miércoles, 10 de octubre de 2012

Libros de amigos/as: 'Sonetos completos' de Rubén Darío (Ed. Ricardo Llopesa)

Una selección de poesía que hacía falta. A pesar de las innumerables antologías existentes de Rubén Darío, aquí por primera vez se publican  "los sonetos completos del poeta -un total de ciento cuarenta y dos-, que constituyen  un abanico de metros y rimas precursores de la renovación métrica en español. Esta edición ha estado al cuidado de Ricardo Llopesa, uno de los especialistas de mayor prestigio en la investigación de la obra de Rubén Darío y el Modernismo". Ricardo Llopesa es también el editor de las Poesías inéditas de Darío (Visor, 1988), miembro correspondiente  de la Academia Nicaragüense de la Lengua y presidente del Instituto de Estudios Modernistas, en Valencia.
      Alguien ha dicho que un buen poeta no lo es hasta que demuestra que puede escribir un buen soneto. Por si quedaba alguna duda, aquí hay casi ciento cincuenta razones para mostrar que Rubén Darío es uno de los mayores poetas de la literatura escrita en castellano. Para quien no conozca ninguno transcribo el titulado "Melancolía", de su libro Cantos de vida y esperanza, un soneto que se aparta un poco del modelo clásico, pero que es también uno de los más intensos y personales de toda su obra. El poema iba dedicado a Domíngo Bolívar, un pintor colombiano amigo de Darío muerto poco antes de la redacción del soneto; por eso el primer verso se ha interpretado como una petición del autor para que su amigo le revele lo que existe más allá de la muerte, algo que a Darío le provocaba a menudo incertidumbre y angustia (Rubén Darío: Sonetos completos. Madrid: Visor, 2010, 224 pp.). Un libro imprescindible, en cualquier biblioteca.


Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas,
ciego de ensueño y loco de armonía.

Ese es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas cruentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.

Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
a veces me parece que el camino es muy largo,
y a veces que es muy corto...

Y en este titubeo de aliento y agonía,
cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?
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