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miércoles, 21 de abril de 2021

La novela negra y el matrimonio homosexual

Familia Kichwa (Amazonas)
Estos días estoy leyendo Muerte en primera clase, una novela de la serie de la jueza Mariana de Marco, de José María Guelbenzu. La novedad esta vez es que parte de la trama gira en torno al triángulo lésbico formado por Carmen, Ada y Dolores. No voy a revelar más de este lío, solo quiero comentar que asuntos como esto y la ninfomanía de la jueza, que aquí es presentada como tan atractiva para los homos y para lo heteros, pueden estar comprometiendo la esencia de la novela negra. 

Mi punto aquí es que estoy empezando a pensar que lo políticamente correcto estaría debilitando ese género en el sentido de que pasa a proponer una moral específica como algo viable y redentor, cuando lo suyo es, precisamente, señalar la disfuncionalidad de todo tipo de sistema. Y no sólo eso. Salvando las distancias, lo que hace aquí Guelbenzu me recuerda a aquellos pasajes de 1984 de Orwell en los que se reescribía la historia en función del ganador, sin que el funcionario-escriba tuviera ningún tipo de vida personal en ese trabajo. Y no deja de ser doloroso que a Guelbenzu se le pueda comparar con uno de los subordinados del GH. 

Por otro lado, si lo comparamos con Serpientes en el paraíso, de Giménez Barlett, donde la intriga se da entre tres parejas hetero, la verdad es que literariamente me parece mucho más rentable la combinación hetero, suele ser más compleja, producir situaciones con mucha más carga emocional y que llegan mucho más naturalmente a un público también mucho más amplio. ¿Quizá porque ese público es también más abundante? En cualquier caso, lo que sí parece quedar claro es que son literariamente más rentables. 

Además, con eso del rollo del matrimonio homosexual, se me vino otra idea a la cabeza. Me imaginé que en una tribu primitiva solo el matrimonio heterosexual garantiza la supervivencia de la tribu frente a los peligros naturales o frente a la rivalidad de otras tribus. Por eso, sigo imaginando, el matrimonio (hetero) se celebra tan a lo grande en todas las culturas. Por el contrario, sigo imaginando, un matrimonio homo no tendría ninguna funcionalidad tribal, o incluso sería antitribal, por no cooperar a la continuidad de la tribu. En fin, un rollete que no viene mucho a cuento, pero que también nos puede ayudar a ser un poco más críticos con las connivencias de la literatura con lo políticamente correcto. De nuevo, una pena que sea Guelbenzu el que nos haya llevado hasta aquí. 


lunes, 26 de octubre de 2020

Alicia Giménez Bartlett: 'Serpientes en el paraíso'


No sé si es porque ya me he leído unas cuantas novelas de Petra Delicado -que compré en un paquete electrónico de descuento- o porque ya voy conociendo el modus scribiendi de la autora, el caso es que cada vez parece que acabo descubriendo antes el desenlace de este tipo de historias. En este caso, apenas me costó adivinar cuál era el papel de Lali y sus adláteres, y lo mismo con el de Malena. Con esto no quiero quitarle méritos a la novela, pues también ha tenido otras sorpresas, eso, inesperadas, como la historietas paralelas de los gitanos, las hermanas  Enárquez y el cardenal, historietas que al principio daban la impresión de quedar desconectadas pero que al final, con mejor o peor fortuna, han acabando encjándose en la historia principal.


Si en otras novelas de la serie, se desmontaban o investigaban mundos como el de la prensa rosa o las clandestinas luchas de perros, aquí le toca el turno a la vida burguesa de las urbanizaciones, que por fuera puede parece un paraíso pero que por dentro -exigencias del género negro- debe forzosamente estar corrompido. Y así lo muestran las tres parejas envueltas en el crimen, en las que no hay nadie sano o sin problemas de personalidad más o menos serios, con cornamentas por todos los lados y bastantes más trapicheos de los que en un principio pueden notarse. Por esto me parece que al final no puedo decir que la identificación del/a culpable haya sido la más fácil, pero tampoco una gran sorpresa.

Algunas cosas nuevas que he notado aquí ha sido el deseo de complicar o profundizar en la personalidad de Petra, con ese enternecimiento maternal ante la hija de Malena, y que chocaría un poco con el feminismo barato de la inspectora, o ese tratamiento topicón aunque tampoco muy cargado de algunos eclesiásticos. Más me han cansado las veleidades sexuales de la inspectora -¡qué obsesión, cielos!- o esos deseos de la novelista-guionista de hacerse la graciosa, que quedan bien cuando acierta pero que resultan un poco cargantes cuando son menos afortunados. 

En fin, una novelita para pasar el rato, cuya trama quizá resulte  previsible para los conocedores de la serie y que quizá cuente como mayor mérito ese deseo de complicar y llenar de humanidad a Petra; lo demás no deja de sonar a mero acompañamiento de una gran comedia. 



martes, 28 de mayo de 2019

Domingo Villar: Ojos de agua


Esta es la primera novela de Domingo Villar, autor de La playa de los ahogados, que ya he reseñado aquí, y que se publicó en 2006, tres años después de Ojos de agua. La verdad es que frente a La playa de los ahogados, ésta se queda muy pequeña y muy por debajo; el argumento es demasiado lineal, salvo el giro final –tampoco muy sorprendente- todo ocurre muy rápido y sin complicaciones realmente originales. Tampoco cuenta la novela con ese color local tan personal de La playa de los ahogados

Los méritos de esa segunda novela están aquí en germen: la oposición de caracteres entre Leo Caldas y Rafael Estévez, o el “shock cultural” de Estévez en el mundo gallego; esos aspectos laterales de la vida de Caldas que en La playa... van a dar bastante más juego, como son la figura de su padre, o su situación sentimental… Un poco mejor más conseguidos están elementos puntuales como las derivaciones  de la popularidad radiofónica de Caldas o la hilarante entrevista-interrogatorio de Estévez a la criada de la víctima.

En una comparación audaz con El Quijote daría la impresión de que esta novela sería un poco así como la primera salida del hidalgo, donde Cervantes se da cuenta de las posibilidades que le proporciona todo ese material que acaba de poner en marcha y que va a hacer  brillar en la segunda y tercera salidas. Si Cervantes hubiera  abandonado  a Don Quijote en la primera salida, esa historia no habría pasado de ser una novela ejemplar más. Así, Ojos de agua, me parece una novela que por sí sola no da para mucho más. Pero la segunda salida del Quijote, y análogamente, la segunda novela de Villar protagonizada por Leo Caldas fueron, cada una en su nivel, unos aciertos innegables. Ahora sólo queda que Domingo Villar consiga más novelas como La playa de los ahogados, de la misma forma que Cervantes consiguió la tercera salida de don Quijote. (Domingo Villar: Ojos de Agua. Madrid: Siruela, 2006, 187 pp.)



domingo, 20 de marzo de 2016

José Maria Guelbenzu: 'Muerte en primera clase'

Después de haber leído un buen número de novelas policiacas, no parece que sea mucho lo nuevo que pueda decir del estilo y el lenguaje de esta de Guelbenzu, aunque también es cierto que visto en su generalidad resulta más elaborado que otros autores del género. Lo que sí puede añadirse aquí, es que hay momentos emocionales y algunos recursos narrativos bastante logrados, como puede ser los momentos en que Mariana se siente derrotada, la labor de amistad de Julia y ese combinar el viaje por el Nilo -un homenaje a Muerte en el Nilo, de Agatha Christie, me imagino- con la carrera a contrarreloj para encontrar al asesino.

El problema con la lectura abundante de este género -al menos para mí- es que al final el lector se convierte en detective y se enfada cuando el narrador le oculta datos más o menos obvios que quizá debería haber revelado antes y no habérselos guardado para él solo. Un caso así lo recuerdo con una novela de la Christie, donde la narradora sabía pero no contaba que uno de los sospechosos había trabajado con venenos. Eso es lo que me ha pasado al leer esta novela. El detalle de la escalera me parece uno de esos ases en la manga que se guardan para el final pero que podían o debían haberse contado antes, a no ser que sea de esas cosas de las que uno se da cuenta solo en un momento concreto, el aha moment que dicen los yankies...

Otras cosas también pueden verse por los dos lados, como trucos o como trampas. Es el caso de esas conversaciones escuchadas por casualidad, no imposibles en un barco, pero quizá un poco forzadas, o esos escondites en camarotes visitados por sospechosos..., que recuerdan los momentos similares -y más débiles.- de novelas como Riña de gatos, de Mendoza, o El tiempo entre costuras, de María Dueñas...

En fin, una novela para pasar el rato, bien escrita, pero también con algunas debilidades que pueden explicarse por las exigencias del género, y -lo que menos me ha gustado- con unas tramas amorosas que sólo parecen justificarse como una concesión a lo políticamente correcto. (José M. Guelbenzu: Muerte en primera clase: Barcelona, Destino, 2012, 333 pp.)





martes, 24 de noviembre de 2015

Arturo Pérez Reverte: 'La reina del sur'

En la entrada anterior mencionaba que para algunos críticos ésta puede ser la mejor novela de Arturo Pérez Reverte. Coincido con ellos en parte y digo que  también me ha parecido mejor que El club Dumas y, por supuesto, que las infumables historias de Alatriste. A La reina del sur no se le pueden quitar méritos, entre ellos la abundancia y propiedad del léxico coloquial mexicano y el del hampa narco en particular; igualmente, aunque la historia no se cuenta de forma líneal y hay varios saltos en el tiempo, éstos no son tan complicados como para perder al lector o distraerle con asuntos secundarios; en varios momentos la acción es realmente trepidante y entretenida; las líneas o cabos de la acción se atan y desatan con soltura y los momentos de tensión están bien organizados, para dar un constante crescendo a la historia. Y algunas cosas más, como algún momento de lirismo bastante conseguido y que no suele ser frecuente en el estilo de Reverte.

      El mayor mérito, sin embargo, me parece el derivado de la experiencia periodística de Pérez Reverte. Al contrario de lo que le pasa en Alatriste, donde esa  recreación de la vida y el lenguaje de la España de los Austrias suena a erudición muerta y acartonada (comparado con La gloria de Don Ramiro, de Enrique Larreta, por ejemplo), el mundo de La reina del sur es un mundo cercano, que se nota experimentado o visitado en carne propia  y en primera persona, y todos los datos sobre las maniobras de los narcos, las corrupciones políticas, las investigaciones policiales se perciben al alcance de la mano. También, si se quiere, uno puede entender como mérito de la deuda-homenaje y la cargada intertextualidad que Pérez Reverte sigue mostrando aquí con Alejandro Dumas, pues la novela en cierta parte es la historia de una venganza similar en trabazón a la de El conde de Montecristo, que además es también la lectura de cabecera de Teresa Mendoza, la protagonista.


      Pero las limitaciones no me parecen de escasa importancia tampoco, y coinciden en general con los tópicos del bestseller que enumeraba David Viñas en su libro  sobre este tipo de literatura,  aunque también hay que decir que en algunos de esos tópicos La reina del sur se contiene de forma meritoria: personajes estereotipados, el itinerario del personaje principal  como Bildungsroman, componentes didácticos innecesarios, sexo a tiempo y a destiempo (y aquí Reverte no consigue medirse), sentimentalismo facilón, frases o sentencias que quieren ser literarias o filosóficas y se quedan solo a medio camino, protagonista 'larger than life', exotismo, etc. 


       Mis mayores reparos vienen de esos personajes que no alcanzan a tener vida propia, pues siempre acaban estando cortados por la peculiar personalidad del autor, que hace que sus caracteres y acciones se parezcan demasiado a los de un spaguetti-western o a una novela de Marcial Lafuente Estefanía, con una acartonada mezcla de rudeza, hastío y, como dirían los mexicanos, de valemadrismo. No es que esto esté mal, pero sí me lo parece el hecho de que Reverte, al contrario de otros escritores, no sepa crear personajes diferentes. Aunque aquí no se cae en el fácil maniqueísmo de otros bestsellers  (todos los personajes parece moverse o al margen de la ley o al margen de una moral general), lo cierto es que sin personajes redondos y únicos es muy difícil hacer una novela digna, y menos que la historia que contar sea a la vez buena y profunda. 


       Por eso tampoco me gusta el final, todo lo electrizante que se quiera, pero demasiado peliculero y en nada semejante al de una novela bien redondeada. Es lo que los americanos llaman 'flat final', es decir, un final sin relieve, demasiado obvio y esperable. La conclusión recuerda irremediablemente a esas películas 'basadas en un hecho real' que se cierran contándote la vida que siguieron sus personajes.  Y que el autor te haga esto después de haber repetido por activa y por pasiva que la lectura es mejor que  la televisión el cine y que la literatura es quizá la única redención posible, no deja de ser seriamente contradictorio. 

     Y aparte dejo  el mundo sombrío o pesimista de la novela. Quizá no quepa otra posibilidad en un mundo de novela negra como el que se nos quiere pintar aquí, donde sí aparecen algunos personajes más o menos heroicos o idealistas, pero al final el cinismo y el sarcasmo son los que acaban dominando el cotarro. Por todo ello me parece que La reina del sur no es una mala novela, pero tampoco una narración de primer orden. Y sigo con la duda de que su autor sea capaz de escribir algún día esa gran novela que lo instale entre los grandes.  (Arturo Pérez Reverte: La reina del sur. Madrid: Punto de lectura, 2010, 522 pp.) 





lunes, 30 de septiembre de 2013

Antonio Muñoz Molina: Beltenebros

Habiendo empezado este blog la lectura de Muñoz Molina con El viento de la luna, una de sus peores novelas, no me habían quedado muchas ganas de seguirle leyendo y, a pesar de todo lo bueno que he oído de él, no he podido evitar una general actitud de escepticismo hacia toda su obra. Beltenebros ha hecho disminuir ese escepticismo, aunque no del todo. Es, sin duda alguna, una novela mucho más lograda que El viento de la luna, quizá porque el argumento de Beltenebros resulta más interesante y menos ególatra que el de El viento;  también me ha dado la impresión de que aquí el lenguaje está mucho más trabajado, sin limitaciones evidentes por ningún lado y con con una soltura y riqueza que podrían ponerse como referencia para otros escritores. 

     De la misma manera, el tono narrativo y el narrador en primera persona son consistentes y bien mantenidos a lo largo de toda la novela, aunque en algún caso me parece que el empleo de ese narrador obliga al autor a escenas de una verosimilitud un  poco forzada, sobre todo ésa en la que Darman es testigo -detrás de una cortina- del encuentro erótico entre Ugarte y Rebeca Osorio (hija). Después de repensar la novela, creo que sigue siendo un punto débil, aunque también muy difícil de solucionar de otra manera. Más me han gustado algunas sorpresas y giros con revelaciones inesperadas y ofrecidas en el momento justo pero de una forma natural sin el cálculo artificial de muchas novelas detectivescas. Igualmente me ha convencido la habilidad de Muñoz Molina para construir una historia compacta y al mismo tiempo intrigante con pocos personajes que son a la vez simples y complejos por sus dobles identidades. También se agradece la ausencia de esos personajes secundarios que tanto abundan en otras novelas de este tipo y que distraen innecesariamente al lector sin aportar nada de hondura a la historia. 


El final de Beltenebros no deja de
recordar, para bien o para mal,
a El fantasma de la ópera, 

la novela de Gaston Leroux
     De todas formas, tampoco todo me ha convencido completamente. Me imagino que con esta novela Muñoz Molina ha querido rendir un homenaje al cine negro o al cine clásico, y no creo que lector alguno pueda evitar esas asociaciones durante su lectura. El  problema es que esto, que puede ser un mérito relativo de Beltenebros, cuando lo ponemos junto a otras novelas como Los dominios del lobo, de Javier Maríaso muchas de las de Vila-Matas, producen la impresión de que ese cine clásico parece estar convirtiéndose en una fuente de argumentos de novelas en momentos en que los escritores pueden no tener mucho que decir, o no saben crear una literatura más cercana a la vida. Así se explica también otra de las limitaciones que veo en Beltenebros. Y es que esa cercanía o dependencia del cine hace que sus personajes no acaben de tener vida propia, que los identifiquemos con actores o estereotipos como Humphrey Bogart o Rita Hayworth. Aunque, por supuesto, no estoy en contra de este tipo de novelas, siempre he creído que la literatura no debe mostrar esa dependencia de otras artes de forma tan continua y hasta monótona.

    El otro homenaje que me parece que ha querido hacer Muñoz Molina es a algunos aspectos de  la literatura gótica o de folletín, sobre todo en los momentos finales en que Darman persigue a Ugarte por los pasadizos de la boite y del cine, y que no he podido leer sin asociarlos a El fantasma de la ópera, la novela de Gaston Leroux (mucho mejor que cualquiera de sus adaptaciones cinematográficas). El encuentro con la otra Rebeca y el final de Ugarte me han parecido demasiado peliculeros y más propios de una novela de aventuras que de una con pretensiones un poco más serias, como parecía plantearse al comienzo.

    No sé cuál será la siguiente novela de Muñoz Molina que vaya a leer, pero para ser positivos, Beltenebros me ha convencido de que su autor puede escribir cosas mucho mejores que El viento de la luna, y de que quizá pueda escribir una gran novela si sabe independizarse un poco más de la cultura o de sus fijaciones ideológicas y acercarse un poco más a la vida. Por eso, le doy tres estrellas, y por su final feliz y redentor -pero sin ñoneces- no le pongo la carita triste.


 

lunes, 10 de septiembre de 2012

Más carcajadas silenciosas ('Fortunas y adversidades de Sherlock Holmes', de Carlos Pujol).

En las otras obras  de Carlos Pujol comentadas en este blog he contado que uno de sus méritos más interesantes es ese sentido del humor británico, que te hace leer muchos de los pasajes de cada libro en un estado de constante 'carcajada silenciosa'. Este es otro ejemplo más, y quizá más logrado que los anteriores, y sin que esto quite mérito al entramado de cada una de las dieciséis breves historias o episodios (me resisto a llamarlos cuentos) que componen el volumen. Un poco menos logrado me parece el intento de humanizar a Sherlock Holmes que se anuncia en el prólogo. Quizá en esto tenga que ver el estilo de Carlos Pujol, que tiende a los párrafos muy medidos y a unas frases muy cuidadas y perfectamente construidas. Esto y la amplitud de su vocabulario nos dice que podemos aprender mucho de su técnica pero me parece que al final esa insistencia en la exactitud acaba contagiándose a los personajes y estos se convierten en algo muy bien perfilado y caracterizado pero con poca vida real. Aunque, tratándose de británicos, quizá esto sea un acierto involuntario y entonces Fortuna y adversidades se trate de un trabajo perfecto. La verdad es que me gustaría pensar esto de un autor como Pujol, cuyos universos y personajes destilan un optimismo y una entereza vital mucho más atractiva que los de tantos rolletes posmodernos. 

     Salvo una, todas las historias están contadas por el Dr. Watson, y son de argumentación y temática variada: meditaciones sobre la labor detectivesca, casos policiacos 'omitidos' por Conan Doyle, intentos de Watson por acabar con la soltería de su amigo, sátiras costumbristas, amenas reflexiones y juegos acerca de la intertextualidad literaria... Aunque para disfrutarlo al máximo hay que conocer al menos algunos casos y personajes del 'verdadero Sherlock Holmes', las historias se leen fácilmente y entretienen y divierten. Muy apropiada para pasar un buen rato, para iniciarse en la original literatura de Carlos Pujol y para contemplar la posible vida escondida de Sherlock Holmes. Obviamente el título nos dice que el autor ha querido hacer lo que hicieron los muchos continuadores de
El Lazarillo. A mi juicio lo ha conseguido y ha escrito un libro que debería ser considerado una continuación de las novelas e hitorias del detective de Conan Doyle. Y otra razón más para felicitar a la editorial Menoscuarto, que sigue de acierto en acierto (Carlos Pujol: Fortunas y adversidades de Sherlock Holmes. Palencia: Menoscuarto, 2007, 132 pp.).



viernes, 27 de enero de 2012

La playa de los ahogados (Domingo Villar)

Prácticamente todas las reseñas que he leído sobre esta novela son positivas, y no me extraña. A mí también me ha gustado y convencido, y la he acabado por incluir en mi lista de libros recomendados. Digo de paso que el cuaderno en que el padre de Leo Caldas apunta los nombres de los tontos e hiperlactantes (eufemismo culto para “mamón”)  que va encontrando en el camino, me ha sugerido la idea de crear una lista de libros “hiperlactantes” para este blog, pero ya veremos, todo se andará; por ahora todos los que han recibido una estrella, y algunos de los de dos podrían caber en esa nueva categoría.

jueves, 8 de diciembre de 2011

La estrategia del agua (Lorenzo Silva)

He leído esta novela con la referencia inevitable  de El alquimista impaciente, la anterior novela de Silva con Vila y Chamorro como protagonistas. También lo he leído para “desengrasar un poco”, pues ya llevaba tiempo deseando leer algo ligerillo. Y, como El alquimista, La estrategia me ha entretenido y me ha dado alguna que otra agradable sorpresa, pero me parece también que tiene demasiadas lagunas. Es una  novela donde siguen gustando los personajes de Vila y Chamorro,  donde por fortuna la intención es políticamente incorrecta pero donde el caso se resuelve con excesiva facilidad.   
     Los dos novelas comparten algunas virtudes técnicas y formales, entre ellas la facilidad de lectura y la sencillez estilística; también la intriga creada desde el principio y bien mantenida hasta el final y los diálogos divertidos –a veces quizá demasiado insistentes–  entre Vila, Chamorro y Joan Arnau, el nuevo miembro del equipo. El hecho de que Silva se haya basado en parte en un suceso real (la llamada ‘Operación Garaje’), puede explicar que algunos de los personajes laterales, como Monserrrat o Magdalena tengan un poco más de consistencia que los personajes paralelos de
El alquimista.  En cuanto a Arnau, la contraportada quiere vender la idea adicional de una evolución psicológica profunda en la relación entre este y Vila, pero, la verdad, a mí me ha parecido  algo más bien mecánico y bastante visto y revisto en películas y series televisivas. Por el contrario, la relación con Chamorro va haciéndose más entera y singular, y, a pesar de algunas repeticiones, sigue siendo de lo más original de la novela. También tienen su mérito algunas páginas sobre el Madrid nocturno, un poco más líricas y personales que el resto, y creo que es una veta que Silva debería explorar con más frecuencia. De la misma forma, la presentación del desencanto profesional de Vila está conseguida pero creo que se insiste demasiado  y a no ser que Silva le dé continuidad en novelas posteriores, parece ser más bien un añadido sin funcionalidad real en la totalidad del argumento.
      Pero frente a esos méritos me parece que pesan algo más las limitaciones. Aparte de ese estilo que no defrauda pero que tampoco acaba de despegar y lograr unas claras marcas de originalidad, el desarrollo del argumento me ha parecido bastante inferior a El alquimista y  a otras novelas semejantes. Quizá sea a causa de su base histórica pero el hecho es que la resolución del asesinato se da de forma demasiado mecánica y “facilota”. Es decir, este no se resuelve tanto por la pericia e ingenio de Vila y compañía sino por las ayudas, facilidades  y confidencias que estos reciben de colegas, soplones, escuchas telefónicas, etc. Realmente ellos tienen que poner muy poco de su parte, y se limitan a encajar mecánicamente los datos que reciben de esas ayudas.   Hay demasiado trabajo de oficina y tecnología y muy poco trabajo de campo, y por eso, al final, uno tiene la sensación de haber pasado más tiempo en un laboratorio de criminología que en una serie de intercambios y entrevistas donde detectives y sospechosos y testigos dejan ver lo que suele ser más interesante en este tipo de novelas. La parte positiva, si se quiere ver así, es que esa atención que aquí recibe la tecnología es, sin duda alguna, un reflejo de la presencia que esta está realmente adquiriendo en la vida de todos los días.
     Aparte de la base real de la historia, la intención de denuncia por parte del autor es otra de las razones que me parece que explica algunos aspectos más (negativos y positivos) del libro. Entre los primeros, a veces esa denuncia es demasiado evidente y parece convertirse en un pequeño sermoneo criticando la corrupción o ineficiencia del sistema judicial español y su connivencia con algunos postulados de la ideología de género. Poco nuevo en este sentido. Por el lado positivo creo que está la crítica de Silva a lo que se quiere imponer como políticamente correcto (en este caso, manifestaciones como la ideología de género, el culto al cuerpo, etc.). En sus momentos más logrados, La estrategia se convierte en un alegato a favor de la libertad de pensamiento y de apoyo a un grupo de personas (los padres y hombres) que han tenido que sufrir las limitaciones del sistema o de otras personas que han abusado de esas leyes (leyes cuya intención me parece justa, obviamente). Por eso La estrategia hay tanto hombres buenos y malos como mujeres buenas y malas, como en la vida misma, y por eso La estrategia no es un libro apto para machistas cerriles ni para feministas dogmáticas. Porque además ganan los buenos.
      En resumen, una novela mediana, para pasar el rato, que se lee rápida y fácilmente, con algún mérito formal aislado, un valor de denuncia justo y claro, y un perfil de personajes donde se alterna lo más y lo menos conseguido (Lorenzo Silva: La estrategia del agua. Barcelona: Destino, 2010, 384 pp.).






domingo, 2 de octubre de 2011

El animal piadoso (Luis Mateo Díez)

Hasta donde conozco El animal piadoso es la primera incursión de Mateo Díez en el subgénero de la novela policiaca.  Y a mi juicio sale victorioso sobre todo por haber conseguido una novela que, respetando las exigencias del género, es a la vez muy personal y de un cuidado estilístico ejemplar.
     Lo que queda claro desde el principio es que estamos de nuevo ante un escritor con un estilo muy propio y con un dominio del lenguaje y sus recursos literarios que debe ponerse a la cabeza de lo que hoy se escribe en España.  Puede que su estilo no complazca a  los lectores que vayan buscando rapidez y velocidad en la narración, pero, como ya se sabe, Mateo Diez es ante todo y magistralmente un escritor y “descritor” de atmósferas y ambientes, y para eso nos ofrece un lenguaje lleno de imágenes y comparaciones felices y siempre nuevas, resultando en una muestra de lo que puede hacerse con ese material y lo que parece que se les niega a otros. No es una lectura fácil (tampoco muy difícil) pero es una lectura enriquecedora y necesaria para compensar los malos ratos que nos hacen pasar otros y otras que se acompañan de mucho más ruido mediático. 

       Como digo, el argumento es de tipo policiaco y se ambienta en el mundo de Celama que Mateo Diez ha ido creando y enriqueciendo en otras narraciones previas. De hecho esta conexión con Celama será una de las diferencias principales entre los  lectores de la novela. A quienes la conozcan ya, se les hará fácil habitar los lugares y la mitología propia de Mateo Díez y seguirán disfrutando de la capacidad del narrador para ensanchar ese mundo. Quienes se inicien con Celama a través de este libro, se encontrarán en terreno ajeno al comienzo pero no creo que les cueste mucho adentrarse en él, contagiados por la familiaridad y facilidad con que se mueve por él el autor. Quizá por eso me parece que los personajes de El animal piadoso están más vivos que en El expediente del náufrago, pues en El expediente el lugar de la anécdota no llegaba del todo a abandondar del todo el terreno de lo brumoso, y los nombres de los personajes aparecían anclados en la verosimilitud  mucho menos que en esta novela.
     La anécdota principal (el retirado comisario de policía Samuel Mol que por coincidencia acaba recuperando un viejo caso irresuelto) sirve al narrador para orientar las principales inquisiciones de la novela acerca de ese pasado que regresa al presente a pesar nuestro y de forma incontenible, y se cuela a través de los sucesos de la vida diaria, de esos personajes que siguen conviviendo con nosotros, del remordimiento y  de la culpa,  y de los errores, los pecados y la posible necesidad del perdón… Quizá es aquí donde yo le pondría más pegas a El animal... Como ocurría en El expediente, aunque ahora se da en un tono más mitigado, el pesimismo sigue siendo la actitud dominante. Tampoco aquí  se ve prácticamente ningún personaje feliz, lo que quizá se justifique por la exigencia del género; la esperanza que asoma por los labios de Samuel y alguno de sus interlocutores al final da la impresión de estar llamando a una puerta que nunca acaba de abrirse.
     Samuel y Elicio, el  principal sospechoso, aparecen bastante bien individualizados, y en general también todos los protagonistas de la anécdota, que por alojarse en Celama y en una atmósfera concreta no se convierten en estereotipos ni personajes de cartón piedra. Y conseguir esto en un género tan manido como el policiaco no deja de tener su mérito.  Como consecuencia lógica, el desarrollo del argumento es más lento –también más profundo– que en las policiacas más comerciales. Tampoco coincide con estas en su presentación de un  amplio número de posibles sospechosos, o también de muchas pistas que despistan, o de las muchas posibilidades hipotéticas que habrían explicado la mecánica del asesinato. Por contraste, hay otros momentos o personajes, como el encuentro de Samuel con su hija y su conversación con ella que son de antología. En cualquier caso, a pesar de esa lentitud argumental y de algunos momentos o planteamientos cuya verosimilitud o pertinencia podría cuestionarse (el itinerario del asesino la noche de autos, el episodio del maletín), en su conjunto la anécdota está bien encadenada y además de no dejar cabos sueltos, esa densidad hace que al final El animal piadoso resulte mucho más gratificante y meritoria que los relatos más tópicos del género.
     A pesar  quizá de algún descuido en los detalles de logística de ejecución, todo esto convierte a El animal piadoso en una novela renovadora del género, y a su autor en un escritor que muestra que puede navegar con soltura y profundidad por más de un modelo narrativo. Lo cual, y con otras excepciones notables como Jiménez Lozano y su Agua de noria, sigue sin ser tan frecuente como debería. Así los lectores ideales de la novela serían, aparte de los fans de Mateo Díez y de la buena literatura, aquellos aficionados al género policiaco a quienes les interese alejarse de los modelos más facilones y tópicos de la misma y estén interesados en explorar los matices y posibilidades que la misma puede producir en manos de narradores que prefieren la riqueza del arte a los ruidos de la popularidad (Luis Mateo Díez: El animal piadoso. Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2009, 349 pp.).
    EnlacesEl expediente del náufrago (Luis Mateo Dìez)Agua de noria (José Jiménez Lozano) 




jueves, 31 de marzo de 2011

Un asesinato piadoso (José María Guelbenzu)

Tratándose de una novela negra, creo que la mejor forma de calificarla es decir que se trata de una novela con claroscuros, y también con más luces que sombras.

Lo más sobresaliente me ha parecido el diseño general y el desarrollo del argumento, pues comienza con un asesinato que al principio parece trivial, claro y casi anécdotico, para luego ir  creciendo y complicándose, como si fuera una especie de bola de nieve, hasta llegar a una dimensiones inesperadas y sorprendentes, aunque quizá, para algunos lectores, demasiado truculentas. Junto a ello tenemos esos momentos en que el estilo de Guelbenzu consigue liberarse de las convenciones de la narración policiaca y asomar en su originalidad. Y esto, como todo el mundo sabe, no es fácil. Un género tan definido como éste obliga al autor a someter su lenguaje a muchas leyes inescapables, como son esos diálogos inquisitivos o esas series de razonamientos que deben ser guiados por la lógica. Por supuesto, Guelbenzu, sigue esas normas, pero en los momentos en que no son necesarias despliega un estilo personal y bien trabajado, con algún prosaísmo menor que desaparece en la belleza del conjunto.

Con otros detalles del argumento y con algunos de los personajes, y con la misma Mariana de Marco he tenido tanto encuentros como desencuentros. Así como el suceso del cobertizo me parece bien enredado y confuso -en el sentido positivo del término-, el asunto del ordenador me parece excesivamente complicado e inverosímil. De la misma manera, la forma de desenmascarar al culpable en el penúltimo capítulo me ha parecido demasiado peliculera, aunque su preparación en uno de los capítulos previos ha sido también presentada con gran habilidad y una muy apropiada ambigüedad. El capítulo del sueño o pesadilla de Mariana ha sido también otra agradable y original sorpresa, así como esos diálogos de Mariana con la niña, que a la vez ocultan y revelan el misterio.

El coro de personajes secundarios en general funciona bien, tanto los posibles sospechosos como los ayudantes, en especial ese detective Alameda, que da la impresión de moverse con hilos propios y no a merced ni del narrador ni de la juez. Igualmente son redondos los diálogos y la figura de con Carmen, la antigua secretaria de Mariana. Menos me han convencido los 'amantes' de la juez, que parecen meros comparsas para poder ahondar en la psicología de esta. 


En cuanto a Mariana, esta cabe dentro del grupo del los típico detective de la novela negra, comprometidos y competentes en su trabajo, pero con una vida personal inestable o conflictiva. Mariana se muestra al mismo tiempo ágil y falible en su tarea, lo cual la hace más verosímil, pero creo que innecesariamente desorientada en su vida personal. En este caso, unas veces aparece firme y decidida, otras perdida, otras veces es una especie de femme fatale y otras parece más bien una  acomplejada ninfómana moviéndose alrededor de un vacío que no sé si es ella o el narrador quienes no saben llenar. Puede tratarse de un recurso para mantener a Mariana en esa casilla del detective problemático, pero también de haber llegado a un punto donde esta vida privada tan maleable puede acabar convirtiéndose en un comodín de quita y pon para cada novela protagonizada por ella. Y, la verdad, creo que Guelbenzu, tiene recursos suficientes para evitar esto último.

En resumen, una novela para pasar un buen rato -la intriga está bien conseguida- y ver cómo la habilidad personal de su autor sobresale por encima de las convenciones del género. Pero también es una novela que leída con un poco más de cuidado y exigencia presenta fracturas que no debería. En cualquier caso y a pesar de que no me haya convencido por completo, aquí no voy a revelar el nombre del culpable, como hice al comentar en el blog El premio, de Vázquez Montalbán. (José María Guelbenzu: Un asesinato piadoso. Madrid: Alfaguara, 2008, 380 pp.).



viernes, 28 de enero de 2011

Cada vez que decimos adiós (Carlos Pujol)

Cada vez que decimos adiós es la segunda novela que leo de Carlos Pujol, y también esta vez he quedado contento. Como en El teatro de la guerra, todo en ella parece estar medido, cada frase,  cada diálogo, cada escena... Ni falta ni sobra nada. Una curiosa muestra de ese afán de precisión puede ser la extensión casi uniforme de los párrafos narrativos o descriptivos de la novela, de unas ocho a diez líneas casi todos ellos y construidos en torno a una o dos frases principales en las que se van insertando con exactitud de relojero cada una de las palabras o expresiones que parecen hechas para ese momento. 

Pero aparte de esto y de algunas frases y diálogos breves especialmente brillantes, lo mejor es,sin duda alguna su intención paródica de las novelas detectivescas, y de manera principal las de Agatha Christie. Cada vez que decimos adiós recuerda inevitablemente a novelas como Diez negritos o Asesinato en el Orient Express, con sus víctimas y sospechosos viviendo en un mismo techo bajo el que ocurren uno o varios asesinatos que parecen romper toda lógica, en este caso por la inmediata e inexplicable desaparición de los cadáveres. La solución final también es original y es de esas que una reseña no puede ni debe revelar.

L
a parodia se produce sobre todo por el enfoque elegido por el narrador, un español profesor de castellano que vive en la pensión de una ciudad escocesa rodeado de personajes singulares, descritos a modo de figuras de cartón piedra, de commedia dell'arte o de película de Chaplin. Sin embargo no llegan a ser personajes completamente librescos o artificiales, y en varios de ellos asoma una humanidad también única y atractiva, especialmente en el caso de Theresia, la abstraída enamorada (?) del narrador. En otros ocasiones esos personajes son más bien portavoces de las ideas singulares e irónicas del autor, pero todo ello coordinado e insertado en la narración con elegancia y originalidad, sin que ésta se convierta en un mero pretexto doctrinario o pedagógico.

Como historia, Cada vez que decimos adiós, también funciona, aunque quizá no satisfaga a quienes gusten de argumentos emocionlaes y situaciones límites. Y es que el lector ideal de esta novela tiene que estar familiarizado con el mundo literario y cinematográfico al que continuamente se refieren  los guiños de Pujol, unos guiños que para ese lector van a resultar en continuas 'carcajadas silenciosas'. En este sentido el libro es divertidísimo y una pequeña obra maestra, imprescindible para este tipo de público.

Así  pues, otro acierto de Carlos Pujol, que disfrutarán sobre todo los aficionados al género policiaco y de la parodia metaliteraria. Si se va buscando una simple historia detectivesca es probable que acabe defraudando. De los libros comentados hasta ahora en este blog, el más parecido es sin duda alguna Los amigos del crimen perfecto, de Andrés Trapiello, también en mi lista de recomendados. (Carlos Pujol: Cada vez que decimos adiós. Barcelona: Seix Barral, 1999, 190 pp.).



jueves, 21 de octubre de 2010

Las islas extraordinarias (Gonzalo Torrente Ballester)

Esta interesante y lograda novela corta de Torrente Ballester resulta entretenida y fácil de leer. Al mismo tiempo, encierra una crítica profunda y seria sobre los mecanismos del poder y las tendencias de dictadores y gobiernos a regular la vida personal de sus ciudadanos y a crear una especie de utopía o estado de bienestar que adormezca o apague las iniciativas individuales.

La novela en sí me ha parecido sencilla e intensa. Sencilla porque no presenta complicaciones estructurales o compositivas. La acción es lineal y la única voz narrativa es la del detective y principal protagonista, contratado para desenmascarar la conspiración contra Su Excelencia, el dictador de las Tres Islas. El desenlace también sorprende y es de ésos que las reseñas no deben revelar. Igualmennte, el lenguaje huye de complicaciones y rebuscamientos, pero se nota ágil y rico. 


Y me ha parecido intensa porque el autor ha sabido muy bien evitar la creación de un mundo completamente utópico o fantástico, sin conexiones con el nuestro. A través de ciertos recursos, como esos puentes que unen a las islas con el continente o ese conocimiento que los isleños tienen del resto del mundo, la vida casi perfecta pero también inhumana de las Tres Islas se nos presenta como algo mucho más cercano y posible hasta la amenaza. 
En este sentido, quizá el logro que más me haya llamado la atención es la entidad de los personajes, que en una novela como ésta podrían haber quedado reducidos al mero nivel de símbolos pero que sin embargo al final también resultan individualizados y casi de carne y hueso, y por eso más cercanos al lector. Los diálogos que el detective mantiene con los diferentes responsables de las islas son una reflexión lúcida y perturbadora sobre los mecanismos y los alcances del poder, y darían para bastantes discusiones de fondo. Más de un lector no podrá leerlos sin cierto temblor por su evocación de gobiernos más o menos democráticos. 

El autor ha sabido mantener el equilibrio en todo ello, y tanto la acción de tonos detectivescos o de aventura, como las reflexiones políticas o las propiamente interiores del narrador guardan la proporción debida, que hace que no se eche en falta nada, ni nada se considere supefluo. Al final, una novela necesaria, que en cierto sentido puede resumir o 'ahorrar' la lectura de otras novelas de dictadores, como El Señor Presidente, Yo el Supremo, o El otoño del patriarca. (Gonzalo Torrente Ballester: Las islas extraordinarias. Barcelona: Planeta: 1994, 168 pp.).



sábado, 1 de mayo de 2010

Los amigos del crimen perfecto (Andrés Trapiello)

Hasta ahora, la única novela que he leído de Trapiello, y me ha dejado un buen gusto de boca. Su planteamiento me ha parecido muy original. Es una novela policíaca que a la vez y de forma natural es una metanovela, una poética, un elogio y una parodia de toda la literatura detectivesca. No se ven muchas combinaciones así. Los personajes tienen más vida libresca que real, pero esto es precisamente lo que mejor encaja aquí, y el argumento está bien trabado y bien resuelto, aunque los expertos quizá piensen que el crimen que se narra no fue tan perfecto como se propone.

De forma natural Trapiello usa el texto para soltar sus demonios sobre la España actual, sobre lo políticamente correcto o sobre la ideología que se impone desde los ministerios. Barre con izquierdas, con derechas y con superficialidades existenciales y obsesiones guerracivilistas (que he agradecido y suscrito con gusto).

Dos cosas que a mi juicio habría que revisar: 1) la voz narrativa se cae un par de veces en las que la hilazón de la trama acaba resultando excesivamente débil (El resto de la narración se sostiene bien). Y 2) la transformación del principal personaje, de antihéroe a semihéroe, no acaba de ser consistente aunque sí gratificante. No pasa nada si se quiere mantener el argumento en el nivel no-mimético, pero sí puede ser una pequeña laguna si se pretende el realismo convincente, como creo que es el caso.

En cualquier caso, estas dos prevenciones no desmerecen el conjunto, y no deben impedir que el lector disfrute de lo que es un verdadera y afortunada ‘invención literaria’. Interesante como lectura de clase, y también fácil de leer, aunque conviene que los alumnos estén familiarizados al menos un poco con la novela policiaca. (Andrés Trapiello: Los amigos del crimen perfecto. Barcelona: Destino, 2003; Premio Nadal 2003).
  

viernes, 30 de abril de 2010

El alquimista impaciente (Lorenzo Silva)


Novela detectivesca –la segunda protagonizada por la popular pareja mixta de la Guardia Civil– de la que creo que son más importantes (e innegables) sus aciertos aislados que su mérito de conjunto. La original figura de la pareja de detectives y los recursos extraíbles de ellos (el humor alrededor del apellido del agente, y la posible relación sentimental de ambos) se acompañan en esta novela de otros aciertos como la figura de la mujer de la víctima y sus diálogos con Becvilacqua o el recurso a ese asesino que muere antes que la víctima. Otros personajes me parecen más tópicos y creo que podrían haber sido mucho más profundos. Quizá lo que más me sorprendió es no encontrar en ella una novela con más carga psicológica, dado que el principal detective tiene esa carrera universitaria. Los demás personajes no dejan de ser un poco tópicos aunque uno no puede de reconocer la originalidad de la chica rusa. Sin embargo, lo que más me preocupa es el nivel estilístico de la novela. En algunos momentos Silva manifiesta versatilidad para acomodar el lenguaje a personajes y situaciones, pero en su conjunto no se ven hallazgos lingüísticos felices y prometedores. Creo que debería esperarse más de un Nadal. Eso sí, la novela se lee de un tirón. Mis alumnos coincidieron en lo que comento arriba: una novela entretenida, con aciertos sueltos innegables, pero con un lenguaje necesitado de más altura literaria y unos personajes medianamente profundos. (Lorenzo Silva: El alquimista impaciente. Barcelona: Destino, 2000; Premio Nadal 2000).



martes, 27 de abril de 2010

El premio (Manuel Vázquez Montalbán)


Decidí leer este libro pensando en la clase que a veces doy sobre los premios literarios en España. No puede negarse que Vázquez Montalbán tiene experiencia como narrador, pero creo que en este caso los méritos le vienen más por viejo que por sabio. La organización del argumento no deja de ser acertada para una novela detectivesca, pero los personajes me parecen de cartón piedra y el lenguaje más bien mediano y mejorable, aunque no dejan de aparecer aquí y allá algunas frases felices que no logran ocultar la medianía del conjunto, ni tampoco la excesiva presencia de coloquialidades.

La crítica social a la
jet es de lo más insulsa y previsible. No menos decepcionante fue para mí el personaje de Carvallo, de quien había oído maravillas. No me pareció tal. No tiene fondo y lo único que le hace diferente es su afición por la gastronomía –más externa que psicológica– y su procedencia política, semejante a la de su autor, que le lleva a rajar de la izquierda por no haber hecho lo que Vázquez Montalbán cree que podían haber hecho con la democracia. Y eso lo dice una y otra vez. Para los que no la quieran o vayan a leer, les puedo decir que el culpable es la mujer del empresario, la única que tenía acceso a la mesilla donde éste guardaba las pastillas. Lo siento por los que la tengan que o la vayan a leer pero creo que desvelar el final en este caso es prestar un servicio y ahorrar tiempo a los lectores y futuros amigos. (Manuel Vázquez Montalbán: El premio. Barcelona: Planeta, 1996).

martes, 20 de abril de 2010

Agua de noria (José Jiménez Lozano)


Como todo lo de Jiménez Lozano, Agua de noria es una novela sobresaliente que deja ver la capacidad y los merecimientos del premio Cervantes. Tanto el argumento como los personajes y el lenguaje están bien trabados y cohesionados. Siendo una novela policiaca, Jiménez Lozano no cae en los tópicos del género y da vida a personajes individuales, a un argumento sostenible y verosímil –y por desgracia probable– y a un lenguaje literario cuya oralidad no opaca para nada la claridad exigible al relato policiaco. Por si fuera poco, su crítica y sorna de lo políticamente correcto y de las corrupciones de distinto nivel (médico, profesional, político) no sólo superan el facilón aire de denuncia de la ‘novela negra’ más típica sino que dejan bien clara la libertad interior y de pensamiento que caracterizan al autor y que parecen tener a tantos escritores aherrojados y pensando ‘inside the box’, como dicen en EEUU. Por si fuera poco, la habilidad del autor para crear esos personajes sencillos tan amables y únicos resulta realmente reconfortante. Una lectura obligatoria para los lectores de novela policiaca, para los lectores de novelas, para todos. (José Jiménez Lozano: Agua de noria, Barcelona: RBA 2008).

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