Hola de nuevo, sólo quería comentaros que la revista "La Colmena", de la UNAM, acaba de publicar un cuento mío. Es de temática navideña, tiene a Borges y a su mundo como protagonistas y va firmado con seudónimo. Saludos y gracias por leerlo y difundirlo. El enlace aquí.
Comentarios y reseñas sobre la novela española contemporánea (y algunas cosillas más:-)
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martes, 6 de enero de 2026
martes, 6 de agosto de 2019
Léon Bloy: Historias impertinentes
Es
ésta una colección de cuentos sobre todo escritos con pasión y cierta
violencia. Como se sabe, Bloy fue uno de los críticos más radicales de la vida
y los valores burgueses de finales del siglo dicecinueve y comienzos del veinte.
Converso al catolicismo gracias a la amistad del también escritor Barbey
D’Aurevilly, fustigó continuamente a sus contemporáneos desde sus ensayos,
diarios, novelas y relatos cortos. La versión de Menoscuarto que he leído es
una traducción y eso hace que se pierda un poco la intensidad del estilo
original, pero no deja de mostrar que Bloy sigue mereciendo ser leído, por lo
que dice y por como lo dice.
Lo más original de los cuentos no me lo ha
parecido tanto los argumentos, y eso puede desanimar al lector que vaya buscando
en el libro historias particularmente originales. Lo más interesante -y eso es
lo que a veces hace más grande a un escritor- es su visión de la vida. Los
relatos en general son de un tono casi repetitivo, con personajes muy similares,
escritos con la prisa de la fecha de entrega a las rotativas de un periódico y
ambientados en el mismo tipo de espacios y ambientes. Lo mismo pasa con el lenguaje; aunque he leído la traducción que trata
de conservar algo del original lo que se nota o a lo que me refiero sobre todo
es a la construcción del texto en base a párrafos no muy largos, escritos como
flechazos o directos que recuerdan mucho
a lo de los folletines menos cuidados del XIX.
Pero también es cierto que cuentos como
“Todo lo que quieras”, “Un recluta” o “Sacrilegio fallido”, merecerían ser incluidos en cualquier antología de
cuentos. En concreto, “Todo lo que quieras”, podría verse como el anverso necesario
de “Bola de sebo”, el famoso relato de Maupassant. Para entender éste y otros
relatos del libro en que el mundo de la prostitución está tan presente, como ocurre
con contemporáneos de Bloy como en Flaubert
o Balzac, hay que recordar que Bloy trabó amistad con Anne-Marie Roullet
prostituta que acabó también convirtiéndose al catolicismo. Pero creo que lo que importa es
que desde ese mundo o de niveles semejantes es desde donde Bloy va a lanzar sus
ataques, porque ahí se encuentran comportamientos miserables, de infidelidades
y corrupciones, y personajes que brillan como diamantes en esos estercoleros.
Lo grande también del libro es que es
una crítica que no se mueve a nivel concreto, sino que se aplica o puede
aplicarse a todos los niveles sociales y todas las creencias políticas, morales
o religiosas. Lo singular es que Bloy tampoco se presenta como invulnerable a
esas debilidades, el libro no da la impresión de que su autor no pudiera haber
sido uno de esos protagonistas y por eso es quizá más humano y se aleja tanto
de esos narradores-autores autoendiosados de la novela española contemporánea
que escriben desde una perspectiva de infalibilidad y de autosuficiencia
inaguantables. Lo mejor es que esa postura le permite escribir sin complejos –no
recuerdo quién decía que la humildad es una forma de libertad-, pues su mundo
no es un mundo de encasillamientos sino de la representación de la miseria
humana en todas sus facetas. No es un escritor cómodo ni optimista (tampoco
ingenuo), y la traducción puede enturbiar la originalidad de su estilo, pero sí
es un escritor libre y transparente; sólo por eso merece la pena. (Léon Bloy: Cuentos impertinentes. Palencia: Menoscuarto, 206, 262 pp.)
martes, 10 de noviembre de 2015
martes, 3 de noviembre de 2015
Edgar Allan Poe: 'Cuentos'
martes, 20 de octubre de 2015
Luis Mateo Díez: "La cabeza en llamas"
Luis Mateo Díez pertenece al segundo grupo. En El expediente del náufrago no acabó de convencerme, quizá por la extrañeza del mundo de Celama. pero El animal piadoso fue una especie de pequeña revelación. Algo así esperaba de La cabeza en llamas, una serie de cuatro relatos beves (no estoy seguro de que sean cuentos o novelas cortas, sobre todo el último de ellos), y no me ha decepcionado, bueno, casi. Ya se ve que Luis Mateo es un escritor ambicioso con él mismo y que no se rige por los gustos del mercado; ni su lenguaje ni sus historias son para el gran público ni para las grandes superficies.
Evaluando este libro, se ve una variedad de tonos y registros que se agradece bastante, aunque también he de decir que el título está tomado del primer relato, y que, la verdad, no estoy seguro de que sea el más apropiado para todo el volumen. Lo que sí es cierto es que me ha parecido el mejor de los cuatro y que de hecho estaba esperando que los otros tres fueran una especie de variación de él, al modo de Perros verdes, de Agustín Cerezales. También el de la pareja de primos de Amberes me ha parecido interesante, sobre todo por la habilidad para crear ambiente. Menos me ha gustado el tercero, por ser casi un emblema del pesimismo existencial y depresivo (bien escrito, eso sí). Del cuarto -el menos interesante- hablo más abajo. El volumen se cierra con unas breves e interesantes reflexiones del autor sobre el oficio de escribir, que recomiendo de veras.
Lo que no recomiendo tanto es que Mateo Díez se mueva también por esos caminos de lo sexual-genital (1er y 4 relato) tan trillados por algún tipo de novela actual, o por algunas notas de anticlericalismo igualmente tópico (4o relato) . Visto lo visto ya no estoy tan seguro de que ese mundo sea pertinentemente narrativo, o que se puedan decir cosas interesantes sin caer en el tono de El Jueves. Y lo mismo para lo segundo. Es una pena que nuestros mejores escritores no sepan salir de ahí, o se muevan por ahí con tópicos y trillados y que al final la novela española dé la impresión de que no tenga vuelos un poco más altos. Quizá ese cuarto relato quede redimido por el tono de parábola de los insectos, o eso de que la vida es una oruga, pero no estoy muy seguro. O, también, es una pena que haya que pensar que un libro de Mateo Díez necesite redenciones de este tipo. (Luis Mateo Díez: La cabeza en llamas. Barcelona: Galaxia Gütenberg. 2012, 245 pp.).
martes, 15 de septiembre de 2015
Roberto Arlt: 'Cuentos completos'
martes, 7 de julio de 2015
O'Henry: 'Cuentos de Nueva York'
![]() |
La monotonía o debilidad de algunos
finales se compensa con unos
personajes muy humanos, que
redimen un mundo frío y
materialista
(O'Henry: Cuentos de Nueva
York. Madrid: Espasa, 2005, 240 pp.). |
domingo, 20 de abril de 2014
Mis reparos a García Márquez
Ahora que García Márquez se encuentra en su querido Macondo, y que por ahí desfilan tanto las hagiografías como los denuestos, voy a dar una pequeña y casi mezquina lista de algunas cosas que me impiden ponerlo entre mis lares y penates literarios. Con lo cual no quiero restar méritos a los escritos suyos que más me han gustado, en especial El coronel no tiene quién le escriba.
1) Sus cuentos siempre me parecieron cuentos escritos por un novelista, no por un cuentista. Le cuesta la condensación estilística y argumental y tiende más bien a la dispersión. En este sentido se me queda muy lejos de Borges o Cortázar.
2) En lo estilístico, su realismo mágico depende en gran parte de hipérboles y exageraciones. Nada malo en ello, pero tanta repetición de recursos similares llega a cansar (por lo menos a mí). Pongo abajo un ejemplo, sacado todo él de "El ahogado más famoso del mundo", uno de sus cuentos más conocidos.
3) Su amistad con Fidel Castro y sus connivencias con ese régimen, con todos los atenuantes que se le busquen, me parece muy difícil de disculpar. Y mucho más cuando uno tiene amigos que han pasado -tortura incluida- por las cárceles de Cuba.
4) Aunque no lo he leído, lo que sé de él me hace pensar que un libro como Memoria de mis putas tristes es una auténtica vergüenza. Si ese libro lo hubiera escrito, por poner un ejemplo, Vargas Llosa, los clamores de algunos se habrían escuchado hasta en el último círculo del infierno de Dante.
5) Las comparaciones son odiosas, pero no puedo dejar de recordar el día que en clase comparé con mis alumnos "El último viaje del buque fantasma", de García Márquez, con "Cuando salí de La Habana, válgame Dios", de José Emilio Pacheco, ambos con el motivo común del barco fantasma. Como en algunos combates de boxeo, el cuento de Pacheco salió ganador por un k.o. rotundo, por su enfoque mucho más original y sus constantes guiños al lector.
Y ahora el ejemplo del que hablaba en el punto 2:
"La tierra era tan escasa, que las madres andaban siempre con el temor de que el viento se llevara a los niños, (...) Pensaban que habría tenido tanta autoridad que hubiera sacado los peces del mar con sólo llamarlos por sus nombres, y habría puesto tanto empeño en el trabajo que hubiera hecho brotar manantiales de entre las piedras más áridas y hubiera podido sembrar flores en los acantilados. (...) Había tanta verdad en su modo de estar, que hasta los hombres más suspicaces, los que sentían amargas las minuciosas noches del mar temiendo que sus mujeres se cansaran de soñar con ellos para soñar con los ahogados, hasta ésos, y otros más duros, se estremecieron en los tuétanos con la sinceridad de Esteban."
1) Sus cuentos siempre me parecieron cuentos escritos por un novelista, no por un cuentista. Le cuesta la condensación estilística y argumental y tiende más bien a la dispersión. En este sentido se me queda muy lejos de Borges o Cortázar.
2) En lo estilístico, su realismo mágico depende en gran parte de hipérboles y exageraciones. Nada malo en ello, pero tanta repetición de recursos similares llega a cansar (por lo menos a mí). Pongo abajo un ejemplo, sacado todo él de "El ahogado más famoso del mundo", uno de sus cuentos más conocidos.
3) Su amistad con Fidel Castro y sus connivencias con ese régimen, con todos los atenuantes que se le busquen, me parece muy difícil de disculpar. Y mucho más cuando uno tiene amigos que han pasado -tortura incluida- por las cárceles de Cuba.
4) Aunque no lo he leído, lo que sé de él me hace pensar que un libro como Memoria de mis putas tristes es una auténtica vergüenza. Si ese libro lo hubiera escrito, por poner un ejemplo, Vargas Llosa, los clamores de algunos se habrían escuchado hasta en el último círculo del infierno de Dante.
5) Las comparaciones son odiosas, pero no puedo dejar de recordar el día que en clase comparé con mis alumnos "El último viaje del buque fantasma", de García Márquez, con "Cuando salí de La Habana, válgame Dios", de José Emilio Pacheco, ambos con el motivo común del barco fantasma. Como en algunos combates de boxeo, el cuento de Pacheco salió ganador por un k.o. rotundo, por su enfoque mucho más original y sus constantes guiños al lector.
Y ahora el ejemplo del que hablaba en el punto 2:
"La tierra era tan escasa, que las madres andaban siempre con el temor de que el viento se llevara a los niños, (...) Pensaban que habría tenido tanta autoridad que hubiera sacado los peces del mar con sólo llamarlos por sus nombres, y habría puesto tanto empeño en el trabajo que hubiera hecho brotar manantiales de entre las piedras más áridas y hubiera podido sembrar flores en los acantilados. (...) Había tanta verdad en su modo de estar, que hasta los hombres más suspicaces, los que sentían amargas las minuciosas noches del mar temiendo que sus mujeres se cansaran de soñar con ellos para soñar con los ahogados, hasta ésos, y otros más duros, se estremecieron en los tuétanos con la sinceridad de Esteban."
sábado, 30 de noviembre de 2013
Ana María Matute: “Todos mis cuentos”
A pesar de estos inconvenientes, no deja de ser un libro de lectura obligatoria, sobre todo por obras maestras como “El polizón del Ulises” y “Sólo un pie descalzo”, que son los relatos donde más claro aparece ese intento habitual de la autora de recuperar una infancia que es al mismo tiempo un paraíso distinto al del mundo adulto, pero tampoco ajeno al sufrimiento y a la zozobra. Otro grupo de cuentos como “El saltamontes verde”, “El aprendiz” o “El verdadero final de la Bella Durmiente” entran más de lleno en los modelos de los cuentos infantiles clásicos o reescritos por adultos pero no dejan de tener un peso y una hondura de fondo superior a los cuentos más propiamente folklóricos.
Aunque por momentos puede dar la impresión de que Matute repite argumentos y tonos, la verdad
es que más bien nos encontramos ante un mundo único con historias siempre
diferentes, cada una con la suficiente originalidad como para superar una
monotonía de conjunto. Es difícil, por ejemplo, identificar a esos personajes
con estereotipos concretos o adivinar finales felices o infelices tópicos o
manoseados. Matute parece encontrarse muy a gusto en ese mundo, conocerlo muy
bien y tener simplemente el deseo de contar las historias individuales que le dan consistencia. Por
eso, a veces, el estilo y los recursos lingüísticos no aparecen como una
prioridad y de vez en cuando se escapa algún prosaísmo o algún anacoluto, pero esto no
deja de aparecer como un pequeño defecto en historias que tienen su propia
vida, estén más o menos cargadas de realismo y fantasía. Así cada cuento tiene siempre sus propios giros y sus propias sorpresas, para formar al final una serie de escenas únicas de un gran mosaico.
La muy diversa extensión de los relatos también puede hacer un poco difícil o desorientadora su lectura, y quizá también el diferente tono de los cuentos, que oscilan entre lo propiamente maravilloso y lo más lírico-realista. Por eso quizá el libro no guste a los lectores que vayan buscando sólo cuentos o sólo novelas, sino a los aficionados a la narrativa en general y a esa habilidad de Ana María Matute para seguir descubriendo nuevas historias en un mundo que para otros escritores habría quedado agotado hace tiempo. (Ana María Matute: Todos mis cuentos. Barcelona. Debolsillo, 2011, 441 pp.).
La muy diversa extensión de los relatos también puede hacer un poco difícil o desorientadora su lectura, y quizá también el diferente tono de los cuentos, que oscilan entre lo propiamente maravilloso y lo más lírico-realista. Por eso quizá el libro no guste a los lectores que vayan buscando sólo cuentos o sólo novelas, sino a los aficionados a la narrativa en general y a esa habilidad de Ana María Matute para seguir descubriendo nuevas historias en un mundo que para otros escritores habría quedado agotado hace tiempo. (Ana María Matute: Todos mis cuentos. Barcelona. Debolsillo, 2011, 441 pp.).
miércoles, 10 de julio de 2013
Javier Tomeo: palabras mentirosas y miradas veraces
“Las palabras pueden ser falsas. Podemos esparcirlas a nuestro alrededor y fabricarnos con ellas una máscara. Las miradas, sin embargo, se escapan a nuestro control. Nacen de una dimensión misteriosa, sobre la que no pueden actuar los resortes de nuestra voluntad y descubren impúdicamente todos nuestros secretos” (p. 12). Algo así como las miradas de esta imagen:
Y, como contraste, estas otras, un poco más enrevesadas...
domingo, 30 de junio de 2013
Javier Tomeo: 'Problemas oculares'
En la contraportada del libro se avisa que hay dos grupos de "miopes", según se entienda entendida esta palabra en sentido general o metafórico. El primero sería el de los miopes que no pueden encontrar la dirección correcta que quieren para su vida o que se equivocan a la hora de elegir entre izquierdas y derechas, y el segundo sería el de los "falsos miopes que se escudan astutamente tras su aparente miopía para no ser testigos" de situaciones que podrían complicarles la vida.
Ésta es una buena clasificación de este grupo de cuentos, pero yo creo además que se pueden hacer otras dos lecturas adicionales. Una sería desde la perspectiva de lo “políticamente correcto”, y entonces cada uno de los cuentos se convertiría en una clara ofensa a minorías o discapacitados. Con el tono sardónico e irreverente que caracteriza a Tomeo, en todos ellos se narran historias o situaciones en las que miopes, bizcos y otros personajes ‘visually impaired’ protagonizan unos inevitables y divertidos desencuentros. Si el lector se acerca a ellos desde esta perspectiva difícilmente va a poder disfrutarlos. La otra posibilidad es leerlos para reírse de uno mismo, porque al fin y al cabo todos, con el paso del tiempo, seremos miopes, bizcos o cegatones. Y entonces no dejan de ser unos relatos originales, divertidos a veces hasta la hilaridad, ingeniosos y capaces de mostrar la habilidad de un escritor que sabe construir lo grotesco o lo ridículo a partir de lo cotidiano y sin caer necesariamente en la crueldad.
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| Marty Feldman, el Igor de 'El jovencito Frankenstein', otro posible protagonista para estos cuentos de Tomeo |
miércoles, 20 de marzo de 2013
Cómo ser casi felices: 'Mientras la tierra gira', de José Luis Sampedro
Es ésta una recopilación de cuentos publicados por el autor desde 1945 hasta 1991, y que han sido recuperados gracias en parte a amigos y lectores suyos. Los relatos realmente merecían este rescate, tanto por motivos literarios como historiográficos.
El conjunto lo forman treinta y dos cuentos que se dividen en tres grupos, según un criterio cronológico y también según una línea temática más o menos equivalente para cada grupo. Si hay un nervio ideológico común creo que este es el enfoque humanista desde el que Sampedro enfoca sus historias, unas historias que además están narradas con una gran riqueza de recursos técnicosy que muestran que el autor domina perfectamente este género. En el primer grupo varios de los relatos recuerdan bastante al realismo social español de los cincuenta, con esos protagonistas de las clases sociales más bajas –en general campesinos– cuya vida es más bien dura o triste y donde caben sólo algunas alegrías momentáneas. De todas formas Sampedro evita el victimismo fácil y el repetitivo maniqueísmo en el que cayeron otros escritores a quienes se ha considerado más representativos de esa literatura. Sus personajes padecen no tanto por ser pobres sino por ser seres humanos, pues ese destino parece afectar a todos, aunque sean los pobres los que más intensamente lo sufran. Uno de los mejores relatos del libro (“Gregorio Martín”) ejemplifica bien todo ello.
El segundo grupo tiene un tono un poco más filosófico e intelectual, y es donde Sampedro emplea también algunos enfoques o historias irónicas como “Arca número dos” o “Un caso de cosmoteología: la religión hispánica”. También se incluye un cuento fantástico (“Fantasía de año nuevo”), con el mismo tema que "Bifurcaciones" de José M. Merino, “Los milagros no se recuperan”, de Bioy Casares y "Nuit caprense cirius illuminata", de Julio R. Ribeyro. Este grupo de cuentos es igualmente interesante, pero quizá se eche de menos un poco la humanidad y emoción que corría por los anteriores. Todo esto con la excepción de “La bendición de Dios”, a mi juicio el mejor de toda la colección, también porque su frase final puede servir para sintetizar la idea principal del libro es decir, la convicción de que la felicidad está al alcance de la mano, que existen momentos de encuentro con ella, pero que, sin embargo, siempre hay algo inevitable y en parte desconocido que impide su permanencia. También esa frase final (“Pero entonces, ¡maldita sea!, ¿qué es lo que está mal”?) va bien con el título, pues Mientras el mundo gira se refiere a esas escenas o momentos en que felicidad y desgracia se alternan inevitablemente en la vida de los hombres y no es posible detener el ciclo.
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| "Un caso de cosmoteología: la religión hispánica", o el fútbol como rito religioso |
El tercer grupo, el de fechas más recientes, es un poco más heterogéneo y más acorde a la mentalidad o idea de la posmodernidad. Es también el grupo que menos me ha gustado a pesar de que esté tan bien escrito como el resto y a pesar de ese excelente cuento fantástico que es “Felisa”. Me parece que aquí Sampedro se muestra precisamente más pesimista y más contagiado del cinismo contemporáneo. Su crítica en estos relatos suele ser un poco más acida y desesperanzada (“En la misma piel del tigre”), y presenta a un ser humano que parece no ser capaz de controlar lo que no entiende (“Ebenezer”), que se convierte en un objeto despersonalizado (“El divino diván, “A Erika”) o pierde la sencillez de los protagonistas del primer grupo para pasar a complicaciones típicas del fragmentado sujeto posmoderno (“Felisa”, “Iniciación”).
Como conjunto, técnicamente, Sampedro muestra una gran habilidad estilísitica y una maestría innegable en sus recursos narrativos, que son variados y no hacen agua por ningún lado. En esto es realmente admirable y ejemplar. Alterna los recursos y técnicas tradicionales, con otros más innovadores y con juegos metaliterarios y metatextuales, y tanto monólogos, como diálogos o descripciones se usan apropiadamente en todo momento o lugar. Esto y el intelectualismo que permea en varios de ellos puede alejar a los lectores que vayan buscando más emociones o una simple sencillez, aunque no a aquellos que quieran disfrutar de una literatura quizá un poco más difícil pero hábilmente trabajada y conseguida.
Se trata, pues, de una recopilación que hay que agradecer a su autor y a sus colaboradores, que es uniforme en su altura técnica y estilística y un poco más heterogénea o irregular en sus líneas temáticas o ideológicas. Esta irregularidad o heterogeneidad daña un poco la unidad interna del libro sobre todo por ese tono pesimista que se concentra en la última serie de cuentos y que, en cierta manera contradice todo lo anterior a ello. Aún así y a pesar de que no guste a lectores menos dados a intelectualismos y a las contradicciones de la mentalidad posmoderna, es una recopilación indudablemente meritoria y digna del rescate. (José Luis Sampedro: Mientras la tierra gira. Barcelona: Destino: 1993, 288 pp.).
miércoles, 30 de enero de 2013
El decálogo del perfecto bloguero y Horacio Quiroga
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| Horacio Quiroga |
1) No creas en ningún bloguero como en Dios mismo. Tu blog eres tú y nadie más que tú. Escribe sobre todo para ti y lo que te gusta a ti. Busca tu nicho, tu singularidad y quédate ahí o extiéndelo según van extendiéndose también tus intereses e inquietudes.
2) No te crees expectativas irreales. Probablemente tu presencia a través del blog será relativamente limitada, aunque no por eso menos interesante y efectiva. No vas a cambiar el mundo de la noche a la mañana ni tampoco te convertirás en una celebrity y menos en un millonario.
3) Literal de Quiroga: "Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia"
4) Literal de Quiroga: "Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón."
5) Se realista y plantéate la vida de tu blog como un objetivo a largo plazo. Muchos blogs mueren o se cierran por buscar en ellos y a corto plazo más de lo que realmente pueden dar. Mantén tu blog mientras puedas disfrutar con él, mientras lo pases bien; como me decía un amigo bloguero "el día que me canse o que no me divierta, lo cierro y Santas Pascuas".
6) No te obsesiones con el número de lectores o de seguidores. Literal de Quiroga: "No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento".
7) Si la mayoría de tus visitas llegan a través de buscadores, fomenta en ti el "complejo Wikipedia", y llena tu blog de enlaces internos, títulos e imágenes con frases y pies de foto más informativas que poéticas.
8) Visita lugares de expertos en blogs y SEO, como este (en inglés); están llenos de consejos que pueden ayudarte a subir en el ranking de Google.
9) Literal de Quiroga: "No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino".
10) El blog, como todo artilugio internético, puede convertirse en algo adictivo. Procura buscar formas de controlarlo y darte a ti mismo y al blog algún respiro de cuando en cuando, o incluso ciérralo temporalmente. Puedes vivir sin él, como sin él vivieron tus padres y tus abuelos (y mucha gente más). La vida virtual es importante, pero más lo es la vida real.
Enlaces: Decálogo del perfecto cuentista (Horacio Quiroga)
martes, 20 de noviembre de 2012
Otra decepción de Eduardo Mendoza ('Tres historias de santos')
Parece que no estoy teniendo suerte con Mendoza. Después de haber disfrutado con Sin noticias de Gurb, tuve que incluir Riña de gatos en mi lista de infumables (ver abajo) y a punto he estado de hacer lo mismo con este, si no fuera por el tercer relato. Sobre todo el segundo ("El final de Dubslav") carece del calor humano que puede notarse en los otros dos y se conviertee al final en un alegato de lo más tópico en contra de reconocimientos sociales, premios literarios y demás cosas por el estilo. Tampoco en él queda nada compensado el espacio que se dedica a la estancia del protagonista en África con su regreso a Europa. A no ser que esa estancia en África quiera presentarse como un contrapunto de la refinada e hipócrita Europa; pero esto me parece que no queda claro, y ese es el problema.
El primero de los relatos, titulado "La ballena", es más bien desigual, lo que puede explicarse por proceder de los años jóvenes de su autor. Es también un poco más extenso -casi podría llamarse una novela corta- y los personajes están un poco más trabajados, aunque no deja de haber algún cabo suelto que nunca llega a atarse (el caso del tío Víctor, por ejemplo). Como en el caso del segundo relato, uno no sabe muy bien lo que pretende Mendoza; por un lado hay una sátira continua contra ciertas costumbres e hipocresías sociales, y por otra una pretensión de que el lector sienta lástima por esos personajes sufrientes que en el prólogo se presentan como 'santos'. Pero me parece que la fórmula solo resulta por momentos, pues al final esos personajes también aparecen más como fantoches o figuras de sainete que otra cosa.
Diferente, para bien, es el caso del tercer relato ("El malentendido"), que no deja de recurrir a esos momentos vaudevilescos pero cuyos dos personajes principales -el preso escritor y su profesora- protagonizan al final una historia que llega mejor al lector y que además es una acertada parábola del ejercicio de escribir. Este relato es lo mejor del libro, pero no estoy seguro de que llegue a compensar las medianías de los otros dos, aunque como ellos muestre también lo que más me ha gustado, que sería esa inserción de esos héroes-antihéroes en las pequeñas luchas de la vida, que parece llevarles de un lado a otro como a veces parece que pueden llevarnos a nosotros. Con los otros dos comparte también ese lenguaje suelto, rico y accesible que en general suele caracterizar todo lo de Mendoza.
También empiezo a notar cierta repetición argumentativa en todas las narraciones del barcelonés; esto en principio puede ser parte de sus técnicas y lícito como tal, pero me parece que un escritor de su talla debería mostrar más variedad. Y es que tanto en los relatos de Tres historias de santos como en Sin noticias de Gurb o en Riña de gatos los personajes centrales son siempre foráneos que llegan a un mundo nuevo en el que empiezan a vivir unas experiencias que no entienden y que quieren ejemplificar -me imagino- la desquiciada realidad en la que Mendoza cree que vivimos todos. Espero que mis próximas lecturas suyas me muestran cosas nuevas. (Y del prólogo mejor no hablar; su taxonomía de los santos y su explicación del género literario de la hagiografías causarán la sonrisa, la lástima o el sonrojo de cualquier conocedor de la literatura religiosa). (Eduardo Mendoza: Tres vidas de santos. Barcelona: Seix-Barral, 2009, 189 pp.).

El primero de los relatos, titulado "La ballena", es más bien desigual, lo que puede explicarse por proceder de los años jóvenes de su autor. Es también un poco más extenso -casi podría llamarse una novela corta- y los personajes están un poco más trabajados, aunque no deja de haber algún cabo suelto que nunca llega a atarse (el caso del tío Víctor, por ejemplo). Como en el caso del segundo relato, uno no sabe muy bien lo que pretende Mendoza; por un lado hay una sátira continua contra ciertas costumbres e hipocresías sociales, y por otra una pretensión de que el lector sienta lástima por esos personajes sufrientes que en el prólogo se presentan como 'santos'. Pero me parece que la fórmula solo resulta por momentos, pues al final esos personajes también aparecen más como fantoches o figuras de sainete que otra cosa.
Diferente, para bien, es el caso del tercer relato ("El malentendido"), que no deja de recurrir a esos momentos vaudevilescos pero cuyos dos personajes principales -el preso escritor y su profesora- protagonizan al final una historia que llega mejor al lector y que además es una acertada parábola del ejercicio de escribir. Este relato es lo mejor del libro, pero no estoy seguro de que llegue a compensar las medianías de los otros dos, aunque como ellos muestre también lo que más me ha gustado, que sería esa inserción de esos héroes-antihéroes en las pequeñas luchas de la vida, que parece llevarles de un lado a otro como a veces parece que pueden llevarnos a nosotros. Con los otros dos comparte también ese lenguaje suelto, rico y accesible que en general suele caracterizar todo lo de Mendoza.
También empiezo a notar cierta repetición argumentativa en todas las narraciones del barcelonés; esto en principio puede ser parte de sus técnicas y lícito como tal, pero me parece que un escritor de su talla debería mostrar más variedad. Y es que tanto en los relatos de Tres historias de santos como en Sin noticias de Gurb o en Riña de gatos los personajes centrales son siempre foráneos que llegan a un mundo nuevo en el que empiezan a vivir unas experiencias que no entienden y que quieren ejemplificar -me imagino- la desquiciada realidad en la que Mendoza cree que vivimos todos. Espero que mis próximas lecturas suyas me muestran cosas nuevas. (Y del prólogo mejor no hablar; su taxonomía de los santos y su explicación del género literario de la hagiografías causarán la sonrisa, la lástima o el sonrojo de cualquier conocedor de la literatura religiosa). (Eduardo Mendoza: Tres vidas de santos. Barcelona: Seix-Barral, 2009, 189 pp.).

sábado, 20 de octubre de 2012
Personas... y no personajes (José Jiménez Lozano: 'Antología de cuentos')
En la anterior entrada dedicada a Jiménez Lozano, subrayaba yo la variedad de temas, motivos y recursos que los caracterizaban los cuentos de El ajuar de mamá. Todo ello era me parecía un motivo de elogio para su autor, que mostraba una especie de inconformismo consigo mismo y con las posibilidades de la propia literatura. Al final acababa recomendándolo por parecerme un logro estético en una amplia variedad de direcciones narrativas.
De esta antología publicada por Cátedra tengo que decir algo semejante, aunque aquí esa variedad temática y ambiental es mucho más reducida . No sé si se debe a los gustos de la autora de la edición o a los libros de donde proceden esos cuentos, pero todos o prácticamente todos tienen que ver con ambientes rurales o marginados y con personas olvidadas o "secundarias" pero al mismo tiempo llenas de una vida de verdad. Son más personas que personajes y por ello sus historias tienen un calor humano evidente en casi todos los casos; en unos pocos la más extensa elaboración literaria hace que esas historias aparezcan como algo más libresco y alejado, aunque no menos intenso, como puede ser "El grano de maíz rojo". El lector que quiera disfrutar de estas narraciones ha de gustar de historias de la gente común, de la 'intrahistoria' de la que Miguel de Unamuno hablaba en abstracto y de la que aquí Jiménez Lozano ha hecho carne literaria.
El mismo lector ha de gustar de la oralidad de los relatos, es decir, de estar escuchando una narración más que leyéndola, aunque también esta claro que solo un gran escritor puede conseguir un efecto tan logrado como lo que vemos aquí. La mayoría son también historias como estampas, sin moralinas políticas o ideológicas, lo que que hace que los personajes lleguen más al fondo del lector pues esas historias son las que pueden haber protagonizado nuestros popios abuelos, nuestros padres, nosotros mismos o el propio autor. Escenas de la vida real y, de nuevo, de personas más que de personajes que casi nunca grandes tragedias o grandes aventuras y sí la vida de todos los días. De paso, el lector no dejará de sorprenderse del amplio y entrañable vocabulario que Jiménez Lozano, como en su tiempo Azorín, rescata de las arcas del olvido. Y para los más convencidos, la introducción, aunque un poco larga, conviene también ser leída, especialmente para entender la meritoria singularidad de Jiménez Lozano y el cómo el vivir al margen del mundillo literario no está reñido con el éxito ni con la verdadera calidad. (José Jiménez Lozano: Antología de cuentos. Ed. Amparo Medina Bocos. Madrid: Cátedra, 2005, 322 pp.).
De esta antología publicada por Cátedra tengo que decir algo semejante, aunque aquí esa variedad temática y ambiental es mucho más reducida . No sé si se debe a los gustos de la autora de la edición o a los libros de donde proceden esos cuentos, pero todos o prácticamente todos tienen que ver con ambientes rurales o marginados y con personas olvidadas o "secundarias" pero al mismo tiempo llenas de una vida de verdad. Son más personas que personajes y por ello sus historias tienen un calor humano evidente en casi todos los casos; en unos pocos la más extensa elaboración literaria hace que esas historias aparezcan como algo más libresco y alejado, aunque no menos intenso, como puede ser "El grano de maíz rojo". El lector que quiera disfrutar de estas narraciones ha de gustar de historias de la gente común, de la 'intrahistoria' de la que Miguel de Unamuno hablaba en abstracto y de la que aquí Jiménez Lozano ha hecho carne literaria.
El mismo lector ha de gustar de la oralidad de los relatos, es decir, de estar escuchando una narración más que leyéndola, aunque también esta claro que solo un gran escritor puede conseguir un efecto tan logrado como lo que vemos aquí. La mayoría son también historias como estampas, sin moralinas políticas o ideológicas, lo que que hace que los personajes lleguen más al fondo del lector pues esas historias son las que pueden haber protagonizado nuestros popios abuelos, nuestros padres, nosotros mismos o el propio autor. Escenas de la vida real y, de nuevo, de personas más que de personajes que casi nunca grandes tragedias o grandes aventuras y sí la vida de todos los días. De paso, el lector no dejará de sorprenderse del amplio y entrañable vocabulario que Jiménez Lozano, como en su tiempo Azorín, rescata de las arcas del olvido. Y para los más convencidos, la introducción, aunque un poco larga, conviene también ser leída, especialmente para entender la meritoria singularidad de Jiménez Lozano y el cómo el vivir al margen del mundillo literario no está reñido con el éxito ni con la verdadera calidad. (José Jiménez Lozano: Antología de cuentos. Ed. Amparo Medina Bocos. Madrid: Cátedra, 2005, 322 pp.).
jueves, 20 de octubre de 2011
Otro libro (mío) y un microrrelato especial
Para hoy tenía programada la reseña de La estrategia del agua, de Lorenzo Silva, pero hete aquí que me acaban de llegar los ejemplares de autor de mi nuevo libro y no tengo más remedio que dedicarle esta entrada. De él ya he hablado un poco en otras ocasiones, así que aquí no voy a aburriros más contándoos sus excelencias. Sólo me interesa recordar que esta antología incluye varios relatos que no han sido recogidos en recopilaciones similares y que en su conjunto son una muestra útil y entretenida de los primeros pasos de la literatura fantástica escrita en castellano. En ella encontraréis nigromantes, estatuas animadas, bilocaciones, muertes inexplicables, almas que transmigran, encuentros con el diablo, curanderos más sabios que los médicos…
La colección se acompaña de una introducción que explica algunas notas acerca de la literatura fantástica y de la revolución artística y mental que supuso el romanticismo, una revolución de la que seguimos y seguiremos alimentándonos por mucho tiempo.
La colección se acompaña de una introducción que explica algunas notas acerca de la literatura fantástica y de la revolución artística y mental que supuso el romanticismo, una revolución de la que seguimos y seguiremos alimentándonos por mucho tiempo.
El libro es de lectura obligatoria para 1) todo aficionado a la literatura fantástica, 2) todo lector que quiera saber algo más acerca de la revolución romántica, y 3) todo lector de este blog :-) Y una lectura casi necesaria para el resto del mundo.
Al final reproduzco el índice de la antología, y a continuación la narración titulada “Espiritismo”, de Juana Manuela Gorriti, por tratarse del microrrelato más antiguo escrito en castellano que conozco hasta ahora (Por ejemplo, no lo recogen antologías de referencia del género, como son La mano de la hormiga y La otra mirada). Mi libro lo han reseñado aquí y puede comprarse aquí.
Juana Manuela Gorriti: “Espiritismo” (1878)
Una pobre costurerita de la calle de Santa-Fe, salió una noche de su casa, entre once y doce para esperezar el cuerpo y un poco de aire puro a sus pulmones rendidos por el trabajo.
La calle estaba desierta y la muchacha iba a retirarse, cuando vio pasar delante de ella un joven, casi un niño, que deteniéndose a pocos pasos, púsose a tocar una flauta dulcísima que cautivó su oído, fijándola inmóvil con un pie en el umbral de la puerta, y el otro en la vereda.
El joven se alejó hacia afuera, tañendo siempre el melodioso instrumento; y la muchacha quedóse escuchándolo, en un extraño arrobamiento.
De repente creyó ver que las casas se movían y caminaban, dirigiéndose al interior; y tras de ellas, la campiña que cual una marea, invadió la ciudad.
Y escuchaba siempre la flauta de dulce voz que tañía alejándose...
...Los rayos de sol cayendo perpendiculares sobre su cabeza, despertaron a la joven costurera, que se encontró vagando en un campo desierto, roto el calzado y los vestidos mojados con el rocío de la noche.
Unos pastores vascos que acertaron a pasar por allí, dijéronla que se hallaba una legua mas allá de Saavedra
Eran las doce del día. ¿Qué había sido de ella en ese espacio de doce horas, del que no tenía conciencia alguna?
¡Misterio!
Índice:
Anónimo: La visita al Nigromante.
Gertrudis Gómez de Avellaneda: La ondina del lago azul: Recuerdo de mi última excursión por los Pirineos.
Juana Manuela Gorriti: Coincidencias, Espiritismo.
Juan Vicente Camacho: La estatua de bronce.
José María Roa Bárcena: El hombre del caballo rucio, Lanchitas.
Lucio V. Mansilla: Alucinación.
Juan Montalvo: Gaspar Blondín, Las ruinas.
Vicente Riva Palacio: El matrimonio desigual.
Ignacio M. Altamirano: Las tres flores.
Eduardo Blanco: El número 111: Aventura de una noche de ópera.
Eduardo Blanco: El número 111: Aventura de una noche de ópera.
Temístocles Avella Mendoza: El valle del diablo o la conseja de Diego Almonte.
Enrique del Solar: Don Lorenzo de Moraga, el emplazado.
Eduardo Wilde: Alma callejera.
Julio Lucas Jaimes: Donde se prueba cómo el diablo es un eximio arquitecto.
Carlos Martínez Silva: El baile de las sombras.
Justo Sierra: La fiebre amarilla, La sirena.
Miguel Cané: El canto de la sirena.
Eduardo Ladislao Holmberg: El ruiseñor y el artista, Nunca se supo.
Clorinda Matto de Turner: Tambo de Montero.
Francisco Tosta García: La esquina del muerto.
José María Barrios de los Ríos: El buque negro.
Javier de Viana: La vencedura.
José María Martínez (ed.): Cuentos fantásticos del romanticismo hispanoamericano. Madrid: Cátedra, 2011, 347 pp.
sábado, 23 de julio de 2011
Pobre corazón (Rosa Regas)
Me imagino que el lector de esta colección de relatos acabará más o menos satisfecho de su lectura en función del matiz que dé al título del libro. Si lo entiende en plan irónico, como creo que es la intención de la autora, el libro puede perder su carga trágica y hasta convertirse en algo divertido. Sin embargo, si lo entiende como algo simbólico y universal, el conjunto se convierte en una visión más bien pesimista del amor humano, pero no tanto por las maldades o miserias personales, sino por el peso del destino, lo cual hace de esta colección una buena versión posmoderna del amor trágico del Romanticismo.
En este sentido Pobre corazón no es un tan negativo como Mi hermano Salvador y otras mentiras, de Carmen Posadas, que comenté en una entrada anterior. Aquí los personajes realmente se ilusionan con sus amores reales o platónicos, aunque luego al final, por una razón o por otra, esa ilusión se venga siempre abajo. Y esto quizá es lo que puede resultar un poco cansado para el lector, es decir, que prácticamente todos los cuentos tengan siempre un mismo esquema, es decir, que esos personajes bien individualizados y a menudo entrañables al final se inscriban en un único modelo esquema narrativo. Este esquema sería el siguiente: 1) encuentro ilusionado y un poco ingenuo pero feliz con el amor, 2) momento de crisis, y 3) momento de desengaño, sin redención posible. El ambiguo título de uno de los cuentos, “Los funerales de la esperanza”, puede resumir muy bien también ese doble sentido que puede darse al título general del libro.
En este sentido Pobre corazón no es un tan negativo como Mi hermano Salvador y otras mentiras, de Carmen Posadas, que comenté en una entrada anterior. Aquí los personajes realmente se ilusionan con sus amores reales o platónicos, aunque luego al final, por una razón o por otra, esa ilusión se venga siempre abajo. Y esto quizá es lo que puede resultar un poco cansado para el lector, es decir, que prácticamente todos los cuentos tengan siempre un mismo esquema, es decir, que esos personajes bien individualizados y a menudo entrañables al final se inscriban en un único modelo esquema narrativo. Este esquema sería el siguiente: 1) encuentro ilusionado y un poco ingenuo pero feliz con el amor, 2) momento de crisis, y 3) momento de desengaño, sin redención posible. El ambiguo título de uno de los cuentos, “Los funerales de la esperanza”, puede resumir muy bien también ese doble sentido que puede darse al título general del libro.
En general cada relato tiene vida propia y originalidad, aunque también es cierto que en varios de ellos pesan algunos tópicos que, por otra parte, no siempre son fáciles de evitar en un tema como este. Es lo que creo que ocurre con el triángulo de “La farra”, la ambientación del amor humano en escenarios religiosos (algo muy frecuente en la literatura del decadentismo), el cura acartonado de “La nevada” o los amores literarios y epistolares de “La inspiración y el estilo”. Pero también creo que en este caso es mejor reconocer que en su individualidad cada cuento está realmente logrado y llega a ser conmovedor y merecedor de una segunda lectura. Esa mezcla de ilusión y sufrimiento de los principales personajes llegan fácilmente al lector porque en general la autora huye de extremos y truculencias innecesarias, haciendo que se mantenga la verosimilitud de cada historia y la posibilidad real de cada protagonista. Es muy difícil, por ejemplo, no compadecerse del frustrado protagonista de “La farra”, de las víctimas de “Más allá del limite", tan rodeadas de vacío...
El lenguaje y el estilo se notan que están trabajados y modelados con unos leves tonos poéticos que van muy bien con las anécdotas relatadas. Un estilo con peso propio donde las palabras parecen brotar naturalmente sin preciosismos ni alardes estilísticos forzados, y que es a la vez cuidado y posee un lirismo contenido que da a las historias el vuelo poético justo, sin convertirlas en cuentos propiamente líricos pero también sin perder el contacto con la historia. Igualmente, se alterna el uso de diferentes perspectivas narrativas (monólogos, tercera persona, etc.) de la forma más natural y conveniente para cada relato. Como reparo menor pueden señalarse los diversos errores o erratas de las expresiones latinas de “Introibo ad altare” (escrito a veces “Introbio at”, etc.).
En resumen, Pobre corazón resulta un grupo de cuentos que leído en su conjunto puede sentirse un poco monótono, pero que a la vez, considerados aisladamente y con la excepción de algunos tópicos quizá inevitables, no dejan de conmover y ser singulares. Además está escrito con personalidad, exigencia y acierto. Una buena versión moderna de la tradición trágica del amor romántico pero que por desgracia, como este, parece no encontrar una salida a la fatalidad del destino. Lo incluyo en mi lista de recomendados con las prevenciones señaladas. Mi reseña de Mi hermano Salvador y otras mentiras, de Carmen Posadas, aquí. (Rosa Regas: Pobre corazón. Barcelona : Destino, 1996, 240 pp.).
jueves, 30 de junio de 2011
Mi hermano Salvador y otras mentiras (Carmen Posadas)
Después de leer esta colección de cuentos me he quedado con una sensación más bien agridulce. Positiva me parece la variedad de ambientes que se recrean en el libro, todos ellos con autonomía propia, que muestran la facilidad de su autora para moverse de unos mundos a otros, y de fabricar también una variopinta galería de personajes. Igualmente su lenguaje y estilo no pueden calificarse de sobresalientes pero tampoco se quedan en la mediocridad. Se notan algunas frases hechas o algunos rebuscamientos innecesarios, pero en general es a la vez asequible y deja ver el esfuerzo por ser cuidado y evitar el tópico. Se agradecen también las variedad de voces narrativas, que incluyen perspectivas objetivas, irónicas, cartas, narraciones en primera o tercera persona, etc. En este caso esa variedad no implica complicación ni oscuridades innecesarias, y prácticamente todos los relatos son fáciles de seguir.
Menos me han convencido las historias y argumentos en sí. Algunas veces por tratarse de temas y motivos de los que nuestra literatura empieza a estar saciada o porque, a la vez, solo parecen perseguir la truculencia por la truculencia, cayendo también en la inverosimilitud, como creo que es el caso de “Las bodas de Margarita”. Otras veces por moverse dentro del tópico y no llegar a la singularidad, como ocurriría en “Danza”. Por el contrario, en otras ocasiones se les quiere dar tanta individualidad que llegan a parecerme más bien inviables (“La moral del esnob”), o a proponer una moraleja un tanto tópica o vacía, ya repetida demasiadas veces en la cuentística moderna (“El Club de los Millonarios Aburridos”). En otros el final es demasiado previsible, sobre todo si el lector está familiarizado con el subgénero al que pertenece cada pieza. Es lo que creo que pasa con “El hombre de mi vida” o “La manzana podrida”. Y no es que Mi hermano Salvador… no contenga algunos finales logrados, pero creo que la mayoría de ellos son obvios y aguan un poco las expectativas que se ha podido ir creando la intriga a lo largo de la narración. La conclusión del cuento que da título al libro -el que más me ha gustado- es una de las agradables excepciones a esa regla.
En otras palabras, creo que la actitud ante este libro va a depender mucho de la familiaridad y conocimiento que cada lector tenga con el género del cuento moderno. Para quienes no hayan leído muchos libros de este tipo, Mi hermano Salvador… puede resultar una colección original, atractiva y de fácil lectura. Pero para quienes sean aficionados al género y conocedores del cuento moderno, me temo que van a acabar su lectura con un tono de decepción, pues no creo que encuentren muchas aportaciones originales en él, a no ser esa facilidad para saltar de un ambiente a otro o de unos personajes a otros.
De todas formas más negativo que lo anterior me ha parecido el panorama humano que presenta Posadas en este volumen. La mayoría de los cuentos están unidos por el motivo del amor o de las relaciones familiares, pero un amor o unas relaciones que no funcionan, protagonizadas por unos personajes esquizofrénicos, ególatras, frustrados o ensimismados. Demasiados antihéroes y demasiados fracasos para mi gusto. Para Posadas parece que el mundo simplemente no tiene solución y además es ya algo final, sin remedio y sin posibles salvadores (de ahí la amargura irónica del título del libro). No sé si la autora ha querido hacer con ello un retrato de la vida social moderna; si es así lo ha conseguido en parte, pero también ha olvidado la posibilidad de la normalidad y, sobre todo, la capacidad redentora y elevadora del amor, algo que nos recordaba Manuel Rivas en su libro de cuentos reseñado en este blog. El cual es un buen antídoto si el lector decide leer el libro de Posadas. La reseña del libro de Manuel Rivas aquí. (Carmen Posadas: Mi hermano Salvador y otras mentiras: Barcelona: Seix- Barral, 1990, 136 pp.).
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