Tenía ganas de leer este libro, sobre todo para comprobar la trayectoria de su autor, que tan buen gusto me dejó con su anterior “trilogía”. Y aunque en esta novela hay algunas cosas que me siguen pareciendo interesantes, en su conjunto creo que cabría haber escrito algo mejor. Me sigo quedando (y sigo recomendando) con Un tranvía en SP, El pelo de Van´t Hoff, y Vredaman.
Londres es de cartón me parece un intento de escribir un mundo diferente al de las de las tres novelas anteriores, vertebradas por un tono de sencillez e inocencia emocional y por un estilo innovador y original que en ese caso no equivalía a complicación. El único problema era, quizá, que al final ese estilo sonaba un poco repetitivo y como sin salida. En Londres es de cartón se han depurado algunos de esos excesos y se ha conseguido una narración también fácil de leer y que a la vez ha sabido conservar lo mejor del estilo anterior. También el autor ha conseguido mantener el mismo tono narrativo a lo largo de toda esta novela, en el sentido de haber sabido manejar los recursos que hacen que la lectura avance al ritmo apropiado, sin apresuramientos pero también sin demoras. Igualmente se transpira esa simpatía y especie de cariño con que Elorriaga sabe tratar a sus criaturas, huyendo en general de excesos emocionales o morbosos, y procurando finales que no sean desesperanzados. También puede gustar –y llegar a cansar, depende– esas alusiones, citas y homenajes a escritores con que introduce los diversos capítulos de la novela, o que aparecen como fundamento o fondo de contraste de la misma (la segunda parte, por ejemplo, no puede dejar de recordar a las novelas de Agatha Christie).






