referencias librescas..; pero falta que las obras despeguen y transmitan una determinada opción vital o existencial. Aunque los personajes viven sumergidos en la 'conciencia de un paisaje moral en ruinas', no acaban de tener vida propia y sus conflictos existenciales, un tanto epidérmicos (...), no dejan de ser otra cita literaria más, sin mucho fundamento. Esta inconsistencia acaba por trasladarse también a la novela, repleta de reiterativos guiños y gags que ya suenan a técnica y a truco". (Enrique Vila-Matas: Dublinesca, Barcelona: Seix Barral, 2010).
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