Y ahora, para compensar un poco lo que he dicho en las dos entradas anteriores acerca de 'Dublinesca', recupero una de las citas más interesantes de todo el libro, por reivindicar la figura del lector activo e inteligente.
El protagonista, Riba, "se considera tan lector como editor. Le retiró de la edición básicamente la salud, pero le parece que en parte también el becerro de oro de la novela gótica, que forjó la estúpida leyenda del lector pasivo. Sueña con un día en el que la caída del hechizo del betseller dé paso a la reaparición del lector con talento y se replanteen los términos del contrato moreal entre autor y público. Sueña con un día en el que puedan respirar de nuevo los editores literarios, aquellos que se desviven por un lector activo, por un lector lo suficientemente abierto como para comprar un libro y permitir en su mente el dibujo de una conciencia radicalmente diferente a la suya propia. Cree que si se exige talento a un editor literario o a un escritor, debe exigírsele también al lector. Porque no hay que engañarse: el viaje de la lectura pasa mucha veces por terrenos difíciles que exigen capacidad de emoción inteligente, deseos de comprender al otro y de acercarse a un lenguaje distinto al de nuestras tiranías cotidianas" (pp. 62-63).
Y aquí la foto de un precoz lector activo e inteligente. Aviso que no es una foto ególatra, a pesar de que sea la misma que misma que suelo emplear como avatar. Es sencillamente la foto que más me ha gustado de todas las proporcionadas por Google al buscar la imagen 'reading' (por cierto, cuando uno busca imágenes en inglés en Google, los resultados suelen ser más precisos y de mejor calidad).
Comentarios y reseñas sobre la novela española contemporánea (y algunas cosillas más:-)
martes, 30 de abril de 2013
sábado, 20 de abril de 2013
Personajes de papel: ‘Dublinesca’, de Enrique Vila-Matas
Aunque París no se acaba nunca, mi previa lectura de Vila-Matas, me dejó al final un buen sabor de boca, quizá por ser hasta entonces prácticamente mi única lectura suya, Dublinesca ha sido, al final, una decepción. Y no es porque no me guste lo metaliterario o porque no reconozca en el libro algunos momentos logrados, sobre todo en el nivel de estilo, sino porque todo suena a ya visto, a ya repetido.
A Vila-Matas le honra la intención de abrir y buscar caminos literarios nuevos, que huyan del realismo y de la prioridad de la anécdota, pero aquí el resultado ha sido bastante mediocre. No veo en Dublinesca nada que no haya visto en la novela anterior y lo que creo que pretende pasar por aportaciones nuevas, como esa disposición de algunos capítulos en formato teatral o telegráfico, puede sonar a innovador si lo contrastamos con la novela más comercial, pero no va a decir nada nuevo a los escritores más sofisticados del campo, y, mucho menos todavía, a la novela experimental en su conjunto.
Los recursos que pudieron ser nuevos en su momento pero que aquí suenan a manidos son, por ejemplo, esa alusión continua al mundo del cine y la literatura, a sus productores, protagonistas y consumidores; esa aparición de los medios de comunicación o generadores de información más recientes, como Google y otros; esa selección de alguien del mundo del libro –en este caso el editor Riba- como protagonista de una acción y de unas digresiones que se mueven principalmente en torno a esos ámbitos y que van sucediéndose unas a otras a veces con lógica causal pero otras veces dando la impresión de simple relleno o acción verborreica. Y reconozco que algunas de esas digresiones son temática y estilísticamente brillantes, pero al final son las menos y acaban dando una impresión de laberinto inacabable.
La anécdota principal no deja de tener su consistencia e interés humano y creo que en manos de otro novelista o del mismo Vila-Matas pero liberada de gran parte de ese lastre libresco habría ganado mucho más y habría dado lugar a una novela que fuera también el homenaje a James Joyce que persigue aquí el autor. Y eso sin necesidad además de haber cambiado esa serie de personajes tanto reales como pertenecientes al mundo de la cultura. Aunque, lamentablemente, me temo que habría seguido siendo tan pesimista y desesperanzada como ésta. (Enrique Vila-Matas: Dublinesca. Barcelona: Debolsillo, 2011, 284 pp.).
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A Vila-Matas le honra la intención de abrir y buscar caminos literarios nuevos, que huyan del realismo y de la prioridad de la anécdota, pero aquí el resultado ha sido bastante mediocre. No veo en Dublinesca nada que no haya visto en la novela anterior y lo que creo que pretende pasar por aportaciones nuevas, como esa disposición de algunos capítulos en formato teatral o telegráfico, puede sonar a innovador si lo contrastamos con la novela más comercial, pero no va a decir nada nuevo a los escritores más sofisticados del campo, y, mucho menos todavía, a la novela experimental en su conjunto.
Los recursos que pudieron ser nuevos en su momento pero que aquí suenan a manidos son, por ejemplo, esa alusión continua al mundo del cine y la literatura, a sus productores, protagonistas y consumidores; esa aparición de los medios de comunicación o generadores de información más recientes, como Google y otros; esa selección de alguien del mundo del libro –en este caso el editor Riba- como protagonista de una acción y de unas digresiones que se mueven principalmente en torno a esos ámbitos y que van sucediéndose unas a otras a veces con lógica causal pero otras veces dando la impresión de simple relleno o acción verborreica. Y reconozco que algunas de esas digresiones son temática y estilísticamente brillantes, pero al final son las menos y acaban dando una impresión de laberinto inacabable.
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A pesar de sus méritos, Dublinesca es sobre todo y ante todo un mundo de papel |
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PD. Por medio de un comentario anónimo y un poco insultante en mi entrada anterior (por eso no lo he publicado), he sabido de que esta novela ha sido elegida por The Guardian como una de las seis finalistas del Independent Foreign Fiction Price. Después de leer la noticia y la reseña de Alberto Manguel enlazada a la misma, mi opinión acerca de la novela sigue siendo la misma. En cuanto a su selección por The Guardian queda claro que lo que han elegido es la traducción, no el original, lo cual no es exactamente lo mismo, como también digo en los comentarios a la entrada anterior. Además, todos sabemos que eso de los premios es demasiado relativo. Sólo hay que pensar en Echegaray, uno de nuestros Nobel..., a quien muy pocos hoy recuerdan y a quien creo que casi nadie lee.
miércoles, 10 de abril de 2013
Los ripios de Eduardo Mendoza, Enrique Vila-Matas y Ramón de Campoamor
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Ramón de Campoamor (1817-1901), el poeta ripioso por excelencia |
Dublinesca: "donde Monica Vitti interpretaba a un personaje de perfil errante (...) una mujer perdida en un paisaje industrial hermético en el que la calma de las apariencias no neutralizaba su incapacidad de establecer una comuncación adecuada con lo que la rodeaba. Ese naufragio permanente (...) la abocaba a convertirse en un ser temeroso que, incapaz de afrontar una realidad que escapaba totalmente a su comprensión, avanzaba por espacios vacíos, por un desierto metafísico" (p. 39)
Riña de gatos: “Anthony Whitelands se sorprendió al encontrarse en un lugar conocido (…) apenas si se enteraba. Sabía que se enfrentaba a un dilema moral, pero estaba tan aturdido que no atinaba siquiera a discernir cuál era. Mientras se abría paso entre la multitud se preguntaba por la razón de que le hubieran detenido de un modo tan caprichoso” (p. 131).
Ramón de Campoamor: "El busto de nieve":
De amor tentado un penitente un día
con nieve un busto de mujer formaba,
y el cuerpo al busto con furor juntaba,
templando el fuego que en su pecho ardía.
Cuanto más con el busto el cuerpo unía,
más la nieve con fuego se mezclaba,
y de aquel santo el corazón se helaba,
y el busto de mujer se deshacía.
En tus luchas ¡oh amor de quien reniego!
siempre se une el invierno y el estío,
y si uno ama sin fe, quiere otro ciego.
Así te pasa a ti, corazón mío,
que uniendo ella su nieve con tu fuego,
por matar de calor, mueres de frío.
Al leer todos estos ejemplos, me han recordado a estos otros dos, reales o virtuales como la vida misma, el primero sacado de una página de internet y el segundo de una castiza tienda de barrio:
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