Mostrando entradas con la etiqueta Novela corta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Novela corta. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Eloy Tizón: Seda Salvaje


Ésta es la segunda novela que leo de Eloy Tizón. La primera fue Labia, que acabé incluyendo en mi lista de recomendados, lo mismo que creo que debo hacer en este caso.  Y lo hago por dos razones. La primera porque me parece bien escrita, con un estilo donde se nota el deseo del autor de crear un modo propio de hablar-escribir, y que evita los clichés y las frases hechas. La otra es que no me ha sonado a una repetición de su otra novela, ni en ese estilo ni en el tono o tipo de argumento que aquí aparecen. Y esto es de agradecer mucho, como oposición a esos escritores que parecen tener un solo registro o que una vez que han dado con una fórmula de cierto éxito –sean bestsellert o  no- la repiten por activa y por pasiva, por compromisos editoriales o por intereses extraliterarios.

Otro de los méritos me lo ha parecido la forma de organizar el argumento. Aunque el mundo que retrata es más pesimista de lo que me gustaría, Tizón no abunda en ello. Ese morbo por escarbar en la vida o en la identidad de los demás se aplica o se vive en varios casos para ejemplificar las miserias del protagonista  para luego pasar a concentrar esa conducta en uno particular que pueda servir a la vez como símbolo de todo ello pero evitando caer en una casuística innecesaria.  Por otro lado, ese argumento acarrea temas y cuestiones propias de la posmodernidad pero al mismo tiempo bien trabadas y sin insistencias innecesarias. Entre ellas están la fluidez de las identidades o la posibilidad de que esas actitudes voyeuristas  e inciviles se vuelvan contra uno mismo y acaben derrumbando toda posibilidad de convivencia social.

Como se ve, no es una novela para alegrar la vida a nadie, pero literariamente sí deja muy claro las posibilidades a las que su autor sería capaz de llegar. Tanto Labia como Seda salvaje, son dos buenas novelas cortas y las únicas que he leído de Tizón hasta ahora. Lo lógico entonces es esperar que su autor nos acabe entregando algún día una gran novela. (Eloy Tizón: Seda salvaje. Barcelona: Anagrama, 1995, 142 pp.). 


viernes, 28 de agosto de 2020

Sal gorda, demasiada (‘El cantante de boleros’, de Javier Tomeo)


Después de Amado monstruo y Problemas oculares, ésta es la tercera narración de Javier Tomeo que comento en este blog. Como en Amado monstruo tenemos un inesperado final relativamente logrado –no tanto en este segundo caso– y, como en Problemas oculares, un tono grotesco e irreverente hacia todos los protagonistas de la novela. Esos personajes, que nunca llevan una vida normal, protagonizan una historia contada por un narrador-personaje de cortas luces  y concluida con un final que quiere ser, sin lograrlo, verosímil y ridículo al  mismo tiempo.

     No es una novela difícil de leer, pues ya sabemos que a Tomeo no le gustan las complicaciones técnicas ni las pirotecnias verbales; tampoco es una novela aburrida, pues tiene momentos realmente hilarantes y conseguidos. Pero tampoco es una gran novela  ni tampoco añade nada nuevo a lo que el lector haya podido leer en los dos libros que he comentado ya aquí. Seguramente, Tomeo se siente a gusto en este tono y con este tipo de historias, pero repeticiones como ésta son las que suelen negar a un escritor el estatus de clásico.

         Como he dicho la principal limitación me parece ese intentar un final verosímil en una historia que ha estado plagada de personajes del esperpento y de humor grotesco y de sal gorda hasta la saciedad. Aunque en general esté bien escrita –algún que otro prosaísmo se nota en sus páginas- la anécdota y los personajes se mueven en un ambiente que parece sacado de las historietas de El Jueves, con los genitales y el estómago grandes y la cabeza pequeña. O la decepción puede venir también por esperar que el título fuese más acorde a la historia y esperar en consecuencia que el autor supiera entrar en harina y ahondar en las maravillas musicales del bolero. Pero ya se ve que a Tomeo el lirismo y las profundidades no le van.  O por lo menos en esta novela no ha querido o sabido llegar a ellas (Javier Tomeo: El cantante de boleros. Barcelona: Anagrama, 2005, 177 pp.)




martes, 1 de septiembre de 2015

Soledad Puértolas: 'El bandido doblemente armado'

Esta es la segunda novela que leo de Soledad Puértolas, después de La rosa de plata, que ya comenté en el blog. Quizá porque las dos se traten de relatos que no pretenden ser  especialmente ambiciosos, hasta ahora no puedo decir que mi opinión sobre su autora corresponda con el prestigio que le confieren otros críticos y algunos medios periodísticos y culturales, o el hecho de que sea miembro de la RAE.

     Si en La rosa de plata me parecía ver una narración original pero desigual, aquí me ocurre algo parecido, aunque los méritos y deméritos son un poco distintos. En El bandido doblemente armado he encontrado un  tono narrativo bien mantenido y uniforme, propio de los escritores que trabajan bien sus textos, que los leen y releen hasta eliminar todo tipo de disonancias y asperezas. En este sentido es una novela compacta y sólida. Lo mismo he de decir del final de la historia. Con el encuentro del narrador con “Dicky” y la recapitulación sobre las trayectorias y destinos de los miembros de la familia Lennox, todos los cabos que habían ido quedando sueltos a lo largo de la narración quedan cerrados de forma verosímil y convincente, con conclusiones más o menos felices  (como la vida misma), y redimiendo en parte la desesperanza y el nihilismo que había dominado en todas las historias particulares de los capítulos previos. 

       Mi prevención principal tiene que ver precisamente con esos capítulos previos. Si la novela se entiende como una novela de ambiente –y creo que esta es la línea que le ha querido dar la autora– el sentido de intriga queda relegado a los márgenes y el argumento se resuelve en una sucesión de escenas más o menos autónomas y que tienden a cargarse de intensidad emocional. Desde este punto de vista, El bandido... es una novela conseguida, por ir a lo esencial y eliminar detalles innecesarios, y por mostrar sobre todo, al modo de la nivolas de Unamuno, los conflictos más esenciales de sus personajes, que sí se dan suficientemente individualizados y con vida propia, muy lejos de estereotipos y acartonamientos. Y quizá este sea el mayor logro de la autora. 


A pesar de sus méritos, así de desorientado puede sentirse 
a menudo el lector de El bandido doblemente armado
          Sin embargo, al leer esos capítulos uno también tiene la impresión de que esa falta de intriga es a veces excesiva y que el lector va a preguntarse demasiadas veces a dónde está llevando la autora su historia, sus personajes y al propio lector. Como he dicho, todo eso queda resuelto en el capítulo final, pero en los anteriores ese extenso sentido de desorientación puede desanimar a más de uno. Si a esto unimos que el tono comedido de la voz narrativa reduce a menudo la intensa carga emocional que podrían haber adquirido varias de escenas, y que el lenguaje mismo, aunque trabajado y competente, no llega a las alturas líricas que suelen ser normales en las buenas novelas de ambiente, el resultado final no creo que sea el propio de una novela de primera línea.

      En pocas palabras, El bandido doblemente armado puede considerarse una novela breve digna pero no sobresaliente. Y, sinceramente, espero que tenga que  cambiar mi opinión acerca de Puértolas cuando lea alguna novela suya de vuelos o ambiciones más altas. (Soledad Puértolas: El bandido doblemente armado. Barcelona: Anagrama, 1989, 138 pp.).

jueves, 30 de octubre de 2014

Antonio Muñoz Molina: 'En ausencia de Blanca'

Novela breve, de
psicologías y ambientes,
no apta para lectores de
bestsellers
Ésta es una novela muy diferente a las dos anteriores que he leído de Antonio Muñoz Molina: El viento de la luna (que casi incluyo en mi lista de infumables) y Beltenebros (que casi incluyo en mi lista de recomendados). En este sentido, y dado que En ausencia de Blanca me ha parecido también una buena novela, a Muñoz Molina lo voy incluyendo en ese grupo de escritores que procuran no repetirse a sí mismos y seguir buscando nuevos tipos de historias y nuevas formas de contarlas. Muy al contrario de los satisfechos consigo mismos.

    Tengo la impresión de que esta novela está cargada de bastante autobiografía, no sólo por su ubicación en Jaén sino porque la relación amorosa entre Mario y Blanca contiene unos tonos y detalles menores que resultan mucho más fácil explicar como experiencias directas que como invenciones librescas. Me temo que habría que preguntárselo a Marilena Vico o a Elvira Lindo para saberlo. En cualquier caso, en este aspecto, me parece una novela conseguida, aunque no entiendo my bien por qué su autor no la menciona en su autobiografía. Quizá se deba a que se trate de una obra menor en extensión y ambición que las otras dos; sin embargo a mí me ha parecido bastante más intensa y condensada, más cuidada en su lenguaje y con menos flecos sobrantes.

      La relación amorosa del mediocre Mario con la más bohemia y vitalista Blanca es una buena fuente para ver un interesante contraste de personalidades, dependencias e identidades literarias; igualmente el capítulo inicial consigue despertar unas inquietudes e incertidumbres a propósito de la identidad de Blanca y del propio Mario que a mi juicio quedan satisfactoriamente resueltas al final de la novela. También me ha gustado esa crítica que hace el autor del mundo artístico provinciano o menos provinciano, ajeno a esa idealización que suele pasarnos oculta cuando sólo lo conocemos a través de los suplementos culturales, de El País, o de cualquier otro periódico. Un mundo poco envidiable, por lo que se ve.
  
    El lenguaje no aparece forzado ni como intentando llegar forzadamente a lugares que no le corresponden –Pérez-Reverte, Juan M. de Prada–. Muñoz Molina escribe aquí con sobriedad y precisión, sin sentir la necesidad de decir más de lo que dice ni de lo que la historia necesita ni tampoco de asombrar al lector. De la misma forma, la anécdota de la novela, que podría haberse convertido fácilmente en un culebrón sentimental, se contiene dentro de unos límites sensatos y bastante realistas.

     Quizá lo único que le falte a esa relación amorosa es que aparece volcada o cerrada sobre sí misma, algo muy romántico y literario en sí mismo, pero poco verosímil me parece a mí en la vida real, donde ese tipo de relaciones cerradas a trascendencias, suelen acabar en fracasos de uno u otro tipo. A eso quizá se refiera el cambio de identidad de Blanca, o de la percepción que Mario tiene de ella al final de la novela. (Antonio Muñoz Molina: En ausencia de Blanca. Barcelona: Círculo de Lectores, 1999, 127 pp.)






Antonio Muñoz Molina: En ausencia de Blanca Antonio Muñoz Molina: En ausencia de Blanca Antonio Muñoz Molina: En ausencia de Blanca Antonio Muñoz Molina: En ausencia de Blanca Antonio Muñoz Molina: En ausencia de Blanca Antonio Muñoz Molina: En ausencia de Blanca Antonio Muñoz Molina: En ausencia de Blanca

martes, 20 de mayo de 2014

Ignacio Martínez de Pisón: 'El viaje americano'


Empecé a leer con ciertos recelos la reedición de esta novela de 1998, dada la buena impresión que me había causado El día de mañana, que reseñé aquí hace unos meses y que acabé incluyendo en mi lista de recomendados. Y es que me parece que las reediciones de escritores consagrados no siempre son bienintencionadas. Aunque El viaje americano es una novela menos ambiciosa y más ligera, no deja de ser también una narración llena de aciertos y que voy a incluir también entre las recomendaciones de este blog.

     No sé hasta qué punto El día de mañana está en deuda con El viaje americano, ya que ambas relatan la carrera ascendente del principal protagonista, en este caso un español en el Hollywood de los años treinta. Ésta, sin embargo, es una narración más sencilla, lineal, desde un narrador en tercera persona y con el estilo transparente y sobrio que suele caracterizar al autor, aunque ese estilo me sigue pareciendo un poco falto de individualidad.

     A su favor me parece que tiene una abundancia de escenas tan originales como bien contadas, que combinan los tópicos de la vida y del mundo de Hollywood con otros momentos bastante más humanos y verosímiles. Al final, y creo que es lo que quiere conseguir el autor, resulta una novela donde la vida y el arte-cine, o la vida y la literatura, se dan la mano para producir una historia que es a la vez un homenaje al cine, una recuperación de un olvidado momento de la participación española en Hollywood y una obra literaria donde lo metacultural no llega a ahogar la vida emocional de los personajes ni del lector. Aunque la escena final entre José y Margarita puede recordar al metateatro de Shakespeare en Hamlet  o de Tamayo y Baus en Un drama nuevo, y hace relativamente previsible el final de la historia, en ningún momento creo que pueda verse como una especie de plagio o servil imitación; me parece más bien la consecuencia lógica no sólo del argumento de la historia sino de todo el planteamiento temático o ideológico de la misma (no puedo ser más explícito porque acabaría revelando demasiadas cosas).

       En resumen, una novela digna, fácil de leer y que a pesar de que en algunos lugares aparezca catalogada como novela infantil-juvenil llegará a todo tipo de lectores con un mínimo de competencia lectora y cinematográfica. De todas formas, no creo que sea una novela para un público infantil; hay demasiadas cosas que quedarían grandes a este tipo de lectores. Finalmente, y a pesar de algunos tópicos, como el triángulo amoroso entre José, Margarita y Eugenio, el autor no carga las tintas ni en otro tipo de tópicos, ni en escenas escabrosas o morbosas que podrían alejar o incomodar a los lectores o alumnos más sensibles. Un acierto que, como El día de mañana, hace suponer que La buena reputación, la nueva novela del autor, lo sea también. (Ignacio Martínez de Pisón: El viaje americano. Madrid: Alfaguara, 2013, 140 pp).




Ignacio Martínez de Pisón: El viaje americano Ignacio Martínez de Pisón: El viaje americano Ignacio Martínez de Pisón: El viaje americano Ignacio Martínez de Pisón: El viaje americano Ignacio Martínez de Pisón: El viaje americano Ignacio Martínez de Pisón: El viaje americano Ignacio Martínez de Pisón: El viaje americano Ignacio Martínez de Pisón: El viaje americano Ignacio Martínez de Pisón: El viaje americano Ignacio Martínez de Pisón: El viaje americano Ignacio Martínez de Pisón: El viaje americano Ignacio Martínez de Pisón: El viaje americano

lunes, 30 de mayo de 2011

La buena letra (Rafael Chirbes)

La lectura de La buena letra ha venido a compensar la decepción que, en diferente grado, me produjeron Demasiadas preguntas e Inés y la alegría. La buena letra es de esos libros que dejan al lector con una actitud final de admiración y con la sana envidia de ser capaz de escribir algo parecido.  
          El argumento y la perspectiva narrativa son bastante sencillos. Ana, la protagonista, cuenta a su hijo en primera persona la historia de su familia inmediata, de sus buenas y –principalmente- malas fortunas en la España de la posguerra. Son varios los recurso que hacen de esa confesión que hacen de ella una lectura fácil y emotiva. Así el tono del monólogo de Ana es familiar y cercano, gracias a una escritura que recurre a la oralidad sin abusar de ella  y que tampoco se pierde en exquisiteces estilísticas. Los capítulos son breves, a veces de una sola  página, pero están llenos de hondas emociones que se presentan al mismo tiempo escalonadas pero sin desmesuras. Por ello el argumento se va desenvolviendo poco a poco, revelando gradualmente y en el momento preciso aquellos elementos y situaciones que hacen que vaya creciendo el sentido de intriga. Así se llega de forma natural hasta el lógico pero también inesperado y doloroso clímax final, donde ese hijo que solo era oyente en los primeros capítulos aparece como protagonista y viene a culminar el itinerario vital de Ana (no puedo ser más específico, pues la novela merece esta discreción).
          A algunas  narraciones semejantes a esta, ambientadas en la Guerra Civil o en la posguerra, les he achacado en este blog cierto maniqueísmo ideológico. Aquí también asoma esto, pero realmente nunca llega a ocultar que el verdadero contenido del relato, que es el mucho más el humano que el político o el ideológico. Y aquí sí, Chirbes presenta unos personajes  y una historia familiar y un ambiente de posguerra que podrían ser reconocible como propios por muchos de sus lectores. Por todo esto, por su exacta brevedad, por la sencillez aparente pero muy trabajada del lenguaje y por ese tono emocional pero contenido, que no llega a extremos  melodramáticos, me ha parecido una novela que puede y debe servir de referencia a muchas otras que van por ahí haciendo mucho ruido y ganando demasiados premios.  
            La nota aclaratoria que Chirbes incluye al comienzo del libro merece también un breve comentario. En ella explica que en esta versión de la novela ha decidido eliminar la adición de un capítulo final o colofón que había añadido en ediciones anteriores. No conozco esas versiones, pero me imagino que se refiere a una posible reconciliación entre Ana y su cuñada Isabel. Si ese es el caso, también pienso que la ausencia de ese capítulo es un acierto.  Sería un episodio que no encajaría bien en una historia que deja espacio para los momentos soleados y los asomos de felicidad y esperanza pero que pretende sobre todo centrarse en los tonos tristes y las desgracias familiares, la hipocresía y el egoísmo de quien se esconde tras una buena letra. Por ello ese final alternativo vendría a alterar todo ese tono tan bien conseguido y tan unitario de la novela. Ana habría quedado completamente desfigurada y su experiencia vital, tal como aquí se presenta, es todo un ejemplo de logro literario. (Rafael Chirbes: La buena letra. Barcelona: Anagrama, 2002, 156 pp.).


martes, 10 de mayo de 2011

Las manos pequeñas (Andrés Barba)

He decidido leer esta breve novela por dos razones. La primera porque después del ladrillo de más setecientas páginas que fue Inés y la alegría, mis ánimos me pedían algo más ligerito y llevadero. La segunda porque acerca de André Barba he leído tanto reseñas positivas como otras un poco más escépticas, estas últimas dudando sobre todo de si se trata de un escritor realmente original y prometedor o simplemente  de un autor de moda, de esa moda de escritores jóvenes que nos quieren vender las editoriales.

Después de leer
Las manos pequeñas me queda claro Barba no es un autor comercial y facilón, pero tampoco me parece excesivamente inaccesible o hermético. Se ve que persigue una literatura con voz propia y calidad formal. En Las manos pequeñas creo que lo consigue mediante varios recursos. Por un lado usando en sus capítulos, de forma alternada, dos perspectivas distintas, la propia del narrador y la de las compañeras de orfanato de Marina, la niña protagonista. También con ese sentido del ritmo que se construye con la combinación de frases narrativas y otras más reflexivas o líricas y con  la repetición de algunos leitmotivs, como es la frase inicial acerca de la muerte de los padres de Marina o esas muertes, mutilaciones y enterramientos de orugas y muñecas que anuncian el desenlace final. Todo esto me ha parecido bien organizado y sólido, así como ese vocabulario y esos recursos retóricos variados y cuidadosamente seleccionados.

Mis objeciones vienen más al pensar en el lector más general, y también un poco en mí mismo.  Es innegable que la anécdota tiene fuerza, pero creo también que ese narrar desde una perspectiva oblicua, sin presentar los hechos de forma más directa o transparente va a hacer que algunos lectores piensen que se trata de un artificio más bien innecesario, que enturbia la lectura en lugar de hacerla más atractiva.  Cuando leo historias como esta casi siempre me vienen a la memoria los escritores del realismo clásico del siglo XIX, que usando unas técnicas más simples conseguían una intensidad emocional más alta y también más accesible. Y eso no les impidió ser grandes autores, ni tampoco disminuyó su originalidad. Ya me ha pasado con varias otras novelas comentadas en este blog.

Otras noticias que me han llegado de Barba es que recurre al morbo quizá con demasiada frecuencia, aunque sin llegar a extremos indigestos. El caso de Las manos pequeñas es un buen ejemplo. Se relata una historia original pero también más o menos típica acerca de la crueldad y el sufrimiento infantiles. Y ahí hay momentos en que esa crueldad está más o menos contenida dentro de lo verosímil y en otros que me parece que ese límite se sobrepasa.  En este sentido esa perspectiva narrativa ‘oblicua’ camufla un poco la morbosidad de la anécdota, pero no evita que el conjunto sea el de un paisaje donde todo son sombras y no hay ninguna luz, un mundo demasiado negro, de orfanato demasiado estereotípico en este sentido. (A ello contribuye la un poco forzada soledad de Marina, a la que tras la muerte de sus padres el narrador manda directamente al orfanato, sin plantearse la posibilidad de la existencia de algún familiar de la niña pudiera hacerse cargo de ella).


En resumen, una novela que me ha sembrado la inquietud de seguir leyendo a Barba, a quien sí le notan modos y voces personales y exclusivas, pero que no me ha convencido completamente en algunos puntos de relativa importancia, sobre todo en esa sumisión de los medios a los fines y en ese forzar la verosimilitud para presentarnos un asunto que otros novelistas habrían tratado de forma más sencilla y con la misma eficacia.
 (Andrés Barba: Las manos pequeñas. Barcelona: Anagrama, 2008, 108 pp.).


jueves, 21 de octubre de 2010

Las islas extraordinarias (Gonzalo Torrente Ballester)

Esta interesante y lograda novela corta de Torrente Ballester resulta entretenida y fácil de leer. Al mismo tiempo, encierra una crítica profunda y seria sobre los mecanismos del poder y las tendencias de dictadores y gobiernos a regular la vida personal de sus ciudadanos y a crear una especie de utopía o estado de bienestar que adormezca o apague las iniciativas individuales.

La novela en sí me ha parecido sencilla e intensa. Sencilla porque no presenta complicaciones estructurales o compositivas. La acción es lineal y la única voz narrativa es la del detective y principal protagonista, contratado para desenmascarar la conspiración contra Su Excelencia, el dictador de las Tres Islas. El desenlace también sorprende y es de ésos que las reseñas no deben revelar. Igualmennte, el lenguaje huye de complicaciones y rebuscamientos, pero se nota ágil y rico. 


Y me ha parecido intensa porque el autor ha sabido muy bien evitar la creación de un mundo completamente utópico o fantástico, sin conexiones con el nuestro. A través de ciertos recursos, como esos puentes que unen a las islas con el continente o ese conocimiento que los isleños tienen del resto del mundo, la vida casi perfecta pero también inhumana de las Tres Islas se nos presenta como algo mucho más cercano y posible hasta la amenaza. 
En este sentido, quizá el logro que más me haya llamado la atención es la entidad de los personajes, que en una novela como ésta podrían haber quedado reducidos al mero nivel de símbolos pero que sin embargo al final también resultan individualizados y casi de carne y hueso, y por eso más cercanos al lector. Los diálogos que el detective mantiene con los diferentes responsables de las islas son una reflexión lúcida y perturbadora sobre los mecanismos y los alcances del poder, y darían para bastantes discusiones de fondo. Más de un lector no podrá leerlos sin cierto temblor por su evocación de gobiernos más o menos democráticos. 

El autor ha sabido mantener el equilibrio en todo ello, y tanto la acción de tonos detectivescos o de aventura, como las reflexiones políticas o las propiamente interiores del narrador guardan la proporción debida, que hace que no se eche en falta nada, ni nada se considere supefluo. Al final, una novela necesaria, que en cierto sentido puede resumir o 'ahorrar' la lectura de otras novelas de dictadores, como El Señor Presidente, Yo el Supremo, o El otoño del patriarca. (Gonzalo Torrente Ballester: Las islas extraordinarias. Barcelona: Planeta: 1994, 168 pp.).



domingo, 17 de octubre de 2010

Sin noticias de Gurb (Eduardo Mendoza)

Novela corta organizada en torno al diario de un extraterrestre que ha llegado a la tierra en compañía de otro, llamado Gurb, el cual se ha dejado perder por la ciudad de Barcelona bajo la apariencia de una famosa  cantante. Las entradas del diario narran la búsqueda de Gurb por parte del primer extraterrestre, que al final protagoniza la mayor parte de la acción y que va recorriendo las calles y micromundos de Barcelona y también encarnándose en personajes como Gary Cooper o Miguel de Unamuno cada vez que lo necesita o lo ve conveniente.

La perspectiva del alienígena facilita la visión paródica de aspectos como los modos de vida catalanes y españoles, la anatomía humana, las máquinas e inventos, las costumbres sociales, las instituciones políticas y culturales, etc., etc. No cabe duda que Mendoza  ha sabido sacar fruto de ese recurso narrativo y hacer de la novela una historia con momentos realmente logrados y divertidos. Ese tono alegre y desenfadado se mantiene bien a lo largo del libro, sin dejar paso a la sátira cruel o pesimista. De todas formas  y especialmente al final, algunas situaciones pueden parecer un poco repetitivas, la voz del extraterrestre parece quedar opacada por la del propio autor, y algunas escenas resultan también demasiado 'comedieteras'.


El formato narrativo elegido -las entradas en un informe de viaje- no permiten mucha flexibilidad estilística, por ello no debe buscarse en este libro brillos estéticos o riquezas que Mendoza muestra en otras ocasiones. En cualquier caso aquí y allá brillan de vez en cuando esas singularidades propias de un buen escritor.


En definitiva, una obra menor, de la que no hay que esperar más que lo que creo que el autor ha querido conseguir: que el lector pase un buen rato, con una anécdota en principio intrascendente pero que deja al descubierto algunas de las ridículeces o sinsentidos de la España y la Cataluña del libro. La mención a algunos personajes históricos más o menos recientes (Marta Sánchez, Alfonso Guerra, Ángel Casas, etc.) puede despistar a los lectores más alejados del momento de la primera edición de la novela, hace ya casi veinte años (1991). Por cierto, me acabo de enterar que Mendoza ha ganado el premio Planeta 2010, con la novela titulada 
Riña de gatos. Madrid, 1936. (Eduardo Mendoza: Sin noticias de Gurb. Barcelona: Seix Barral, 1994, 139 pp.).


sábado, 25 de septiembre de 2010

Amado monstruo (Javier Tomeo)


La primera novela que leo de Javier Tomeo, y seguramente no será la última. Me han dejado sorprendido la originalidad   de la anécdota y la de la forma narrativa. No se ve todos los días una novela organizada en torno a una entrevista de trabajo, en la que intervienen sólo dos personajes, y hacerlo de manera tan compacta y entretenida, con unas conversaciones  que poco a poco van llevando al lector a un mundo a la vez extraño y posible.
    Desde el encuentro inicial  entre el narrador (el entrevistado) y Krugger (el entrevistador) el lector se ve envuelto en un crescendo de intriga, deseando no sólo conocer cuanto antes el final de la historia sino también identificar en qué tipo de mundo se mueven los dos personajes y el lector mismo. Por su lado, el desenlace, o mejor, los desenlaces, no sólo no defraudan sino que superan todo lo esperable. El tono ácido y el humor negro son obvios y constantes pero no llegan a la amargura ni eliminan lo lúdico de la novela. 
      Ésta también se lee fácil porque el lenguaje y el estilo son bastante accesibles y sobrios, sin adornos ni palabrerías innecesarias. Pero esto no quiere decir que no estén trabajados o no sean personales; en muchos sentidos son incluso modélicos. El autor también sale bastante airoso al evitar que ese formato de entrevista se convierta en un diálogo insoportable entre los dos personajes. Los incisos que intercala en esa conversación para hacerla inteligible son tan necesarios como discretos, e impiden que el lector pierda tiempo y esfuerzo identificando a cada interlocutor.
     Por todo esto no es extraño que Amado monstruo  fuera finalista del Premio Herralde de novela en 1984. No le doy las cuatro estrellas porque su extensión (ciento diez páginas) le impide llegar a ser una 'gran novela' o una cosmovisión total del mundo, pero en cuanto novela corta es ciertamente una referencia obligatoria. Su lectura no lleva más de dos o tres horas y aporta al lector un conjunto de ideas, situaciones y tonos verdaderamente únicos y originales. Como dice una de las reseñas de la contraportada, se trata de 'un caramelo de pimienta' (Javier Tomeo: Amado monstruo: Barcelona: Anagrama, 1985, 110 pp.).

martes, 24 de agosto de 2010

En la penumbra (Juan Benet)

En la penumbra es una buena novela, que puede calificarse también de excelente si el lector o lectora consigue hacerse con el difícil estilo de Benet. El argumento, ambientado en el clima típico de Región, se sostienen bien y aunque no está expuesto en forma lineal, tampoco resulta excesivamente difícil de seguir; además cuenta con la gratificante aparición de varias sorpresas y giros inesperados. De todas formas algunos momentos evocados se me han hecho demasiado crudos y quizá inverosímiles. El desenlace también puede entenderse como sorpresivo e imprevisible, aunque no deja de tener un tono un poco efectista que no casa bien con el tono más intelectual que se destila de gran parte de las conversaciones de los personajes.

Hasta cierto punto lo mejor son los diálogos sobre los que se construye la mayor parte de la novela, especialmente en esos momentos en que los interlocutores muestran sus desacuerdos o su falta de sintonía. La tensión que se acumula en esos casos es altísima y absorbente. El problema es que para llegar hasta ellos hay que pasar por esos monólogos escritos en un lenguaje que es magistral pero que al mismo tiempo lleva tantas vueltas y revueltas que impide una lectura fluida y llevadera.  Es un lenguaje que quiere llegar a todos los sitios, que en verdad lo consigue, pero que a menudo no sabe contenerse y huir de lo supefluo. Por lo mismo, también cabría esperar que el autor hubiera sabido dotar a cada personaje de su modo de hablar propio, y es que el lenguaje de esos monólogos apenas se distingue del lenguaje del narrador, por lo que la vida individual de aquéllos queda gravemente disminuida u ocultada por esa omnipresencia del estilo.

En una entrevista el autor explicaba el origen de esta novela a la que algunos han calificado de novela corta. Yo tengo mis reservas al respecto, entre  otras cosas por la diminuta tipografía elegida por la editorial, que con otro formato habría dado lugar a una novela con una extensión bastante más 'normal'. En la penumbra nació como parte de una novela más amplia, pero que luego acabó tomando vida propia a causa de una sugerencia editorial. Aunque en esa entrevista el autor afirma también haber quedado satisfecho del resultado final, creo que es una novela que sólo va a satisfacer a los incondicionales de Benet o de la literatura más culta y quizá innecesariamente sofisticada. Yo no le niego los méritos, pues la he disfrutado en sus mejores momentos, pero sigo pensando que cualquier narrador debe conseguir que sus personajes tengan vida propia -Benet lo consigue- pero también un lenguaje propio, y 'olvidarse' de que es él quien está  hablando. Eso ha hecho que otros grandes escritores (Chesterton, por ejemplo) nunca hayan podido crear una gran novela. (Juan Benet: En la penumbra. Madrid: Alfaguara, 1989, 182 pp.).







sábado, 8 de mayo de 2010

El mudejarillo (José Jiménez Lozano)


Leída hace tiempo en una de mis clases sobre best-sellers y premios literarios españoles. Esta biografía ficcional y lírica de San Juan de la Cruz la disfruté yo tanto como mis alumnos, que vieron claro lo que es un escritor-escritor y un escritor comercial. Más de un alumno aseguró que la iba a releer por su cuenta. Yo todavía recuerdo esa página magistral de la descripción enumerativa de las muchas cosas que contenía el pueblo pequeño (José Jiménez Lozano: El mudejarillo. Barcelona: Anthropos, 1992). 



    


martes, 20 de abril de 2010

El teatro de la guerra (Carlos Pujol)

Interesante novela corta que hace pensar que Carlos Pujol merece mucha más atención y reconocimiento del que le presta la crítica al uso. Con un estilo terso y una anécdota inicialmente sencilla, el lector entra poco a poco en un mundo misterioso, pero verosímil, con un suspense bien dosificado y un argumento tan sólido y elaborado como lo permite este género. Los personajes son realmente humanos, el libro toca un tema igualmente humano –la maldad de la guerra– y el desenlace final resulta tan realista como convincente.

Al mismo tiempo que este argumento podría haber llegado más lejos y haber dado lugar a una gran novela, tal como la ha dejado Pujol resulta igualmente completa en sí mismo. Uno no sabe si reclamar al autor que escriba esa novela extensa que late en esta historia o agradecerle que la haya resumido de forma tan perfecta. Libro ideal para una clase sobre novela corta. (Carlos Pujol:
El teatro de la guerra. Palencia: Menoscuarto, 2009).

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...