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martes, 20 de agosto de 2013

Unai Elorriaga: Londres es de cartón

Tenía ganas de leer este libro, sobre todo para comprobar la trayectoria de su autor, que tan buen gusto me dejó con su anterior “trilogía”. Y aunque en esta novela hay algunas cosas que me siguen pareciendo interesantes, en su conjunto creo que cabría haber escrito algo mejor. Me sigo quedando (y sigo recomendando) con Un tranvía en SP, El pelo de  Van´t Hoff,  y Vredaman. 

     Londres es de cartón me parece un intento de escribir un mundo diferente al de las de las tres novelas anteriores, vertebradas por un tono de sencillez e inocencia emocional y por un estilo innovador y original que en ese caso no equivalía a complicación.  El único problema era, quizá, que al final ese estilo sonaba un poco repetitivo y como sin salida. En Londres es de cartón  se han depurado algunos de esos excesos y se ha conseguido una narración también fácil de leer y que a la vez ha sabido conservar  lo mejor del estilo anterior. También  el autor ha conseguido  mantener el mismo tono narrativo a lo largo de toda esta novela, en el sentido de haber sabido manejar los recursos que hacen que la lectura avance al ritmo apropiado, sin apresuramientos pero también sin demoras. Igualmente se transpira esa simpatía y especie de cariño con que Elorriaga sabe tratar a sus criaturas, huyendo en general de excesos emocionales o morbosos, y procurando finales que no sean desesperanzados. También puede gustar –y llegar a cansar, depende– esas alusiones, citas y homenajes a escritores  con que introduce  los diversos capítulos de la novela,  o que aparecen como fundamento o fondo de contraste de la misma (la segunda parte, por ejemplo,  no puede dejar de recordar a las novelas de Agatha Christie).

Agatha Christie, que sin duda es una referencias 
para el final de la novela de Elorriaga (Traduzco la cita: 
"el marido ideal para una mujer es el arquéologo, 
cuanto más vieja se vuelve ella, más interés
despierta en él")

lunes, 10 de mayo de 2010

Londres es de cartón (Unai Elorriaga)


No he leído todavía la última novela de Unai Elorriaga, que me dejó con muy buen sabor de boca con sus primeros libros, como explico en la otra entrada suya de este blog. Por ahora copio el párrafo final de la reseña -no muy positiva- que le ha dedicado El Cultural (23 abril, 2010). Por mi parte, espero poder leerla pronto:
"En Londres es de cartón hay que separar muy bien intenciones y acierto. Al autor le mueve la loable denuncia del sojuzgamiento humano, pero no atina en la materialización. El enfoque basado en una mezcla de ingenuismo simplista y de absurdo se queda muy corto para revelar con verdad y densidad el terror. Por otra parte, la alegoría tiene sus exigencias de verosimilitud, las cuales se vienen abajo si al lado de unos "carboneros" (poco afortunada figura que encarna a los dictadores y a la policía política) se ponen nombres concretos de asesinos, por muy sanguinarios que sean (Videla, Menguele, Pol Pot). Además, el autor cae en la inexplicable solución de que la chica no sea una desaparecida, con lo cual toda la trama que había sostenido las expectativas del lector se viene abajo en una obra ya de por sí con tan pocos alicientes. Creo que a Elorriaga le ha superado el tema. La dictadura de su novela es de cartón piedra, una construcción abstracta. Los personajes no interesan lo más mínimo, carentes como están de ese misterio que rodea a los de, por ejemplo, Samuel Beckett, con quienes podrían tener algo que ver. La anécdota no existe. El terrible asunto no emociona. Sí tiene el autor preo-cupaciones formales y estilísticas -y esta inquietud es lo más valioso del libro-, pero su estilo de oraciones simples carece del suficiente empaque para la envergadura del empeño. Los nobles propósitos son superiores a los logros." (Unai Elorriaga: Londres es de cartón. Madrid: Alfaguara, 2010).

sábado, 8 de mayo de 2010

Un tranvía en SP; El pelo de de Van't Hoff; Vredaman (Unai Elorriaga)


Vistas en su conjunto forman una especie de trilogía de lectura obligatoria por su innovación lingüística, la originalidad de sus argumentos e imágenes, la forma de entrelazar las diferentes historias y esa constante pero agradable obligación que el lector tiene de estar interviniendo en la construcción de las frases y de contarse a sí mismo la historia. En la revista Hipertexto publiqué junto a un amigo una entrevista con Unai en la que tratábamos de desmenuzar los particulares de estas tres novelas. Acaba de salir al mercado la novela que prometía en esa entrevista, que todavía no he leído. Confío que tenga la fortuna de evitar los escollos que mencionábamos entonces, principalmente la repetición de un estilo puede llegar al anquilosamiento y a opacar la capacidad imaginativa Elorriaga. Libros no estudiados todavía con mis alumnos, que creo que disfrutarán con los argumentos pero tendrán sus más y sus menos con el lenguaje. (Unai Elorriaga: Un tranvía en SP; El pelo de de Van't Hoff; Vredaman. Madrid: Alfaguara, 2003, 2004, 2006; Premio Nacional de Narrativa 2002). 

     


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