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martes, 1 de septiembre de 2015

Soledad Puértolas: 'El bandido doblemente armado'

Esta es la segunda novela que leo de Soledad Puértolas, después de La rosa de plata, que ya comenté en el blog. Quizá porque las dos se traten de relatos que no pretenden ser  especialmente ambiciosos, hasta ahora no puedo decir que mi opinión sobre su autora corresponda con el prestigio que le confieren otros críticos y algunos medios periodísticos y culturales, o el hecho de que sea miembro de la RAE.

     Si en La rosa de plata me parecía ver una narración original pero desigual, aquí me ocurre algo parecido, aunque los méritos y deméritos son un poco distintos. En El bandido doblemente armado he encontrado un  tono narrativo bien mantenido y uniforme, propio de los escritores que trabajan bien sus textos, que los leen y releen hasta eliminar todo tipo de disonancias y asperezas. En este sentido es una novela compacta y sólida. Lo mismo he de decir del final de la historia. Con el encuentro del narrador con “Dicky” y la recapitulación sobre las trayectorias y destinos de los miembros de la familia Lennox, todos los cabos que habían ido quedando sueltos a lo largo de la narración quedan cerrados de forma verosímil y convincente, con conclusiones más o menos felices  (como la vida misma), y redimiendo en parte la desesperanza y el nihilismo que había dominado en todas las historias particulares de los capítulos previos. 

       Mi prevención principal tiene que ver precisamente con esos capítulos previos. Si la novela se entiende como una novela de ambiente –y creo que esta es la línea que le ha querido dar la autora– el sentido de intriga queda relegado a los márgenes y el argumento se resuelve en una sucesión de escenas más o menos autónomas y que tienden a cargarse de intensidad emocional. Desde este punto de vista, El bandido... es una novela conseguida, por ir a lo esencial y eliminar detalles innecesarios, y por mostrar sobre todo, al modo de la nivolas de Unamuno, los conflictos más esenciales de sus personajes, que sí se dan suficientemente individualizados y con vida propia, muy lejos de estereotipos y acartonamientos. Y quizá este sea el mayor logro de la autora. 


A pesar de sus méritos, así de desorientado puede sentirse 
a menudo el lector de El bandido doblemente armado
          Sin embargo, al leer esos capítulos uno también tiene la impresión de que esa falta de intriga es a veces excesiva y que el lector va a preguntarse demasiadas veces a dónde está llevando la autora su historia, sus personajes y al propio lector. Como he dicho, todo eso queda resuelto en el capítulo final, pero en los anteriores ese extenso sentido de desorientación puede desanimar a más de uno. Si a esto unimos que el tono comedido de la voz narrativa reduce a menudo la intensa carga emocional que podrían haber adquirido varias de escenas, y que el lenguaje mismo, aunque trabajado y competente, no llega a las alturas líricas que suelen ser normales en las buenas novelas de ambiente, el resultado final no creo que sea el propio de una novela de primera línea.

      En pocas palabras, El bandido doblemente armado puede considerarse una novela breve digna pero no sobresaliente. Y, sinceramente, espero que tenga que  cambiar mi opinión acerca de Puértolas cuando lea alguna novela suya de vuelos o ambiciones más altas. (Soledad Puértolas: El bandido doblemente armado. Barcelona: Anagrama, 1989, 138 pp.).

domingo, 18 de julio de 2010

Arturo ama a Ginebra, y Ginebra ama a Arturo

En la reseña de La rosa de plata, de Soledad Puértolas (16 de julio), decía que el triángulo amoroso formado por el rey Arturo, por su mujer, la reina Ginebra,  y por Lanzarote, uno de los caballeros de la Mesa Redonda, se solucionaba de una forma original y nada tópica, o sea, saliéndose de los guiones de Hollywood. Cito del libro, primero las palabras de Arturo: "¡Pobre Ginebra! La amo ahora, Merlín, mucho más de lo que la he amado nunca y haré todo lo que sea posible para aliviar su sufrimiento. No soporto su dolor. Ahora veo que tengo que sacarla de la cartuja y llevármela a Camelot, que es su casa, y que mi destino es hacerla feliz, porque ya no me importan nada los asuntos del reino ni los de la Tabla Redonda"

Y ahora las de Ginebra: "Mi amor por el rey es profundísimo. Desde pequeña he soñado con él. Ha sido mi héroe y el de mi familia ... Los primeros años de mi matrimonio fueron de una felicidad tal que no soy capaz de describirla. La inteligencia y capacidad de gobierno del rey están fuera de toda duda, pero nunca hubiera imaginado yo que debajo de eso habitara un corazón tan sensible y delicado. Fue una fatalidad que apareciese Lanzarote del Lago en el momento en el que el rey se mostraba un poco distante conmigo, ocupado en campañas pacificadoras... Hay damas frívolas y superficiales que mantienen varios amores a la vez ... pero creo que es porque ellas no se han topado con un caballero como el mío, un caballero de la cabeza a los pies, con las manos dispuestas a la lucha y a la acción, el espíritu lleno de nobleza y valor y el corazón rebosante. Este es mi drama, querer amarlos a los dos y saber, en el fondo, que lo que le doy a uno se lo quito al otro ... A veces imagino que lo dejo y que me voy con Lanzarote del Lago a un país lejano. ¿Cuánto duraría la pasión? Quizá al cabo de los años, Lanzarote se pareciera al rey como es ahora mismo, quizá se volviera distante y melancólico. A lo mejor me falta fe. A lo mejor es que ya he vivido lo que tenía que vivir."

viernes, 16 de julio de 2010

La rosa de plata (Soledad Puértolas)

Esta novela podría incluirse en la categoría de  los 'crossover books', es decir, de esas obras que pueden llegar de forma fácil a públicos de diversas edades por estar escritos en un lenguaje accesible y por narrar historias con las que esos lectores pueden identificarse con relativa facilidad. En este sentido, la portada del libro puede despistar un poco. En este caso se trata de una libre y amena mezcla y recreación de la leyenda del rey Arturo y de los cuentos de hadas, con personajes como Ginebra, Merlín, Lancelote, Morgana, y una serie de doncellas prisioneras o encantadas a las que otra serie paralela de caballeros andantes han de liberar de su estado.

     El desarrollo del argumento está bastante bien resuelto, pues combina una repetición cíclica en la que la liberación de todas las doncellas siguen más o menos el mismo esquema, pero también deja suficiente espacio para que cada una de esos episodios tenga elementos propios y originales que eviten la monotonía final y, sobre todo, que permitan moverse a los personajes como personas vivas, muy lejos de los estereotipos de otras narraciones parecidas.  En este sentido llaman la atención  los casos de Morgana, que al final no es la 'bruja-mala-malísima' que parecía anunciarse al comienzo, y la relación amorosa entre Merlín y Ginebra, nada fácil a causa de la presencia de Lanzarote, pero también resuelta de forma original y nada tópica.

      La única pega que se me ocurre tiene que ver con el lenguaje. No he leído más obras de la autora, y no puedo establecer comparaciones en este sentido, pero a veces da la impresión de que ese lenguaje necesita un poco más de pulimiento, de ser 'demasiado accesible', de estar escrito demasiado rápido o como por encargo. Esto hace que la lectura sea muy fácil, por supuesto, pero también que el estilo no se disfrute tanto como la historia. (Soledad Puértolas:
La rosa de plata. Madrid: Espasa, 1999, 261 pp.).

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